La energía eólica tiene una ventaja comparativa clave sobre la solar: genera electricidad de noche, cuando el sol cae y los paneles fotovoltaicos esperan. Pero esa virtud viene acompañada de exigencias que no siempre se ven: torres de cien metros, aspas de decenas de metros de largo y grúas de gran capacidad. Todo esto, además, complejizado por llegar a sitios remotos a través de carreteras que en muchos casos no están pensadas para ese tráfico.
Pablo Díaz, CEO de Vivestar, empresa consultora uruguaya de energía y medioambiente, acompaña el desarrollo del parque eólico Percheles. El ejecutivo pone el dedo en la llaga. “El principal desafío de un parque eólico de estas dimensiones es logístico. Bolivia tiene déficits en materia de carreteras y acceso a puertos. Hay que definir muy bien por dónde ingresarán los equipos: si por Paraguay, Chile u otra ruta”, señala.
La diferencia con la energía solar es sustancial. Un panel fotovoltaico cabe en un camión estándar. Un aerogenerador, no. “Se requieren grúas de gran capacidad para izar los aerogeneradores y sus aspas. Esto implica una logística especializada muy diferente a la de la solar”, explica Díaz. Ignorar esa dimensión, advierte, puede convertirse en una sorpresa costosa durante la construcción.
El otro factor técnico que condiciona el rendimiento de un parque eólico es la estacionalidad del viento, que varía significativamente según la geografía. “En Uruguay los vientos aumentan de noche, precisamente cuando la generación solar cae. Esto hace que la complementariedad entre ambas fuentes funcione muy bien”, puntualiza. En Bolivia, ese comportamiento aún requiere estudios más precisos. Lo que sí es claro, sostiene el experto, es que combinar solar y eólica refuerza la resiliencia del suministro.



















































































