A pocos días de las elecciones presidenciales de Bolivia 2025, el panorama político presenta características inéditas que marcan una ruptura con los procesos electorales de las últimas dos décadas. La crisis económica que atraviesa el país, combinada con una fragmentación política sin precedentes, ha configurado un escenario electoral complejo donde ningún candidato logra consolidar un liderazgo claro. Esta es, además, la primera contienda electoral boliviana desarrollada en la era de la inteligencia artificial y con un protagonismo masivo de las redes sociales como herramientas de campaña.
Carlos Saavedra, reconocido especialista en comunicación política, aporta su análisis sobre este proceso electoral singular. Con una amplia trayectoria en el estudio de las dinámicas comunicacionales en campañas electorales, nuestro invitado ofrece una perspectiva técnica y estratégica sobre cómo se han desarrollado las diferentes candidaturas presidenciales. Su mirada experta permite desentrañar las complejidades de un momento político donde las tradicionales reglas del juego electoral parecen haber cambiado irreversiblemente.
— ¿Cómo ves el evolución de las campañas para estas elecciones en medio de la crisis económica y la fragmentación de las fuerzas políticas?
Los dos aspectos que planteas son muy importantes y creo que son centrales para leer la construcción del escenario electoral.
Primero, hay un artículo muy bueno de Mario Riorda que se llama «Las campañas electorales han muerto». ¿Qué plantea este texto en esencia? Que lo que termina instalándose en términos de opinión pública es fundamental para la consolidación de campañas electorales. Las campañas electorales cada vez mueven menos y lo que termina pasando es que se terminan confirmando tendencias de opinión pública.
Creo que los dos elementos señalados —la crisis económica como hecho central que ha marcado los dos últimos años, especialmente en Bolivia, vinculado además a la implosión política del MAS— han hecho que se termine consolidando un escenario donde la gente, especialmente el votante de centro que era antes fundamental para que el MAS gane las elecciones, termine responsabilizando al MAS en términos políticos. Y esto es al MAS, en todas sus tonalidades, de la situación de crisis multidimensional que estamos viviendo. Además, la gente relaciona automáticamente la inestabilidad política con la inestabilidad económica, con la crisis; las dos están íntimamente vinculadas. Entonces, en esta lógica de que las campañas electorales hoy vienen a reafirmar las tendencias que se han construido en términos de opinión pública, eso ha pasado en Bolivia.
Hace tiempo ya, desde cuando se instala la idea de crisis vinculada a la pelea fratricida que ha tenido el MAS, diría que ahí ya el MAS comenzó a perder la elección, y cuando esa idea se consolida, ya la pierde de manera categórica. Entonces, eso en términos de encuadre.
— La lógica en todos los anteriores procesos desde que MAS llega al poder siempre fue la polarización entre bloques. Hoy prima la fragmentación en ambas veredas. ¿Cómo se ha dado esto y cómo impacta actualmente?
Sí, hemos transitado de la polarización a la fragmentación. Pienso que el elemento central para explicar esto es el derrumbe de la hegemonía. Cuando hay hegemonía, hay fuerza polarizante, porque hay fuerza de resistencia. La hegemonía por naturaleza va a encontrar resistencia y esta polariza, porque es fuerte.
En Bolivia, desde mi punto de vista, la polarización y la hegemonía tienen nombre y apellido, se llaman Evo Morales. Al no estar presente él, al vaciarse el símbolo de la hegemonía, que era también al mismo tiempo el símbolo polarizante, acaba quebrándose ese esquema que conocíamos de polarización.
Pero cuando se derrumba la hegemonía, surge otro fenómeno. Todos los actores políticos, al ver al gigante caído, sienten que es su momento electoral y nadie está dispuesto a ceder. Al sentir que todos tienen la posibilidad de tomar el poder, surge el fenómeno de la fragmentación. Es decir que el derrumbe de la polarización y el nacimiento de la fragmentación están íntimamente vinculados con la caída de la hegemonía política. Por lo menos, esa es la hipótesis que sostengo.
— ¿Cómo ves que las campañas han manejado el tema de redes sociales y el tema de la inteligencia artificial?
Veo que efectivamente estamos ante una elección que está marcada por la era de la revolución digital, pero además con la última fase de la revolución digital, o por lo menos la última que conocemos, que es la intervención de la inteligencia artificial.
Creo que hemos tenido una campaña con muchísimas redes y con muy poca piel, que de alguna manera también es una sintomatología de cómo está la política en Bolivia. Una política muy mediada por pantallas, con muy poco contacto real de la política con la gente. Una política muy artificial que piensa que se puede reemplazar la articulación política, que debe darse en el territorio, a través de las redes. En realidad, la tendencia, o por lo menos el pensar la comunicación política de manera integral, plantea el desafío de combinar lo que se llama aire, mar y tierra: medios de comunicación masiva y trabajo en redes sociales, pero la política siempre va a ser piel, contacto.
La política tiene como esencia de relación el contacto en el territorio. Y creo que eso se ha visto muy poco en la campaña. A mí me parece que ha sido una campaña muy de burbuja digital. Me parece que termina retratando cómo está la política en Bolivia: muy alejada de la gente, muy mediada por una pantalla, muy de ficción y de poco contacto real con la población.
Obviamente, todos han inundado las redes sociales. Creo que se ha inundado de comunicación digital, pero siento ahí que hay un extravío. Se piensa la comunicación política de manera muy instrumental. Y la comunicación política, si bien tiene instrumentos poderosos en las redes, tiene un instrumento poderosísimo —que además por primera vez termina amenazando la autonomía humana, que es la inteligencia artificial—, pero creo que hay muy poco pensamiento estratégico en términos de construcción de ideología política, en términos de construcción de discurso. Entonces tienes campañas muy vacías en cuanto a propuestas.
Tienes una política de mucho trend, una política que busca mucho engagement y espectacularización, pero que ha dejado muy en segundo plano la construcción discursiva que pueda generar adhesión del votante. Es evidente que las campañas políticas o las campañas electorales son más de consignas, pero creo que hay una discursividad muy débil, superficial.
— ¿Cómo se podría definir la cuestión central de la que se tratan estas elecciones?
Ese es un aspecto fundamental, porque una campaña electoral se define en lo que llamamos técnicamente el encuadre de la misma. Creo que el encuadre de esta campaña es quién saca a Bolivia de la crisis profunda que está viviendo.
El marco referencial de esta campaña es cuál es la candidatura que puede sacar a Bolivia de la crisis. Y creo que en ese marco es importante leer los datos que muestran los distintos candidatos en las encuestas. No he visto ninguna encuesta donde un candidato, por ejemplo, supere el 25%.
En ese marco referencial de quién es el que saca a Bolivia de la crisis, creo que al final ninguna de las candidaturas ha logrado emocionar mucho a la gente o generar una gran adhesión de votantes. Nadie tiene más de un cuarto de los votantes. Y evidentemente en ese marco creo que todavía el mal humor social y la incertidumbre siguen marcando este contexto.
— ¿Qué tanto crees que han incidido en la carrera las encuestas, primero, y la guerra sucia, posteriormente?
Las encuestas terminan generando una predisposición y un clima de opinión pública donde se van descartando algunas candidaturas y se van fortaleciendo otras. Las encuestas marcan, de alguna manera, las tendencias y creo que en esta campaña, a diferencia de otras campañas, no va a haber voto útil, por ejemplo. El voto útil que usaba la oposición al MAS en gran escala.
Parece que va a haber más una idea de voto ganador, pero que no va a ser tan influyente como en otras votaciones. Las encuestas te terminan desahuciando candidaturas y te terminan promocionando otras. Sin embargo, las encuestas en esta campaña te han terminado mostrando, casi todas, un alto porcentaje de incertidumbre.
En síntesis, han mostrado incertidumbre, han desahuciado candidatos y han fortalecido al menos a dos, que están en la cabeza de la gente como los que tienen perspectiva de llegar al poder: Samuel Doria Medina y Tuto Quiroga.
Sobre la guerra sucia, hay que tener en cuenta que esta es una campaña donde se tiene a candidatos con techos bastante bajos en comparación a lo que estábamos acostumbrados en los últimos veinte años; con un Evo Morales que en su momento ganó con 64%, un Luis Arce que ganó con el 55%. Hoy, muchas candidaturas que han encontrado muy rápido su techo entienden que la única forma de ganar es bajando al otro candidato, porque ya no hay posibilidad de que puedan subir más. Y para llegar al primer lugar, en vez de intentar apelar a ganar mayor votación, lo que les queda es procurar hundir al otro.
Pero además viene siendo una guerra sucia virulenta, que ha terminado rompiendo algunos códigos básicos, como no meterse con las familias. Es muy dura y solo es explicable a partir de la desesperación de querer bajar a otra candidatura. Y posiblemente ese escenario se termine replicando con más crudeza en una eventual segunda vuelta.
— Veamos las campañas caso por caso, cuáles consideras que han sido sus fortalezas y también sus debilidades, técnicamente hablando. Vamos por orden alfabético, ¿cómo has visto la campaña de Pavel Aracena?
Encuentro que es casi una campaña testimonial, fantasma. Es alguien que no ha tenido los recursos. Creo que otra cosa que queda clara es que hoy, y desde siempre, las campañas necesitan, además de buena narrativa, de buen discurso, precisan estructuras y recursos mínimos para funcionar. La de Pavel Aracena es una campaña que no tiene ni recursos ni estructura. Por eso percibo que es una candidatura casi fantasma y muy intrascendente. No tiene base social, no tiene equipo de comunicación, no tiene gran producción de mensajes y está destinada a quedar al margen y muy posiblemente a perder la sigla.
— ¿Eduardo del Castillo?
La campaña de Eduardo del Castillo es una candidatura de emergencia, digamos. No se veía venir. Pienso que ante el derrumbe y la asignación de culpabilidad de la crisis del sistema político y del gobierno nacional, lo terminan poniendo de candidato.
Él comienza con una campaña muy de centro, pero Eduardo del Castillo tiene un problema en términos identitarios: posiblemente él representa la antítesis del MAS. Es del oriente, es barbudo, blanco. Él no representa en términos identitarios lo nacional popular, lo indígena, lo campesino.
Ahora es un candidato que, en términos de oratoria, es muy seguro. Ha planteado propuestas, pero él está nadando en contra de la corriente. ¿Cuál es la corriente? La exigencia de un cambio en la conducción política del país y, obviamente, en esa demanda de cambio lo fundamental es alguien que esté alejado del actual gobierno. Y de alguna manera, Eduardo termina representando a la candidatura del gobierno.
Es un buen candidato. Tiene buena oratoria, propuestas, un equipo de comunicación que produce como se debe en estas campañas, inunda las redes, produce de manera masiva, segmenta sus contenidos, pero no basta con buena producción cuando la corriente de opinión pública va por otro lado.
— ¿Cómo ves a Samuel Doria Medina?
Samuel Doria Medina ha tenido el éxito de poder enmarcar la campaña. Él le ha puesto un marco de referencia a la competencia y su frase de «cien días, carajo», ha terminado de enmarcar un contexto. Esto le ha permitido llevar una ventaja. Pero también creo que él ha sido víctima de una campaña precoz que comenzó de manera muy anticipada.
Tanto Tuto Quiroga como Samuel Doria Medina, que al principio planteaban que iban a estar aliados, han comenzado sus campañas en diciembre y estas han envejecido rápido. Es realmente muy, muy difícil sostener una campaña durante nueve meses y eso se nota. Son campañas que al parecer han llegado a su techo y les ha costado muchísimo reinventarse. Justamente, el gran desafío que ahora tiene Doria Medina es reinventarse y llegar a nuevos votantes.
Por eso se ve que tanto él como Quiroga están de alguna manera estancados y sin posibilidad de crecer en este momento. El desafío para Samuel es cómo encuentra la vuelta discursiva para renovar su campaña, para que esta no sea percibida como vieja, como consigna, y que pueda atraer nuevos votantes.
— ¿Cómo percibes el desempeño de Jhonny Fernández?
Esa es la campaña de la chacota, de la improvisación. Creo que él pone la sigla ahí como instrumento de negociación, aunque hasta el momento no termina de cerrar nada. Faltan días para la elección y él sigue diciendo que va a dar una sorpresa con su candidato a vicepresidente. Entonces, termina siendo hasta el momento una candidatura bastante anecdótica, la menos seria.
— Rodrigo Paz.
Rodrigo Paz es un candidato muy hábil en términos de oratoria. Creo que el destino le juega muy bien con el cambio de su vicepresidente. Él primeramente escoge al hijo de un empresario minero potosino, que era un desconocido, pero que posiblemente sí hubiera sido un buen financiador de campaña. Este termina yéndose como senador de Doria Medina. Al final, opta por un outsider de las redes sociales, que para mí lo potencia mucho, que es el capitán Edman Lara. Si uno se fija, es un hombre que no da entrevistas en medios de comunicación, prescinde totalmente de ello y se dedica exclusivamente a comunicarse en redes sociales. Posiblemente porque quizás tenga falencias de formación y porque ir a medios de comunicación pueda exponerlo. En una encuesta que publicó Cadena A, se muestra que él es el candidato a vicepresidente que tiene mayor aprobación.
En suma, Rodrigo Paz surge de abajo, y de alguna manera él termina captando algo del voto de Jaime Dunn, que es un voto que quería renovación del sistema político, porque lo ve de alguna manera como a alguien nuevo. Hay una sed de renovación del sistema político en parte del electorado. Algo de eso es lo que captura el binomio de Paz y Lara.
— ¿Qué piensas sobre la campaña de Tuto Quiroga?
Tuto Quiroga es un candidato que tiene buenas características discursivas, pero creo que hay dos versiones. Hay un Tuto Quiroga de inicio de la campaña, que lo veo resumido en dos entrevistas. Una en enero de este año que decía que, por ejemplo, Manfred Reyes Villa era un «tilín con bigote», y otra de hace pocos días en la que decía que Manfred era un gran alcalde de Cochabamba. Tienes un Tuto que ha migrado, que entiende en su estrategia discursiva que la radicalidad antimasista no le va a servir para ganar una elección.
Tienes un Tuto que se ha visto obligado a hablarle al votante de centro, que sabe que siendo el radical antimasista únicamente no puede ganar la elección, que tiene que mostrarse más abierto a los centros. Creo que la fortaleza que tiene la campaña de Quiroga es el manejo de la oratoria que tiene él. Por lo menos se muestra muy seguro, aunque muchas veces habla mucho y dice poco, pero en las formas se muestra firme.
¿Cuál es su debilidad? Una debilidad histórica. A él le cuesta muchísimo conectar con el centro electoral y más aún se muestra muy alejado del votante popular. Otra debilidad tremenda es su equipo, expresado fundamentalmente en su candidato a vicepresidente, de quien lo que más se ha destacado han sido sus metidas de pata. Más que un vocero serio ha terminado siendo un meme en la campaña.
— ¿Cómo ves la situación de Manfred Reyes Villa?
Él partía en punta inicialmente en las encuestas, pero tuvo algunos pecados capitales. Primero, tardó mucho en entrar en cancha electoral. El quedarse más tiempo debido a la alcaldía de Cochabamba, la crisis que le generan con el tema de la basura, porque no me quedan dudas de que hubo un fuerte componente político ahí, termina desgastando esa imagen de gran gestión municipal.
Un segundo problema es que le falta decisión para marcar distancia de manera muy clara con el gobierno de Arce. Lo hace muy tarde y eso le termina generando un daño grande, porque hay una pulsión de cambio en esta elección. Esa pulsión está justamente vinculada a buscar una antítesis al gobierno de Arce.
Después él intenta construir un discurso nacionalista. Creo que el mensaje de orden vinculado a su perfil militar es lo que él intenta destacar. Veremos cuánto pega eso en la elección.
Y además de ese mensaje de orden, está también que uno de los puntos altos donde él se pone en el centro del debate político, que es la pelea con el empresario Marcelo Claure.
Intentó aterrizar su discurso en dos propuestas concretas, que pueden ser mercadotécnicamente atractivas, pero creo que su equipo no termina de sostenerlas adecuadamente: el litro de gasolina a Bs 5 bolivianos y el de la inversión de $us 10.000 millones.
— ¿Y cómo has visto la campaña de Andrónico Rodríguez?
Andrónico Rodríguez parte con mucha fuerza del voto identitario. Él representa, si se quiere, un segundo momento del MAS. Él parecía un gran estratega político, porque entendió que, en un momento de fratricidio del MAS, lo más importante era salir vivo. No se mete en medio de la pelea entre Morales y Arce, se logra cuidar muy bien, pero ya cuando es candidato hay una demanda de que hable. Es cuando empiezan a atacarle mucho con que era un candidato mudo, un candidato que no hablaba.
En medio de una campaña donde la crisis es el tema central, él necesitaba generar certezas y cuando empieza a hablar no genera certezas. Entonces, lejos de crecer, cuando empieza a hablar empieza a decrecer, porque en vez de mostrar fortaleza y decisión, expone lo contrario.
Pero hay un error madre en la campaña de Rodríguez y es que empieza la misma como si estuviera ya en segunda vuelta. Empieza a querer capturar primero el voto de centro, asumiendo quizás de manera muy autosuficiente que él ya tenía el voto de la base del MAS, cuando no la tenía.
Y el principal rival de Andrónico en esta campaña se llama Evo Morales, pues es él quien le parte la base. Y Evo Morales está demostrando que gran parte de la base sigue con él. Así, ya en el último debate se ve un Andrónico más radicalizado, que intenta polarizar más, y que creo que ya en esta última etapa de la campaña entiende que si no tiene primero la base del MAS, posiblemente ni entre a segunda vuelta, lo que sería durísimo para el bloque popular.






















































































