Ante la crisis inédita de la gasolina y el diésel que atraviesa el país, el pasado miércoles el presidente Luis Arce lanzó “Diez medidas transitorias para optimizar la distribución de combustibles”.
La oposición las calificó de “parches” que no resuelven el problema de fondo, mientras que el gobierno argumentó que enfrentaba un momento pasajero de falta de liquidez de dólares e instó nuevamente a la Asamblea Legislativa a aprobar los créditos que están pendientes.
Varios análisis económicos señalan que, aunque se aprobarán los créditos, lo cual está difícil, tampoco habría una solución inmediata al problema de los combustibles, ya que los créditos se desembolsan en función al cumplimiento de las obras para las cuales están destinados. El presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, criticó al gobierno por no ejecutar los proyectos ya aprobados y así lograr los desembolsos de los financiamientos ya contratados. Según Rodríguez, la ejecución es de menos del 50% de las divisas que podrían obtenerse teóricamente.
Las diez medidas tomadas por el Ejecutivo van desde aplicaciones para saber dónde hay gasolina, mayores controles del contrabando de carburantes, hasta algo que me ha preocupado mucho: «Clases virtuales en las ciudades de acuerdo a la evaluación que realicen los Servicios Departamentales de Educación».
Uno de los logros del gobierno de Arce fue devolver a los niños a las escuelas, a pesar de la resistencia de muchos maestros que les encantaban las clases virtuales porque habían encontrado actividades adicionales para ganar más platita. Para ellos la virtualidad fue muy cómoda.
En cambio, no lo fue para los chicos. Entre 2020 y 2021, los infanticidios llegaron a la terrorífica cifra de 51 y 46 respectivamente, superior en más del 30% que las cifras que se registraron posteriormente. La razón principal fue que los niños pasaron más tiempo en sus hogares bajo el cuidado de violentos.
La cuarentena rígida duró 71 días y solo en ese tiempo se reportaron 3.000 casos de violencia familiar, de los cuales el 60% fue violencia en contra de niños, niñas y adolescentes, el 10% violencia sexual en contra de infantes (¡!). Solo en esos días hubo más de 300 violaciones sexuales de niñas. Hablamos de violencia dentro de los hogares. Nada de esto pasó en las calles.
Las clases virtuales devuelven a los niños a sus casas y los datos prueban que esto es tremendamente peligroso, especialmente para ellas.
Por otro lado, la virtualidad puso en evidencia de manera cruel las distancias económicas entre unos y otros grupos. Hubo niños que no pudieron acceder a la educación virtual porque sus padres no podían pagar la conectividad; otros que ni siquiera tenían los aparatos para navegar en las redes.
No vamos a profundizar en el tema de calidad educativa, que merece otro análisis, pero hay que decir que después de la cuarentena se ha visto aún más deteriorada. Ayer este diario publicó las cifras de una medición del Observatorio Plurinacional de Calidad Educativa y realmente son para llorar. La masa estudiantil mayoritariamente no entiende lo que lee, esta es una de las conclusiones.
¿Ahí quieren volver? ¿Por qué? ¿Qué tienen que ver los menores con esta situación? ¿Por qué no se prioriza que vayan a la escuela?
Si los niños y niñas son el «futuro», como dicen los políticos hasta el cansancio, no les hagamos esto en el presente.
En la priorización de expendio de combustibles deben estar los buses escolares, que son tan necesarios como garantizar alimentos. Además hay que tomar otras medidas, pero hay que evitar exponer a los chicos. No podemos volver a hacerles eso.
Susana Bejarano Auad es politóloga y periodista.














































































