Una encíclica papal para estos tiempos de tantas verdades y conflictos sociales. La Iglesia Católica cada vez pisa tierra y no se aferra a su verdad. Y se mete a ejercer política.
Sin dogmatismos, sin la única verdad, sin radicalismos, sin miedo vale la pena leer la Encíclica Magnifica Humanitas que acaba de publicar el Papa León XIV, documento valioso e importante, que nos recuerda que Dios no está en las alturas ni viendo de palco lo que pasa en el mundo y sus habitantes.
Dios está en cada comunidad, en cada pueblo, en cada ser humano y que la ruta en la construcción de una mejor sociedad no es exclusividad de nadie, ni tampoco la verdad tiene dueño. “La verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir”, precisa Leon XIV.
Esa verdad que cada sector, cada agrupación política, religiosa, social se apropia y detrás de ella no vale nada y que exigen que todos lo acepten., lo que ha llevado en el mundo ha implementar «métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad”. Unos quieren imponer sus discursos y otros resisten. Unos construyen narrativas a su favor y otros las destruyen.
La verdad de los bloqueadores que buscan imponer por la fuerza, sin importarles los valores de la democracia y el imperio de la ley y los derechos a la vida, a la salud, alimentación, al transporte, al trabajo.
En este país cuya mayoría se declara devota de la religión católica, cuán necesaria y revitalizante nos cae la encíclica Magnifica Humanitas, que no es un tratado teológico, ni contemplativo, ni simples arengas a la fe en Dios y que éste vendrá muy pronto a salvarnos de todos los conflictos que siempre atravesamos.
La encíclica nos interpela en varios aspectos referidos a las relaciones sociales, el ejercicio del poder, el uso de las tecnologías, el reinado de la IA, el camino que está siguiendo la humanidad y sus grandes adelantos en nuevos paradigmas como efecto de la difusión de la IA, las ciencias cognitivas, la nanotecnología, la robótica y la biotecnología, pero a la luz de la sabiduría y de la mirada de ese Dios presente, revolucionario e inquieto por nuestro destino.
Pero aterrizando en la coyuntura nacional la Encíclica Papal tiene precisiones tan actuales que el gobernante y los gobernados debemos tomar en cuenta. Es como si León XIV y sus cardenales hayan realizado una asamblea en Bolivia y recogido las inquietudes de los bolivianos.
Precisamente valorando la enorme riqueza cultural y la importancia de la pluralidad de las regiones y grupos sociales que viven en Bolivia, pero por razones políticas y de ejercicio del poder, nos metieron a callejones oscuros para hacernos pelear los unos contra los otros, es el Papa desde El Vaticano, nos lanza esta exhortación: «Trabajar juntos en pos del bien de todos significa tener un proyecto compartido.
Es evidente que entre las diversas personas hay muchas diferencias ideológicas y pragmáticas, hay variedad de intereses y frecuentes contrastes, pero eso no significa que sea imposible un proceso de diálogo para configurar una base de consenso que permita constituir un proyecto para todos y caminar juntos».
Lo que vivió el país en estos últimos 30 días no solo han sido jornadas de protestas radicales que tuvieron su máxima expresión en los bloqueos violentando las relaciones sociales y políticas, llevando a extremos de exigir la renuncia del Presidente Paz, bajo argumentos de la exclusión social, de la explotación, de la discriminación, de la pobreza y otros factores que fueron usados como estrategias políticas, pero que sin embargo, denotan situaciones de fondo que debemos afrontarla y superarlas.
Este proceso de diálogo al que alude el Papa ha sido imposible durante mas de un mes en Bolivia, en el que el gobierno insistió tanto, pero tanto que al final generó la desconfianza entre los bloqueadores y los bloqueados. Si tan solo nos desarmarnos unos minutos, otro sería el ritmo de los acontecimientos y de mirarnos los unos a los otros, no los unos contra los otros.
El escritor norteamericano Michael Lowy, nos deja con esta provocadora reflexión, que se ajusta para estos tiempos de conflictos, de demandas y de un gobierno que apenas lleva seis meses de gestión: “No implica un retomo al pasado, sino un rodeo por el pasado hacia un nuevo porvenir…”.















































































