Anthropic, la empresa creadora del modelo de inteligencia artificial (IA) Claude, publicó un ensayo que fija una fecha decisiva para el tablero competitivo: 2028. Según la compañía, ese año convergen tres factores que redefinirán el negocio. Primero, la maduración de las inversiones en semiconductores impulsadas por la CHIPS Act. Segundo, el desarrollo de la manufactura de chips propia de China. Tercero, la previsión de un salto significativo en las capacidades de los modelos.
El corazón del análisis es económico y tecnológico: la competencia en IA es, sobre todo, una competencia por el cómputo. Quien controle el acceso a los chips más avanzados —hoy en manos de firmas como Nvidia— controlará los costos, los precios y la disponibilidad de los modelos. Para las empresas que construyen sobre esta tecnología, la advertencia tiene consecuencias concretas. Las restricciones en la cadena de suministro de semiconductores presionan los precios del cómputo en la nube. Así, el liderazgo de cada actor define qué se podrá desplegar y a qué costo.
La dimensión laboral completa el panorama. El CEO de Anthropic, Dario Amodei, viene advirtiendo que la inteligencia artificial podría eliminar hasta la mitad de los empleos administrativos de nivel inicial en cinco años. Los datos acompañan la inquietud: la tecnología fue citada como motivo de casi 55.000 despidos en Estados Unidos durante 2025. Un estudio del MIT calculó que la IA ya puede ejecutar el trabajo equivalente al 11,7% del mercado laboral, con un ahorro salarial potencial de $us 1,2 billones.
Amodei también señaló la veloz concentración de riqueza y poder en pocas compañías. Apuntó a que este fenómeno ocurre «casi por accidente». El mensaje es que el margen de maniobra estratégico se está estrechando.


















































































