La pasada semana, las redes sociales se encendieron, en la mayoría de los casos, atiborrados de indignación por los tuits racistas propagados en el pasado por el actual postulante a la Vicepresidencia por el frente Libre, Juan Pablo Velasco. Obviamente, la indignación, incluso, llegó a aquellos periodistas e intelectuales acérrimos opositores al Movimiento Al Socialismo (MAS). Esta situación develó que una sociedad democrática y tolerante tiene sus fronteras de convivencia. Esa aparente unanimidad contra el racismo es una muestra de esta postura.
Pero, estos tuits, al mismo tiempo, develaron a qué punto se llegó para que un tuitero racista tenga la posibilidad de ser vicepresidente de Bolivia. O sea: ¿qué sucedió para que hoy este tipo de personajes se anime a candidatear, nada menos, a la Vicepresidencia de Bolivia? Una de las razones se orienta al desgaste del MAS que derivó en un descontento social, incluso en las mismas bases partidarias.
Obviamente, la presencia del MAS en el espectro político boliviano se entiende en tres etapas: la polarización, la hegemonía y la crisis hegemónica. En el primer caso, se exacerbó las identidades que derivó, incluso en actos de racismo; luego, en la etapa hegemónica, ese racismo se disimuló y, finalmente, en la crisis hegemónica que se localizó en el periodo del golpe de Estado de 2019, donde, una vez más, se reavivó el racismo, pero, esta vez, viralizado por las redes sociales, especialmente, en aquellos sectores urbanos antimasistas.
Precisamente, los mensajes racistas escritos por el candidato vicepresidencial del frente Libre, se remonta a este periodo de alta polarización donde el racismo fue un dispositivo para denigrar especialmente a aquellos sectores campesinos adherentes al MAS. O sea: el racismo fue un arma en el enfrentamiento político. En todo caso, esos mensajes racistas no son nuevos; expresan un rasgo constitutivo de la sociedad boliviana que se remonta al periodo colonial.
En este sentido, hay una correlación inevitable entre el desgaste del MAS que abrió las puertas para que la oposición política expresada sociológicamente en estos sectores sociales se posicione en la expectativa electoral hasta el punto que dos frentes electorales opositores al MAS arriben al balotaje.
Esta descomposición al interior del MAS quizás abonó las condiciones necesarias para la interpelación de los partidos opositores contra el MAS. En esa interpelación, tal vez, la elección de sus candidatos, en este caso específico vicepresidenciales, respondían a esa necesidad de enfatizar una marcada diferencia con el actual partido oficialista. En esta lógica, el candidato vicepresidencial de Libre responde a este perfil de ser un acérrimo y encarnizado contrincante al MAS que se refleja en los tuits racistas propalados por Velasco en el contexto de la polarización política de 2019. Esa carga racista fue un rasgo de aquella población que salió a las calles en esa coyuntura crítica en varias ciudades bolivianas.
Esas manifestaciones públicas rechazando este tipo de actitudes racistas del candidato vicepresidencial de Libre es una muestra ilustrativa de una indignación que responde a los patrones de lo correctamente político; sin embargo, desde una mirada psicoanalítica, quizás la develación de estos tuits tenga un efecto de reforzar aquellas creencias y posturas asumidas por aquellas personas que responden al perfil del candidato vicepresidencial JP Velasco. Entonces, el meollo sobre los tuits racistas abre, una vez más, en Bolivia la necesidad de encarar decisivamente la lucha contra el racismo.





















































































