Dos de las agencias energéticas más influyentes del mundo publicaron sus informes anuales recientemente. Lo hicieron en la segunda quincena de mayo y con una semana de diferencia. Ambas describieron la misma realidad de formas aparentemente contradictorias, pero, paradójicamente complementarias. La Agencia Internacional de Energía (AIE) retrata a inversores diversificando en todas las direcciones, incluido el carbón en su mayor nivel desde 2012. La Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) sostiene que la electrificación con renovables es la única salida coherente. Para quien decide dónde poner el capital, ambos diagnósticos tienen razón al mismo tiempo. Entender por qué es un ejercicio revelador sobre la situación del sector y qué puede hacer hoy un inversor.
Soberanía energética
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz desde marzo de este año, segundo gran shock energético en cinco años tras la guerra en Ucrania, ha forzado a productores e importadores a repensar de cero su exposición. La AIE proyecta una inversión global de $us 3,4 billones en 2026. Pero el dato que define el momento es otro: el petróleo cae por tercer año consecutivo pese a precios altos. Mientras tanto, el gas natural alcanza $us 330.000 millones en inversión, su nivel más alto en una década. Por su parte, el carbón llega a $us 180.000 millones, con China concentrando casi el 70%.
«Estamos en medio de la mayor crisis de seguridad energética que el mundo haya enfrentado. Creo que esto reconfigurará las estrategias de inversión a nivel global, con paralelos a los grandes cambios que el mundo energético vivió después de los shocks petroleros de los años setenta», afirmó Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE. «Ya estamos viendo esfuerzos intensificados de países productores y consumidores para diversificar rutas comerciales y fuentes energéticas. Abarcando desde renovables y nuclear hasta carbón, petróleo y gas en algunos casos”.
El impulso y sus límites
La otra mitad del cuadro es eléctrica. La inversión en electricidad alcanzará $us 1,6 billones en 2026; $us 2 billones si se cuenta la electrificación de uso final. Las redes se acercan a $us 550.000 millones con un aumento interanual del 20%. El almacenamiento en baterías supera los $us 100.000 millones. IRENA lleva esa lógica más lejos: propone que la electricidad pase del 23% actual al 35% del consumo final en 2035 y supere el 50% en 2050.
«La electrificación con renovables sirve múltiples objetivos políticos», explicó Francesco La Camera, director general de IRENA. «Contribuye a la mitigación climática y refuerza la seguridad energética al impulsar la independencia respecto de los combustibles fósiles importados. También sostiene la competitividad económica mediante la creación de nuevas cadenas de valor industrial. Las renovables a costo competitivo respaldan precios eléctricos asequibles para hogares e industria».
Ambas agencias coinciden, sin embargo, en el cuello de botella: unos 2.500 gigavatios de proyectos de generación renovable, almacenamiento y centros de datos esperan conectarse a redes que no fueron diseñadas para ese volumen. IRENA estima que la inversión global en redes debería duplicarse hasta $us 1,2 billones anuales. Actualmente el ritmo va por la mitad.


















































































