Diecinueve días bastaron para que el entusiasmo electoral se estrelle contra la realidad burocrática de la política tradicional. A través del Decreto Municipal 017/2026 se aprobó la nueva estructura organizacional del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz bajo una promesa de reingeniería eficiente, sin embargo, tal parece que esta reestructuración responde más a una medida política extendida de campaña que una propuesta seria de cambio.
Una ciudad no se gobierna con pirotecnia verbal ni con conceptos importados, La Paz necesita gerencia pública, no marketing institucional.
Crear denominaciones rimbombantes y confusas pero vacías es un desacierto innecesario, pues mientras la ciudadanía no termina de entender que es una Secretaría Municipal de Ciudad Inteligente o una Secretaría Municipal de Ciudad Planificada y Habitable, la emisión de certificados catastrales, licencias de actividades económicas u otros servicios funcionan a media máquina.
De igual manera, La Paz opera sin POAIs, sin un reformulado del POA ni tampoco un nuevo manual de procesos y procedimientos, paralelo a ello, los servidores públicos desconocen sus nuevas funciones o dependencias, la población no tiene respuesta a sus necesidades y se genera un entorpecimiento en materia de planificación y contrataciones, un retraso innecesario en este contexto.
Paradójicamente, la supuesta eficiencia se ha traducido en un sobredimensionamiento del Despacho del Alcalde y Secretaría Ejecutiva, a partir de esta modificación se crearon al menos 30 nuevas instancias, se eliminaron 5 y las demás se fusionaron, cambiaron de denominación o subieron o bajaron de jerarquía, sin una fundamentación sólida.
Por ejemplo, la Secretaría Municipal de Resiliencia y Gestión de Vulnerabilidades, encargada de atender el tema de riesgos en la ciudad ahora es una Dirección, es decir, se le otorgó la misma jerarquía presupuestaria y administrativa que la nueva Dirección de Economía Naranja, Industrias Creativas y Marca Ciudad. Esto no significa restar valor a la propuesta de esta u otras instancias, pero si evidencia una lectura errática de la priorización de problemas públicos; un desentendimiento de lo urgente y lo importante.
Estas modificaciones podrían justificarse si se plantea eliminar duplicidad de funciones o priorización de problemas públicos, pero es ahí donde radica la diferencia entre gerencia pública y gestión pública tradicional, pues la temática de riesgos no es un aspecto menor, al contrario, es uno prioritario.
Es cierto, la gestión recién empieza, sin embargo, dada la coyuntura y, sobre todo, los antecedentes de su antecesor, la población espera y necesita mucho más.
Son 19 días que parecen 500 noches, tres semanas de abandono e intrascendencia, donde el vacío de acción empieza a hacerse notar. La Paz ya toleró el uso exagerado de simbolismos vacíos y conferencias estériles; hoy la ciudad espera y necesita una conducción diferente, técnica y a la altura de sus desafíos.















































































