Durante quince años, la demanda por electricidad del mundo desarrollado fue casi plana. La eficiencia compensaba el crecimiento, y los centros de datos —pese al avance digital— pasaban desapercibidos. Ese ciclo terminó en 2022, cuando ChatGPT inauguró una carrera de inversión sin precedentes en infraestructura de inteligencia artificial. Hoy los centros de datos consumen 415 TWh anuales, el 1,5% de la electricidad mundial. Su crecimiento es del 12% anual, más de cuatro veces el ritmo del resto de la demanda.
La Agencia Internacional de Energía proyecta que ese consumo se duplicará hacia 2030, alcanzando 945 TWh. Estados Unidos y China concentrarán el 80% del aumento. En 2030, los centros de datos estadounidenses consumirán más electricidad que toda la fabricación pesada combinada del país. BloombergNEF estira el horizonte: 3.700 TWh hacia 2050, casi nueve veces el nivel actual.
Consumo intensivo
El problema no es solo la magnitud, sino la geografía. Un campus de hiperescala demanda 100 megavatios o más, equivalente al consumo de cien mil hogares concentrados en una sola locación. Esa densidad colapsa redes locales que fueron diseñadas para otra época. En Estados Unidos los precios residenciales subieron 25% entre 2020 y 2024, y el debate político gira hoy en torno a cómo evitar que los hogares subsidien la infraestructura de las grandes tecnológicas.
Sudamérica entró en esta historia con dos rostros. Brasil capitalizó sus ventajas: matriz 90% renovable, electricidad barata, capacidad ociosa en el sistema. Acumula anuncios de inversión por 500.000 millones de reales- Cuenta con proyectos como Rio AI City (3,2 GW) y el contrato Petrobras-Elea, el mayor de tecnologías de la información jamás firmado en la región. Argentina apuesta más alto y más especulativo: $us 25.000 millones de OpenAI para 500 MW en la Patagonia, bajo el régimen RIGI. El proyecto aún es una carta de intención.
Chile y Uruguay muestran el otro rostro. Comunidades en Cerrillos y Canelones, en plena sequía, forzaron a Google a rediseñar sus instalaciones y abandonar la refrigeración por agua. En Sudamérica, el cuello de botella no será la electricidad. Será el agua y la convivencia con las comunidades.


















































































