Al mejor estilo de una película que mezcla la comedia y el terror, los paceños estamos finalmente cercados viendo cómo más de 30 días sin soluciones concretas y sin el diálogo prometido, nos dejan sin alimentos, sin gasolina, sin educación, sin seguridad, sin salud y, sobre todo, totalmente a merced de un grupo radical reducido.
Como prólogo en esta historia, lo que parecía una más de las ya clásicas peticiones anuales de incremento salarial por parte de la Central Obrera Boliviana (COB), se convirtió en un catalizador para que varios grupos lograron arrinconar a un gobierno que por ahora no muestra reacción inmediata y sin olfato político; y le arrebataron, entre piedras, dinamitazos y gases, varias tajadas de una esmirriada torta llamada «nuestra economía», demandas que no necesariamente fueron legítimas desde su inicio.
En medio de esta «orquesta de demandas antojadizas”, resaltan los mineros asalariados agrupados en la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) que pedían incremento salarial del 20% y rechazaban la privatización de las empresas estatales; al igual que los mineros cooperativistas, que siendo un sector ya por demás privilegiado (con solo un 10% de legalidad en sus operaciones) lograron llevar sus demandas a mesas técnicas de discusión.
Otro frente de batalla lo dieron los maestros tanto urbanos como rurales, que pedían también un incremento salarial de hasta un 30%, donde estos últimos fueron más radicales y causaron mayores destrozos en sus manifestaciones (Maestros…todo un ejemplo…). Como dato de contexto, el promedio de incremento salarial al mínimo o al básico, desde el 2015 al 2025 no supera en promedio ni el 5% ni el 7% respectivamente. Entre tanta demanda, de manera transversal resaltan como pedidos comunes, aquellos relacionados con la estabilidad económica (inflación, falta de dólares, etc.); y aquellos relacionados con esa piedra en el zapato de Paz Pereira desde el día uno de su mandato…la «gasolina basura».
Es claro que a la fecha tenemos dos antagonistas principales, que quieren usurpar por la fuerza lo que el protagónico ganó por los votos, la Central Obrera Boliviana y la Federación Departamental de Trabajadores Campesinos de La Paz «Túpac Katari», cuyo pedido final se ha vuelto innegociable el irrenunciable y es lograr la renuncia del presidente constitucional del Estado. Al respecto, ambos actores son carentes de legitimidad y representatividad real popular, pues desde hace varios años no hacen más que velar por sus propios intereses.
Ahora bien, la parte cómica e irónica de esta historia, es que los paceños estamos en búsqueda de un maple de huevo, cercano a los 80 bolivianos, mientras que, en Cochabamba o Santa Cruz, encuentras un maple de primera calidad a 20 bolivianos. Lo cómico es que se anuncia que más de 200 mil pollos están muriendo por efecto de los bloqueos, cuando el precio del pollo en los mercados paceños está entre 100 y 120 bolivianos si encuentras…y ni hablar de la carne.
Lo cómico es que en plena crisis económica nacional y de falta de dólares, nos damos el gusto que estos vándalos paralicen cerca de 500 millones de dólares de exportación. Lo cómico es que cerca de 250 mil personas asociadas a la “Túpac Katari” asfixian la economía y el libre transitar de más de 2 millones de personas del departamento de La Paz.
El terror se da cuando más de 5.000 camiones están parados y ligados a su suerte en medio de las carreteras, sin agua, sin comida y sometidos a los cambios de temperatura del lugar. El terror se da cuando 3 minutos sin oxígeno se pueden convertir en muerte cerebral y 5 minutos sin oxígeno significan una muerte segura; siendo 500 pacientes los que necesitan de forma continua el oxígeno, son 4 hospitales de tercer nivel que ya están en números rojos y son cerca de 20 hospitales en línea de emergencia. El terror también se da, cuando por falta de los carburantes la basura se va acumulando día con día en nuestras calles como un asesino silencioso esperando el momento de entrar en acción.
Finalmente, esta película de ficción absoluta, pues solo puede pasar en Bolivia, tiene varios finales alternos; no obstante, en ninguno de ellos existe un final feliz para la ciudadanía. Si el gobierno logra «pacificar» el conflicto, y no entiende que la forma en que encaró la misma no es la forma correcta de ejercer poder en el Estado, tendremos nuevamente en las calles, otros sectores que con seguridad le doblarán el brazo una y otra vez. Por otro lado, si estas dos organizaciones logran hacer que el Presidente renuncie, lastimosamente habremos puesto de rodillas la institucionalidad del Estado y peor aún de la Constitución y habremos cambiado el voto en las urnas a las piedras de las calles. Estos grupos definirán el rumbo del país…de su país, desde su mirada, siendo amo y señores de la futura historia de nuestro país.
Lastimosamente, el gobierno sigue apuntando al diálogo, pero las preguntas son ¿diálogo con quién?, ¿bajo qué pliego de negociación?, ¿la medida de “excepción” es una opción mágica de solución o el remedio será peor que la enfermedad?; por lo que con el pasar de los días, las opciones se van agotando y desvaneciendo una a una, generando que otros sectores vayan afilando las uñas para entrar en batalla. La moraleja es una sola y hay que entenderla bien, sobre todo en Bolivia: Al que madruga Dios le ayuda; el problema es que quien madruga a diario…son los bloqueadores.
















































































