El 2 de abril, Estados Unidos anunció una serie de aranceles «recíprocos», que van desde un 10% hasta un 50% adicional, sobre las importaciones. La arrolladora ofensiva arancelaria del presidente Donald Trump, que no dejó a ningún país indemne, fue la mayor conmoción que ha golpeado al sistema comercial mundial en al menos un siglo, poniendo en entredicho pilares clave del multilateralismo y el orden internacional basado en normas.
Una semana después, el gobierno estadounidense intensificó su guerra comercial con China, incrementando los aranceles sobre las importaciones chinas a más del 100%, pero suspendió las medidas sobre todos los demás países durante 90 días, aplicando un arancel fijo del 10% durante este período. Desde entonces, muchos gobiernos han contactado a Estados Unidos para negociar.
Estas medidas no se limitan a reequilibrar el comercio. Forman parte de un cambio geopolítico más amplio y de la fragmentación de la economía mundial. La arremetida arancelaria de Estados Unidos es menos un capricho pasajero que un intento de reconfigurar las fuerzas económicas y políticas globales. Si bien los escenarios más disruptivos parecen haberse evitado por ahora, la situación sigue siendo incierta y excepcionalmente inestable.
En vista de esto, América Latina y el Caribe (ALC) debería responder adoptando una estrategia doble que distinga entre la estabilización a corto plazo y la transformación a largo plazo. Esto significa que los gobiernos de ALC deben articular una respuesta sensata y coherente a las amenazas arancelarias de Estados Unidos, evitando medidas reactivas que podrían aumentar la incertidumbre. Mantener la estabilidad macroeconómica, comunicarse claramente con los mercados y reforzar la credibilidad institucional son esenciales para garantizar la confianza. A mediano y largo plazo, estos países deben implementar cambios estructurales —incluyendo el fortalecimiento de la capacidad de crecimiento, el aumento de la productividad, la reducción de la desigualdad y el fortalecimiento institucional— para escapar de las trampas del desarrollo.
Sin duda, los aranceles recíprocos iniciales fueron tan alarmantes que muchos temieron que pudieran desencadenar una recesión. Sin embargo, los aranceles del «Día de la Liberación» de Trump, de implementarse, podrían generar oportunidades de desviación comercial hacia los países de ALC, que recibieron un trato relativamente leve: la mayoría se libró del arancel mínimo del 10%, excepto Venezuela (15%), Nicaragua (18%) y Guyana (38%). México recibió un arancel del 25%, aunque los productos que cumplían con el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá permanecieron exentos. Estas tasas más bajas implicaron un aumento en el margen de preferencia para los exportadores de la región. (Aun así, los aranceles sorprendieron a muchos en la región, dado que 11 países de ALC han firmado acuerdos de libre comercio con EEUU).
Pero esta ventaja relativa no se materializará, al menos por ahora. El arancel general del 10% impuesto durante la pausa de 90 días ha nivelado el campo de juego (excepto para China). Su impacto directo en la región de ALC dependerá del grado de dependencia de cada país del comercio con EEUU. Según cálculos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, alrededor del 80% de las exportaciones de bienes de México, y entre el 30% y el 60% de las de Centroamérica y el Caribe, se destinan a Estados Unidos, lo que los deja particularmente expuestos. En cambio, los países sudamericanos, en general, exportan menos del 18% de sus bienes a Estados Unidos, con la excepción de Ecuador (22%) y Colombia (32%); en Argentina, Brasil y Uruguay, la proporción es inferior al 10%. En términos más generales, los aranceles pueden debilitar la inversión y el crecimiento del empleo, y avivar las presiones inflacionarias.
Pero mucho dependerá de las negociaciones arancelarias en curso. La desviación del comercio sigue siendo una posibilidad. Por ejemplo, Brasil y Argentina podrían ampliar sus exportaciones de soja —ambos países son importantes productores— a China, que ha impuesto aranceles de represalia alarmantemente altos a Estados Unidos, otro importante exportador de soja.
Si bien los países de ALC deben obtener beneficios a corto plazo donde puedan, el panorama arancelario en constante cambio subraya la importancia de desarrollar una agenda con visión de futuro. La región de ALC puede lograr sus aspiraciones a largo plazo persiguiendo cuatro objetivos. En primer lugar, la volatilidad actual crea un incentivo para diversificar las alianzas comerciales. Los gobiernos de la región deberían forjar alianzas con bloques como la Unión Europea y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, y con economías emergentes como China e India.
En segundo lugar, en esta coyuntura crítica, la región de ALC debe hacer realidad el discurso de solidaridad de sus líderes profundizando la integración económica. Esto requeriría centrarse en compartir tecnología, facilitar el comercio, armonizar regulaciones, desarrollar cadenas de valor regionales y crear corredores logísticos. En tercer lugar, cada país debería adoptar políticas de desarrollo que incrementen la tasa de innovación y el crecimiento económico, como lo destacan informes recientes de la CEPAL.
Por último, en medio de tanta incertidumbre, es fundamental fortalecer la capacidad de la región para la previsión estratégica. Este tipo de «gobernanza anticipatoria» exige estrategias a largo plazo que trasciendan los ciclos políticos, la planificación del desarrollo multiescenario, el diseño participativo de políticas y la agilidad institucional.
No podemos esperar claridad sobre el alcance ni la duración del nuevo régimen arancelario de Estados Unidos en el futuro próximo. Las repercusiones económicas y geopolíticas más amplias de estas erráticas medidas políticas son igualmente opacas. En un entorno tan volátil, la prudencia a corto plazo debe ir acompañada de ambición a largo plazo. Esto significa que los países de ALC deben mitigar los riesgos inmediatos y, al mismo tiempo, implementar medidas con visión de futuro que refuercen su compromiso con el cambio. Con un enfoque en la diversificación, la integración, el desarrollo productivo y la gobernanza anticipatoria, la región puede aprovechar este período de incertidumbre para reposicionarse en el orden mundial emergente y acelerar su desarrollo.
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