La campaña de verano 2025-2026 de soya en Bolivia enfrenta condiciones adversas. Primero una sequía en enero, en el momento crítico del llenado del grano, luego lluvias torrenciales desde fines de febrero que impiden ingresar a los campos. El balance lo resume con claridad Jaime Hernández, gerente general de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo). «Estamos con un avance de cosecha de 20% y deberíamos ya haber cosechado el 50% del área sembrada”, afirma.
Sobre una superficie de 1,3 millones de hectáreas sembradas, unas 130.000 han resultado afectadas. Especialmente en las zonas de Pailón, Cuatro Cañadas y San Julián, que concentran el 60% del área total. El retraso no es solo de soya. «Similar situación tenemos en los cultivos de maíz y sorgo que han sido sembrados en esta campaña de verano», señaló Hernández.
Afectación
La consecuencia en términos productivos es concreta. La estimación inicial rondaba los 3 millones de toneladas, pero la adversidad climática obligó a revisar ese número a la baja. «La estimación preliminar de producción de soya para esta campaña de verano es de 2,6 millones de toneladas de grano. Es decir, hemos reducido 400.000 toneladas a la estimación de producción anterior», explicó el ejecutivo. Aun así, el volumen sería suficiente para cubrir la demanda interna de unas 800.000 toneladas, destinadas a balanceados y aceite comestible, con un excedente exportable de cerca de 1,8 millones de toneladas. El dato cobra mayor dimensión al recordar que la campaña 2023-2024 produjo apenas 1,5 millones de toneladas, la peor cosecha en tres décadas.
A la complicación climática se suma la incertidumbre en los precios. «Los precios del grano de soya se encuentran con mucha volatilidad en el mercado internacional por efectos de la guerra de Estados Unidos con Irán», afirmó Hernández. Añadió que por ello «los productores soyeros bolivianos aún están con cautela para cerrar precio con los compradores locales”. El conflicto geopolítico mantiene en vilo las rutas comerciales globales, mientras que una cosecha récord en el Cono Sur agrega presión bajista a los mercados, creando un escenario de señales contradictorias.
Biotecnología
En medio de ese panorama complejo, el sector tiene motivos para el optimismo de largo plazo. Durante la feria Exposoya 2026, el Gobierno boliviano autorizó oficialmente el uso de la tecnología HB4, una soya genéticamente modificada. «La principal novedad es la aprobación definitiva del evento en soya HB4 tolerante a sequía», destacó Hernández, quien anunció que a partir de ahora comenzará el desarrollo de variedades locales con esa tecnología, «a través de los programas de mejoramiento genético locales. Tendrán la validación de genética proveniente de Bioseres de Argentina y del Instituto de Biotecnología Agrícola de Paraguay”.
Se trata del segundo evento biotecnológico aprobado para la soya boliviana, después de Intacta en 2024. Los ensayos en campo para identificar las variedades más adaptadas al país podrían tomar dos campañas agrícolas. El potencial es enorme. Bolivia tiene un rendimiento promedio de 2 toneladas por hectárea frente a las 3 del Mercosur, una brecha que la biotecnología podría cerrar, con proyecciones de hasta $us 2.000 millones adicionales.




















































































