Tras el fallecimiento de Francisco, durante el cónclave, los 135 cardenales en edad de elegir se reunirán a puertas cerradas en la famosa Capilla Sixtina del Vaticano, allí elegirán al sucesor del jesuita argentino.
La fecha aún no fue fijada, pero ocurrirá después de las exequias de Francisco, todo bajo la constitución apostólica “Universi Dominici Gregis”, promulgada por Juan Pablo II en el año 1996.
El cónclave se realiza después de los nueve días que llevan los ritos de las exequias del papa fallecido. Hay un plazo de entre 15 y 20 días para organizar un cónclave con los prelados electores.
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Nuevo Papa
En el ritual, que se emplea desde la edad media, el maestro de ceremonia pronuncia una frase: “extra omnes” o todos afuera, así las personas que no formarán parte de la elección papal abandonan el hemiciclo, después se cierran las puertas, solo con los purpurados adentro del solemne salón.
La Constitución Apostólica prescribe que se realicen dos votaciones por día y una más la tarde del día en que comienza el cónclave. Para que salga humo blanco, el ganador debe contar con dos tercios de los votos.
Por sorteo, tres cardenales son designados “escrutadores”, otros tres “infirmarii” como encargados de recoger el voto de los purpurados enfermos y tres más como revisores para comprobar el recuento correspondiente.
Cada cardenal vota escribiendo el nombre de su elegido a mano en un papel que se les entrega antes, la letra debe ser clara. Cada papeleta se dobla y, según la tradición, se prohíbe que un purpurado vote por sí mismo.
Una vez recogidas todas las papeletas, un escrutador agita la urna para mezclarlas, bien las transfiere a un segundo recipiente y luego otro los cuenta.
Dato
Cuando uno de los cardenales es por fin elegido tendrá que responder a dos preguntas que le hará el decano: “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?” y la otra: “¿Cómo quieres ser llamado?” Si su primera respuesta es afirmativa se erige en el nuevo Papa y obispo de Roma.
Posterior a ese ritual, cada uno de los cardenales manifiestan un gesto de respeto y de obediencia al nuevo jefe de la Iglesia Católica. Todo eso ocurre antes de anunciarlo a la comunidad y los fieles.
Normalmente, en la plaza de San Pedro los fieles esperan ansiosos por el nombramiento y humo blanco. Cuando llega el momento, desde el balcón de la basílica, el cardenal protodiácono dice “Habemus papam”. Después se muestra el nuevo pontífice y da la bendición “urbi et orbi” (A la ciudad y al mundo).





















































































