Los casos de sarampión sobrepasan los 250 en todo el país. También el coqueluche está atacando a la niñez en gran parte del territorio nacional. Los niños menores de 9 años son los principales pacientes de ambas enfermedades. Por ejemplo, sólo en Santa Cruz hasta el martes se reportaron 221 casos de sarampión y 170 de coqueluche. En muchas unidades educativas los estudiantes volvieron a las clases luego de las vacaciones invernales y antes de ingresar a sus establecimientos les pidieron, como requisito, que presenten sus certificados de vacunación. Aunque cabe hacer notar que esta exigencia no se da en todos los establecimientos.
Es una lástima que un esfuerzo de tantos años para erradicar estas enfermedades se vea amenazado con el retorno de estos virus por el descuido de los padres o tutores de niños que no recibieron las dosis de vacuna por diversas razones. Algunos padres no lo hacen porque va en contra de sus creencias religiosas. Otros basan sus argumentos en que las vacunas no permiten desarrollar las autodefensas, o que más bien provocan las enfermedades. También están los padres que carecen de la información necesaria, por ejemplo, que no saben cuándo deben acudir a los centros de salud e incluso los que ignoran que es gratuita y piensan que es un gasto que no pueden realizar.
Esta realidad amerita una campaña en la que se comprometa a toda la población en vigilante de la salud de los niños. Que los centros de salud, las facultades de medicina se comprometan a realizar una vacunación masiva, que acudan donde está la población y no al revés. Que los medios de comunicación sean puntuales en entregar información veraz a los padres o tutores de los niños y adolescentes sobre las causas de la enfermedad, los síntomas y las formas de prevención, apelando a que los adultos den una muestra de responsabilidad cumpliendo con la vacunación de la población que tienen a su cargo.
Según las autoridades de salud, el 85% de los contagios corresponde a personas entre 1 y 19 años, por eso se ha implementado una fase de vacunación que se aplique a la población entre esas edades.
El sábado, antes de las elecciones, vimos en algunas unidades educativas cuadrillas de padres de familia, convocados por los directores de esos establecimientos, equipados con baldes, trapeadores y escobillones limpiando y desinfectando aulas, patios, corredores, de tal manera que el lunes 18 de agosto sus hijos ingresen a establecimientos limpios. Las autoridades de esas escuelas estuvieron en las puertas revisando los certificados de vacunación de sus estudiantes.
Estas enfermedades debilitan mucho a quienes las contraen. Son altamente contagiosas y pueden tener graves consecuencias. Quienes no están vacunados deben acudir a los centros de vacunación, sobre todo las personas entre 1 y 19 años. Los niños entre 5 y 9 años deben recibir una segunda dosis de refuerzo. Esta es una campaña que merece todo nuestro compromiso.
(*) Lucía Sauma es periodista















































































