Nosotros no tenemos eternos aliados, y no tenemos perpetuos enemigos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y esos intereses es nuestro deber seguirlos».
Lord Palmerston: primer ministro británico (1848).
¿Serán las tendencias internacionales o las pugnas ideológicas internas las que determinen el éxito del plan económico del nuevo gobierno boliviano? La historia ofrece algunas respuestas.
En 1956 concluyó el primer gobierno del MNR, liderado por Víctor Paz Estenssoro. Su gestión revolucionaria terminó marcada por una inflación desbordada y desabastecimiento tras la reforma agraria. Lo sucedió Hernán Siles Zuazo, quien aplicó un severo plan antinflacionario diseñado por George Jackson Eder, impuesto por Estados Unidos a cambio de ayuda económica. A la par, Washington exigió la reconstrucción del Ejército y la reducción del poder sindical.
El plan logró controlar la inflación, pero fracturó al MNR y debilitó al movimiento obrero. Tres décadas después, ambos líderes intercambiarían roles: en 1985, Siles sería el inflacionista y Paz el deflacionista, ahora bajo la lógica del Consenso de Washington, que promovía disciplina fiscal, reforma tributaria, liberalización del comercio, privatización y desregulación de la economía. Era un credo inventado por el FMI y el Banco Mundial en 1989.
Otro episodio ilustrativo fue el ciclo militar iniciado en 1964, parte de una tendencia continental auspiciada por la Guerra Fría. En los años 70, el Plan Cóndor, impulsado por dictaduras del Cono Sur con apoyo estadounidense, institucionalizó la represión en América Latina. Bolivia vivió 18 años de gobiernos militares que dejaron una sociedad polarizada y una economía frágil.
Estos antecedentes muestran cómo los grandes virajes económicos y políticos de Bolivia han estado más condicionados por el contexto internacional que por la dinámica ideológica interna.
De ello se desprenden dos conclusiones principales. Primero, el entorno global ha sido —y sigue siendo— decisivo en los “ciclos políticos” nacionales. Las disputas ideológicas internas resultan secundarias frente a los intereses de poder y los alineamientos externos, como bien anticipaba Palmerston.
La segunda conclusión, es que el panorama político internacional de aquí en adelante será muy diferente al que se vivió en los 50 años anteriores. No voy a entrar en detalles, pero es claro que estamos frente al nacimiento de un mundo multipolar, y que Estados Unidos se ha debilitado en su papel de hegemón mundial.
De ello se desprenden dos conclusiones principales. Primero, el entorno global ha sido —y sigue siendo— decisivo en los “ciclos políticos” nacionales. Las disputas ideológicas internas resultan secundarias frente a los intereses de poder y los alineamientos externos, como bien anticipaba Palmerston.
Segundo, el escenario actual es muy distinto al de la segunda mitad del siglo XX. El mundo avanza hacia una estructura multipolar, donde Estados Unidos ya no ejerce la hegemonía de antaño. En este contexto, la estrategia del presidente Rodrigo Paz, caracterizada por un pragmatismo ecléctico, parece adecuada: evita depender del FMI y busca diversificar las fuentes de apoyo internacional. Su propuesta de un “capitalismo para todos” y el fortalecimiento de las autonomías regionales son señales de flexibilidad política y visión de futuro.
Jaime Jordán Costantini
es doctor en Economía y docente universitario.
















































































