Bolivia atraviesa un momento de crisis política y económica, donde discursos neoliberales que parecían haber sido superados durante el denominado «proceso de cambio» resurgen con fuerza en el debate público. Este fenómeno no es casual, sino parte de una dinámica cíclica que ha caracterizado la historia del país, con periodos de alternancia entre corrientes liberales y nacionalistas que se suceden respondiendo capítulos de grandes dificultades y transformaciones sociales.
Luis Claros, filósofo y economista, conocedor de la historia boliviana, sostuvo un dialálogo en exclusiva con Animal Político, de La Razón. En esta entrevista presenta un análisis detallado sobre este movimiento de idas y venidas a lo largo del tiempo en el país. Con una formación académica destacada, Claros cuenta con una perspectiva privilegiada para entender tanto las dimensiones materiales como ideológicas del fenómeno neoliberal en Bolivia, desde sus antecedentes históricos hasta sus manifestaciones contemporáneas.
Evolución
En su análisis, Claros plantea conceptos clave como la figura cíclica de la política boliviana, la transformación del neoliberalismo de discurso dominante a narrativa recurrente, y su reciente mutación hacia un «neoliberalismo hiperconservador» que combina liberalismo económico radical con conservadurismo político. Además, habla sobre las implicaciones de un eventual retorno al modelo neoliberal en el actual contexto electoral boliviano.
El debate sobre el neoliberalismo como proyecto político y económico en Bolivia sigue vigente a pesar de las transformaciones que ha experimentado el país en las últimas décadas. Claros nos brinda un análisis profundo y matizado sobre los ciclos políticos del país, la evolución del fenómeno y su actual resurgimiento en el contexto de crisis del proyecto plurinacional.
Nuestro invitado plantea una lectura histórica que permite entender las oscilaciones entre liberalismo y nacionalismo que han caracterizado a Bolivia desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Su perspectiva nos ayuda a comprender no solo las continuidades sino también las especificidades de cada retorno, tanto del liberalismo como del nacionalismo, en diferentes momentos de la historia boliviana.
Antecedentes del neoliberalismo
Para Claros, la historia política de Bolivia puede entenderse desde una perspectiva cíclica. «Se podría usar la metáfora del péndulo, pero creo que la figura del ciclo es más adecuada para describir las corrientes y trayectorias sociopolíticas», señala el académico.
Según explica, es posible identificar varios ciclos bien definidos. «A grandes rasgos, tenemos un periodo liberal claramente marcado (luego de la Guerra del Chaco), en el que las élites liberales ocupan el Estado. Ante esto surge una primera reacción: el socialismo militar, que luego se debilita. Después se construye el Estado del 52, uno de los ciclos políticos más relevantes de nuestra historia».
La crisis de ese Estado, prosigue Claros, «da paso al ciclo neoliberal. Luego, la crisis del neoliberalismo habilita un nuevo proceso de construcción estatal, con otras características: el llamado ‘proceso de cambio'».
El académico identifica patrones recurrentes, pero también diferencias sustanciales entre cada ciclo. «En líneas generales, se puede observar una alternancia entre ciclos liberales y ciclos nacionalistas. Sin embargo, tanto los liberalismos como los nacionalismos presentan especificidades en cada retorno. Hay continuidades, pero también diferencias sustanciales».
El neoliberalismo en los 80 y 90
El neoliberalismo en Bolivia, al igual que en el resto de la región, se instaló como respuesta a una crisis del modelo estatal previo. Claros explica que «en el caso del neoliberalismo, su emergencia a nivel mundial se remonta a los años 70. En nuestro contexto, está profundamente ligada a la crisis del Estado surgido en 1952, una crisis que ya se venía arrastrando desde hacía varios años».
La implementación del modelo neoliberal en Bolivia tuvo características específicas, vinculadas al desmontaje del Estado del 52. «Con el retorno al liberalismo, lo que observamos que la principal característica de esta etapa es el desmantelamiento del control estatal sobre la economía, justificado mediante un discurso de modernización centrado en la libre circulación del capital y la expansión de la propiedad privada».
Este proceso económico vino acompañado de transformaciones en el plano identitario y discursivo. Según el filósofo y economista, «este proceso va acompañado de un debilitamiento de la idea de identidad nacional, vinculado al discurso de la globalización, que en su momento se instaló como sentido común. El neoliberalismo se presentó como la promesa del futuro, mientras relegaba al pasado las ideas de construcción nacional y las identidades colectivas asociadas a ella».
Otro elemento característico del periodo fue la crisis de los grandes relatos políticos que habían articulado las identidades colectivas en décadas anteriores. «Con el declive tanto del nacionalismo como del marxismo, emerge una nueva forma de configurar la sociedad basada en la economía de mercado, en la propiedad individual y en una reducción drástica del rol del Estado».
Paradójicamente, señala Claros, el neoliberalismo tuvo efectos no previstos en términos identitarios. «Uno de los efectos inesperados del neoliberalismo fue precisamente esa proliferación de identidades subnacionales, que luego incluso llegaron a interpelarlo».
Liberalismo económico y liberalismo político
Una de las distinciones que plantea Claros es la que existe entre liberalismo económico y liberalismo político. Aunque ambos comparten la misma raíz, representan dimensiones distintas que no siempre van de la mano.
«Ambos comparten un núcleo común centrado en la idea de libertad. En ambos casos, el orden social se construye en torno a la libertad del individuo como principio fundamental», explica.
Sin embargo, cada uno entiende la libertad de manera diferente. «El liberalismo económico entiende esta libertad como la capacidad del individuo para participar libremente en el mercado, ejercer la propiedad privada y permitir el libre flujo de mercancías. El liberalismo político, en cambio, se enfoca en las libertades civiles y políticas: libertad de expresión, asociación, sufragio, etcétera»
Esta distinción es crucial para entender la especificidad del neoliberalismo boliviano de finales del Siglo XX. «En la década de los 90 se da un impulso prioritario del neoliberalismo económico radical: desregulación de mercados, reducción del Estado, la propiedad privada como único criterio de agregación y de apropiación de la riqueza, etc. Con un liberalismo político, sí, pero matizado y subordinado, finalmente, a los fines del neoliberalismo económico».
Declive del neoliberalismo
El declive del modelo neoliberal en Bolivia estuvo vinculado tanto a su fracaso económico como a la deslegitimación de las élites que lo administraban. Claros precisa que «las denuncias de corrupción eran altísimas, sumadas al fracaso del modelo en términos económicos. Es hacia el final del ciclo neoliberal que Bolivia se encuentra con cifras económicas deplorables: incremento de la pobreza, incremento de la desigualdad fiscal, y todo esto va de la mano con la enajenación de potencias productivas locales».
El proceso de capitalización, presentado como modernización, no entregó los resultados prometidos. «Ahí entra lo que se llamó el proceso de capitalización, que en el fondo fue una privatización; y una privatización, además, fallida en muchos aspectos».
La deslegitimación no fue solo económica sino también política. «Estas medidas se deslegitiman no sólo por sus pobres resultados económicos, sino también por el cierre autorreferencial de la élite política. Una élite poco democrática, que monopoliza los partidos a través de caudillos y círculos cerrados de poder. Entonces tenemos exclusión económica y exclusión política».
En este contexto de crisis emergieron repertorios alternativos que articularon un nuevo proyecto político. «Frente a esto, otras discursividades ya venían aflorando —como el katarismo—, que empiezan a ganar territorio hasta articular un nuevo proyecto. Ese proyecto, aunque se sostiene mucho sobre la discursividad indígena, yo sostengo que tiene como núcleo fuerte un proyecto nacionalista, muy próximo en su lógica al nacionalismo revolucionario».
Estado Plurinacional
Con la llegada del MAS al poder y la implementación del Estado Plurinacional, el neoliberalismo experimentó lo que Claros denomina una «bancarrota moral»: «Diría que, durante los primeros años del MAS, casi la primera década, ‘neoliberal’ era una mala palabra. Era muy difícil que alguien se insertara en el campo político autoafirmándose —ni siquiera como resistencia— como neoliberal».
El éxito del proyecto del MAS durante su primera década no dejó espacio para la articulación de discursos abiertamente neoliberales: «Hubo un triunfo ideológico, político y económico del llamado proceso de cambio, que no dejó espacio al neoliberalismo. Si uno observa con detenimiento, incluso las élites opositoras no asumieron un discurso neoliberal en los primeros años».
De hecho, señala Claros, la oposición se vio obligada a moverse dentro del marco discursivo establecido por el MAS: «En ciertos momentos intentaron, de manera fallida, reapropiarse de algunas banderas del proceso de cambio, aunque criticando al MAS por supuestos excesos, autoritarismos u otras razones. Pero, en general, intentaron insertarse en el campo discursivo que el MAS había establecido».
Esta hegemonía discursiva del MAS se asemeja a la que en su momento ejerció la Revolución Nacional de 1952. «Así como en su momento el nacionalismo revolucionario marcó el horizonte ideológico desde el cual todo actor político tenía que hablar, incluso sus opositores, creo que el MAS logró lo mismo durante su primera década».
El resurgimiento del neoliberalismo
El resurgimiento de discursos abiertamente neoliberales en Bolivia está vinculado, según Claros, a la disputa dentro del oficialismo. «Es recién cuando el proyecto del MAS empieza a entrar en crisis —una crisis interna de largo aliento, que podría haberse gestado durante una década, pero que se radicaliza en los últimos años— que aparecen nuevamente, y ya no como algo abyecto o excluido, discursos abiertamente neoliberales».
Este retorno también responde a cambios en el tablero mundial. «Este retorno también obedece a un contexto internacional más amplio: la emergencia de discursos de derecha fuertes en la región y fuera de ella».
Claros enfatiza que la reaparición del neoliberalismo no se debe tanto a su fuerza intrínseca sino a la crisis del proyecto alternativo. «El hecho de que estos discursos vuelvan a ganar protagonismo, creo yo, se debe más a la crisis del MAS que a una fuerza propia del neoliberalismo. No creo que haya existido en estado latente esperando emerger».
La crisis del MAS creó condiciones para el resurgimiento neoliberal. «Cuando ese horizonte comienza a fracturarse, a entrar en crisis. Cuando, desde el punto de vista económico, la idea de nacionalización empieza a ser cuestionada. Cuando ya no se habla de propiedad estatal como una vía para captar excedentes, sino del Estado como una maquinaria ineficiente».
«Ahora bien, ¿cuál es la especificidad de este nuevo neoliberalismo? Que articula una visión antiliberal en lo político con una visión hiperliberal en lo económico. Es un neoliberalismo hiperconservador», asevera el filósofo.
Porvenir
¿Qué perspectivas tiene el neoliberalismo en el actual ciclo político boliviano? Nuestro invitado advierte que, «en general, lo que se puede observar —aunque de manera un poco caótica— es una proliferación de discursos abiertamente liberales. Tenemos figuras como Tuto Quiroga, que tal vez está cerca de ese extremo, aunque algo más moderado; o Doria Medina, que fue un actor protagónico en la primera ola de privatizaciones».
El académico alerta sobre las consecuencias políticas de la privatización económica. «Cada vez que se plantea la privatización de la economía, viene de la mano una privatización de la política. Porque si reduces la capacidad del Estado de captar excedentes, si reduces el tamaño del Estado, también reduces los canales de deliberación democrática».
Finalmente, el especialista plantea otro escenario posible: que el propio MAS termine adoptando políticas neoliberales. «Porque también puede pasar —como ocurrió con el MNR en 1985— que el propio MAS, o sectores del MAS, encuentren una disponibilidad social para asumir ellos mismos una reducción del Estado. No me refiero solo a la hipertrofia burocrática, sino a una renuncia al control estatal de áreas estratégicas, lo cual equivale a renunciar a la soberanía económica».
El análisis de Luis Claros nos invita a pensar el neoliberalismo no como una doctrina inmutable sino como un proyecto político que se transforma según las circunstancias históricas. Su actual resurgimiento en Bolivia está vinculado tanto a la crisis del proyecto del MAS como a tendencias regionales y globales. Lo que distingue al neoliberalismo actual es su articulación paradójica con visiones conservadoras en lo político. Como fuere, es un imaginario presente y que está interpelando a la sociedad boliviana en un momento de crisis múltiple. Razones no le faltan.
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