Irán no es una potencia transitoria que pueda ser sometida por la fuerza; es una civilización con más de 2500 años de historia ininterrumpida, forjada por un profundo sentido de identidad, resiliencia y orgullo. Desde el legado filosófico de Avicena hasta la brillantez poética de Hafez y las contribuciones científicas de Al-Juarismi, la huella de Irán en la civilización global es profunda. Junto con sus vastos recursos humanos y naturales, y una posición geoestratégica dominante, esta historia moldea una mentalidad nacional que equipara la capitulación con la derrota existencial. Exigir una «rendición incondicional», como ha hecho Trump, no solo es una imprudencia diplomática, sino también una muestra de insensibilidad cultural: tal exigencia es intrínsecamente inaceptable para Irán y garantiza la resistencia, en lugar de la sumisión.
Comprensión mutua
Sin embargo, una negociación eficaz no exige estar de acuerdo con el comportamiento, la ideología o la postura política de la otra parte, sino un esfuerzo genuino, incluso por parte de los adversarios, para comprender que sus posiciones han sido escuchadas y consideradas seriamente. Cuando una contraparte percibe desprecio o indiferencia, se muestra mucho menos dispuesta a participar, y mucho menos a llegar a un acuerdo. Por lo tanto, escuchar no es una concesión: es una necesidad estratégica. Al reconocer la legitimidad de los intereses de la otra parte —incluso al cuestionarlos—, el negociador genera la confianza mínima necesaria para que las negociaciones avancen.
La profunda desconfianza de Irán hacia Estados Unidos —especialmente bajo el mandato de Trump— se debe a una serie de acciones que han erosionado progresivamente su credibilidad. La retirada del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en 2018, el asesinato del general Soleimani en enero de 2020 y los dos ataques contra Irán, incluso en medio de negociaciones, en junio de 2025 y febrero de 2026, han reforzado la convicción de Teherán de que no se puede confiar en Trump. Ninguna parte negociará seriamente si prevé duplicidad en momentos cruciales.
Falta de confianza
Además, la estrategia de Trump de amenazar con «aniquilar» a Irán, bombardearlo «hasta reducirlo a la Edad de Piedra», y sus repetidas amenazas de atacar infraestructuras civiles —redes eléctricas, puentes— como medida de presión para alcanzar un acuerdo en uno o dos días, resulta absurda dada la complejidad y las profundas implicaciones de las negociaciones. Esta coacción solo profundiza la desconfianza, endurece la resistencia y, en la práctica, elimina cualquier posibilidad realista de alcanzar un acuerdo duradero.
La retórica de Trump no proyecta fortaleza; denota imprudencia y desprecio, y confirma a los líderes iraníes que Estados Unidos está dispuesto a infligir daño indiscriminado. Esto refleja un enfoque de negociación fundamentalmente erróneo, ya que Irán ve pocos incentivos para llegar a un acuerdo con una contraparte a la que considera hostil y poco confiable, lo que agrava su desconfianza preexistente.
Sin embargo, la confianza no se puede exigir ni negociar: debe cultivarse cuidadosamente con el tiempo. Para que Irán considere hacer concesiones significativas, primero debe sentirse seguro. Esto requiere garantías creíbles de que Estados Unidos se abstendrá de emprender acciones militares e impedirá los ataques israelíes. Solo dentro de este marco de moderación garantizada podrá comenzar a surgir una base de confianza, aunque frágil.
Preocupaciones de Irán
Irán no busca tanto un arsenal nuclear operativo como la capacidad de ensamblarlo rápidamente, y crear así un poderoso elemento disuasorio contra sus adversarios. En la estrategia iraní, la capacidad nuclear latente —en lugar del desarrollo abierto de armas— ofrece una garantía contra ataques que amenacen al régimen, y evita al mismo tiempo la fuerte reacción internacional que desencadenaría un programa nuclear público.
Los analistas iraníes también extraen lecciones de Ucrania, que entregó el arsenal nuclear soviético que heredó en virtud del Memorando de Budapest de 1994. Es probable que Rusia no hubiera invadido Ucrania si esta hubiera conservado sus armas nucleares. Irán también señala que el creciente arsenal de Kim Jong Un ha protegido eficazmente a su régimen de amenazas externas graves o de intentos de cambio de régimen. India y Pakistán, tras tres grandes guerras convencionales, han limitado sus enfrentamientos a escaramuzas bajo la protección de la disuasión nuclear mutua.
Esta experiencia refuerza la convicción de Teherán de que solo una opción nuclear creíble —la clara capacidad de construir una— puede prevenir una agresión similar, y de que renunciar a dicha disuasión requeriría garantías de seguridad de gran alcance que hagan que Irán se sienta seguro sin la sombra nuclear.
Negociaciones complejas
Las negociaciones serias con Irán, que involucran múltiples cuestiones nucleares, regionales y de seguridad, no pueden resolverse en cuestión de días o semanas. El PAIC tardó casi dos años y medio en finalizarse, precisamente por su complejidad y la profunda desconfianza entre ambas partes. Cualquier administración que busque genuinamente un acuerdo duradero e integral debe aceptar que el tiempo no es un lujo, sino un requisito indispensable para el éxito.
Si Trump desea un acuerdo creíble, debe detener las hostilidades, mantener el alto el fuego durante las conversaciones y permitir que la confianza crezca gradualmente a medida que avanzan las negociaciones. Intentar forzar un acuerdo en un plazo tan corto no puede tomarse en serio en Teherán. Un acuerdo alcanzado bajo presión y contrarreloj carecerá de legitimidad y permanencia, y casi con toda seguridad fracasará ante la primera crisis.
Las concesiones que se exigen tanto a Estados Unidos como a Irán son intrínsecamente difíciles de negociar y llevarán tiempo, pero son fundamentales para cualquier acuerdo viable. Para alcanzar un acuerdo viable, Irán y Estados Unidos tendrían que adoptar una serie de medidas concretas y verificables que aborden directamente las principales preocupaciones de seguridad de ambas partes.
Salir del conflicto
Irán debe reabrir inmediatamente el estrecho de Ormuz a todo el tráfico marítimo comercial y militar, y comprometerse con la libertad de navegación sostenida. Debe cesar el suministro de armas a Hezbolá, a los hutíes en Yemen y a las milicias aliadas en Irak, y reducir gradualmente su programa de misiles balísticos ofensivos bajo una estricta supervisión. Asimismo, Irán debe dejar de amenazar a Israel con retórica genocida —que ha sido y sigue siendo la causa de su intensa hostilidad y una de las principales fuentes de inestabilidad en la región— y debe exportar o reducir su nivel de enriquecimiento de uranio al 60 %.
A cambio, Estados Unidos debe levantar el bloqueo militar del estrecho de Ormuz y extender el alto el fuego sin fecha de vencimiento. Debe reconocer el derecho de Irán a un programa nuclear civil bajo las más estrictas garantías, para asegurar que no se desvíe a la fabricación de armas nucleares. Washington debe comenzar a liberar los fondos congelados de Irán y levantar gradualmente las sanciones, de manera cuidadosamente planificada y sujeta a la verificación del cumplimiento. Estados Unidos también debe comprometerse formalmente a no interferir en la política interna de Irán, y renunciar a las operaciones de cambio de régimen y a la desestabilización encubierta, al tiempo que se reserva el derecho a pronunciarse sobre los derechos humanos.
Realismo
Si ambas partes se adhieren plenamente a este proceso a lo largo del tiempo, podrán avanzar hacia conversaciones estructuradas sobre la normalización gradual de las relaciones, incluido el restablecimiento de la representación diplomática y la ampliación de los lazos económicos y culturales.
Para frenar el extremismo iraní, Estados Unidos debe abandonar las fantasías de un cambio de régimen y reconocer las preocupaciones de seguridad y los intereses legítimos de Teherán. La coerción y las exigencias de capitulación solo fortalecen la resistencia. La estabilidad requiere concesiones recíprocas y una diplomacia constante. Cualquier otra cosa agravará la confrontación, reforzará la capacidad de disuasión de Irán y llevará a la región nuevamente al borde del abismo.






















































































