Los ciberataques en Sudamérica atraviesan en 2026 una fase de expansión acelerada, tanto en volumen como en sofisticación. La región registra uno de los crecimientos más altos del orbe, pero el dato más relevante no es la cantidad, sino el cambio de lógica. Los ataques ya no son masivos y genéricos, sino dirigidos, automatizados y adaptativos.
Al cerrar el primer trimestre de 2026, las organizaciones de la región enfrentan en promedio 3.065 ataques cibernéticos por semana. Es la tasa más alta del mundo, con un incremento del 26% respecto al año anterior. Los datos provienen del Threat Intelligence Report de Check Point Research y marcan una escalada sostenida que acumula una década de crecimiento.
En este campo, “organización” no alude a cualquier negocio o persona, sino a entidades con infraestructura digital propia. Son empresas, bancos, instituciones públicas, universidades o startups que operan redes, servidores y correos corporativos.
El motor principal de esta transformación es la inteligencia artificial, que permite automatizar ataques, personalizar fraudes y evadir defensas en tiempo real. A esto se suma la consolidación de una economía criminal estructurada —con modelos como el ransomware-as-a-service— y la rápida digitalización de la región, que amplía la superficie de ataque.
La baja madurez de la región en seguridad digital alienta la ola criminal de los ciberataques.
Los delitos más prevalentes reflejan ese cambio. El ransomware sigue liderando, pero crecen con fuerza los ataques a la identidad —robo de credenciales y accesos—, el phishing hipersegmentado y los fraudes con inteligencia artificial, incluidos los deepfakes. También aumentan los ataques a sistemas financieros, servicios en la nube y cadenas de suministro.




















































































