La exportación de servicios, al igual que la exportación de bienes, reviste una gran importancia y ofrece un potencial significativo para el desarrollo económico de un país. La diversificación de su base económica es uno de sus factores más importantes, puesto que reduce el nivel de dependencia de la economía a sectores tradicionales como la agricultura o manufactura, lo cual la puede hacer más resiliente a la posible volatilidad de precios de las materias primas o las crisis en sectores específicos.
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De igual manera, en tiempos de ausencia de oferta de divisas como el que atravesamos en Bolivia, la venta de servicios a clientes extranjeros podría ser una importante fuente de ingreso en divisas, lo cual fortalecería la balanza de pagos del país y proporcionaría recursos para financiar las importaciones, entre otras necesidades.
El más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para el comercio global establece que “…el 2024 el comercio mundial alcanzó un récord de 33 billones de dólares…”, con un crecimiento del 3,7% (1,2 billones de dólares) respecto al 2023. El comercio de servicios contribuyó a esta expansión con un crecimiento del 9% que representó un aporte de 700 mil millones de dólares, casi el 60% del crecimiento total; en contraposición, el comercio de bienes creció a un ritmo más lento del 2%, sumando 500 mil millones de dólares.
Entre los principales servicios que se consideran en la exportación de servicios son diversos y abarcan una amplia gama de actividades económicas, como ser servicios: profesionales, informáticos y de tecnologías de información, de telecomunicaciones, de logística y distribución, educación y formación, financieros, turismo, culturales, de transporte en todas sus modalidades, entre los principales.
La exportación de servicios se constituye en un impulsor para la generación de empleo de mejor calidad puesto que, en áreas como las tecnologías de información, la consultoría y las finanzas, tiende a generar empleos con salarios más altos y mejores condiciones laborales, a la vez de fomentar la mayor competitividad para nuestro mercado, dado que competir en mercados internacionales exige mejoras en la calidad, eficiencia e innovación de los servicios ofrecidos.
Haciendo un análisis de los datos estadísticos sobre el comercio de servicios de los últimos diez años, se puede concluir que en proporción los denominados “servicios globales” relacionados a las tecnologías de información y servicios profesionales principalmente, son los que han incrementado su participación que actualmente está cercana al 45% del total de la exportación de servicios en el mundo. Asimismo, el comercio de los servicios relacionados al turismo y transporte en sus diferentes modalidades representan actualmente en proporción el 19.3% y 17.1% respectivamente.
Según un informe reciente sobre la balanza de pagos del Banco Central de Bolivia, en la gestión 2024 exportamos servicios por un valor de 1.122 millones e importamos 2.349 millones de dólares, lo cual nos dio por resultado una balanza de servicios deficitaria en 1.227 millones dólares. Asimismo, las estadísticas muestran que al menos los últimos diez años hemos registrado una balanza de servicios deficitaria en Bolivia, lo cual hace inferir que no se está impulsando este sector en nuestro país, especialmente en servicios de turismo y de tecnologías de información que cuentan con emprendimientos y empresas de gran potencial.
El impulso a la exportación de servicios en Bolivia requiere administradores del Estado dispuestos a instaurar una combinación estratégica de condiciones e incentivos que aborden las barreras existentes y fomenten la competitividad internacional de este potencial sector. Para ello, será fundamental mejorar factores clave como la inversión en infraestructura tecnológica (banda ancha y conectividad de calidad), además del fomento a la adopción de tecnologías que faciliten la digitalización de las empresas de servicios y la adopción de herramientas avanzadas.
Para encarar seriamente los desafíos del comercio global, en Bolivia se deberá generar un ecosistema empresarial que reduzca las asimetrías regionales mediante el fomento de sectores como el de los servicios, fortaleciendo la seguridad jurídica para las inversiones mediante una reingeniería regulatoria que genere un marco legal claro y acorde a la dinámica mundial, considerando factores como la implementación de incentivos fiscales y a la innovación, apoyo a la internacionalización y fomento al turismo, entre otros.
“Competir globalmente a través de la exportación nos obliga a innovar y evolucionar permanentemente, impulsando así nuestro propio desarrollo”.
(*) Gustavo Jáuregui Gonzáles es asesor empresarial, especialista en gerencia de organizaciones empresariales













































































