En las últimas dos semanas se agudizó un conflicto en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM) que comenzó en la forma de una revuelta estudiantil contra el supuesto autoritarismo de un jefe de carrera, y luego fue creciendo hasta desembocar en múltiples demandas contra docentes, estudiantes y hasta el mismo decano. Estamos hablando de la Facultad de Ciencias del Hábitat, Diseño y Arte (F.C.H.D.A.) de la Universidad Gabriel René Moreno en Santa Cruz de la Sierra, dirigida por el Arq. Fernando Blanco Ruíz, que asumió la decanatura hace dos meses.
Esta facultad engloba cuatro carreras: Arquitectura, Diseño Integral, Plan Territorial y la más modesta de todas, Arte. Se conoce que la Carrera de Arte es la que cuenta con menor cantidad de horas académicas en la universidad pública de la ciudad. Esto quiere decir que las opciones de materias para tomar son reducidas; luego, de los pocos docentes que dictan clases, tres son los reconocidos artistas Lorgio Vaca (1930), Tito Kuramotto (1941) y Olga Ribera (1944) –muy dedicados y apreciados, pero cada uno de ellos con más de ochenta años de edad. Raya, pues, en lo obvio la necesidad de atender a esta renovación y apertura de materias.
En términos de pénsum, la malla curricular continúa anclada al ciclo común de la facultad, de modo que durante el primer año de estudios los estudiantes deben llevar materias de áreas exactas como Cálculo u otras ligadas a Física, por citar ejemplos –las cuales están más enfocadas a las carreras de Arquitectura y Plan Territorial. Y no existen materias, por ejemplo, de arte contemporáneo, investigación artística, museografía o curaduría.
En cuanto a infraestructura y ubicación geográfica, la Carrera de Arte está dispersa, ya que la central se encuentra en la calle Seoane en una casa vieja dentro del centro histórico, reacondicionada a medias para aprovecharse como aulas, espacios de talleres, salón tipo auditorio, oficinas y depósito, además de dos baños pequeños; la otra locación son un par de aulas prestadas en la Facultad, que se encuentra en la entrada al lujoso barrio de Equipetrol, y algún espacio más en los módulos.
El conflicto
Entrevistamos a los estudiantes que estaban realizando la protesta en la universidad, así como al director de carrera Pedro Bazán. También conversamos con su hija Brenda Bazán. Del mismo modo escuchamos visiones de un par de docentes neutrales que prefirieron no ser nombrados.
Los estudiantes, a quienes fuimos a entrevistar en el tercer día de la toma pacífica de las instalaciones de la Facultad de Ciencias del Hábitat, Diseño y Arte, explicaron sus demandas, las cuales están subidas en una cuenta anónima en TikTok: @artritis. Pidieron que no se mencionen sus nombres por temor a represalias. La pregunta era: ¿por qué el pedido radical de renuncia del director Pedro Bazán, y qué hizo que se quebrara la buena relación que parecía haber internamente? En el grupo de una veintena de estudiantes, la mayoría eran mujeres, y fueron quienes hablaron: «En realidad el descontento ya viene desde hace tiempo, solo que ahora es como que recién explotó todo».
El director Bazán al respecto indica que todo estaba bien, fue recientemente reelegido en octubre de este año con buena mayoría de votos, y señala al decano como una de las raíces del conflicto: «En cuatro años no tuve problemas, hasta que entró este nuevo decano, y este Centro Interno de Estudiantes que son los que le hicieron campaña. Lo primero que hizo este señor al ser decano fue quitarme mi personal sin ningún consenso, se los llevó a otra parte. Luego mandó un requerimiento indicando que teníamos que irnos como oficina a la Facultad, donde no hay espacio, incluso allá viven peleándose por los taburetes».
Los estudiantes, por su parte, luego de que el Sr. Bazán se negara a moverse a la Facultad en la asamblea del 15 de octubre, le achacaron nepotismo y conductas de abuso de poder: «Maneja la carrera como si fuera su casa»; «Le da preferencias a su hija dentro de la carrera, cerró un aula para que ella tuviera su proyecto de grado sin que nadie lo toque». En general, el grupo de movilizados manifestó la necesidad de que haya más espacios en la central en la Seoane, y discreparon con los criterios de uso de espacios que ha hecho el actual director. Lo acusan de convertir ese predio en una instalación para su familia. «Además le deja a su esposa que controle los baños de la carrera, siendo que ella es una estudiante más, al igual que su hija» –remataron.
Al respecto, preguntamos al director si había cometido el error de no transparentar el funcionamiento de cómo se daban estos apoyos de su familia dentro de la carrera. Su respuesta fue categórica, negando cualquier atisbo de nepotismo: «Mi hija me ha apoyado todos estos años de manera desinteresada, al ver que yo no tenía ayuda, y ella lo hizo sacrificando de su tiempo sin recibir un solo peso». Bazán señala que no cuentan en la Carrera de Arte más que con tres ítems, uno de dirección y los otros de dos personas de apoyo administrativo, designadas por la misma facultad, que no tienen conocimiento en el área de arte. «No tenemos un coordinador académico, y venimos pidiendo, además, tener limpieza y seguridad, me cansé de enviar cartas gestionando». En esta realidad, indicó que ha sido su esposa quien le ha estado ayudando a realizar la limpieza dentro de la carrera.

La causa
En suma, el director Bazán quiso poner en conocimiento el atropello que estaba cometiendo el decano Fernando Blanco al imponer el traslado de las oficinas de la Carrera de Arte a la Facultad, lo hizo llamando a una asamblea el 15 de octubre, en la que tuvo fricciones con miembros del Centro Interno de Estudiantes y hasta con una docente miembro del Consejo Facultativo. Consideró que la reunión estaba siendo «saboteada», decidió suspenderla y retirarse. Este fue el vaso que agotó la paciencia de todas las partes envueltas: el decano, el director de carrera, el Consejo Facultativo y el Centro Interno de Estudiantes, después de lo cual se movilizaron los estudiantes.
Bazán se ha visto solo y avasallado por los ataques y críticas en TikTok, Facebook y otras redes, pero además con las medidas de presión ejercidas en las ubicaciones donde pasan clases las carreras de arte. Incluso estudiantes de otras carreras se han manifestado en apoyo a la causa de los estudiantes de arte –conmovidos quizá por una aparente causa antiautoritaria que iría a favor de la justicia y respeto al cogobierno. Pero ver que sea el mismo decano Blanco quien apoye la pérdida de clases en la facultad por tres días, debido a este desencuentro, ha sido, como mínimo, raro. También resulta cuestionable que el mismo decano aparezca en Canal 11 TVU indicando que «los muchachos están muy molestos, quieren que el director Bazán renuncie, ha incurrido en maltratos hacia ellos e incluso a una docente que, si dijera ahora lo que le hizo, sería para más motivo de enojarse».
El director Bazán estuvo dando su versión en dicho programa, pero fue más cauto, ya que todo ha desembocado en demandas dentro de la normativa interna y que ahora están en manos de un tribunal de justicia superior. También estuvo dando su testimonio una secretaria ejecutiva del Centro Interno de Estudiantes, Angélica Algarañaz. Ambas partes anuncian tener las pruebas de sus acusaciones. El veredicto deberá darse de manera imparcial. Por ello, resulta cuestionable que sea el decano Blanco, quien indica simplemente ser una parte mediadora en busca de dar soluciones, quien aparezca en televisión ya dictando sentencia en contra de una autoridad electa al igual que él, el arquitecto Bazán, con quien debería tener toda la capacidad de sentarse en una mesa en su despacho para resolver el problema. Los tiranos que solo mandan desde sus oficinas papeles membretados con determinaciones unilaterales suelen levantar mucho polvo. También los otros, quienes no responden a las demandas legítimas que les puedan hacer de manera formal los que gozan de menos poder.
En cuanto a Brenda Bazán –que ha sido aludida por las quejas de los estudiantes–, ella es una conocida artista de nuestro medio –profesional en diseño–, y experta en instalaciones y proyecciones de videomapping. Explicó lo siguiente: «Estudié en la carrera para complementar con un título en arte, y en el camino, aprovechando mi experiencia ya de muchos años, he intentado ayudar a los estudiantes y coordinar cosas a favor de la carrera. Pero yo tengo mi vida aparte, hago proyectos de diseño para empresas y me saco el tiempo para terminar de graduarme en arte». Respecto de la afirmación del decano en aquella entrevista, indicando que Bazán pone a su hija a dictar materias en lugar de contratar otros docentes, respondió: «Nunca he dado clases por mi cuenta en la carrera de arte ni en la facultad. Sí he ayudado a mi papá a veces en su materia, por mi conocimiento, para que no se perjudicaran los estudiantes, sobre todo esto fue en la época de la pandemia cuando era virtual. Pero esa afirmación es completamente falsa».

Conclusiones
A la fecha, el decano Blanco le quitó toda autoridad y acceso al director Bazán en su antigua oficina, donde este indica que están sus papeles y hasta exámenes de sus materias que debe corregir. Todo el inventario pasó a nombre del decano, y ya le asignó su nuevo espacio de trabajo dentro de la Facultad. Mucha imposición y falta de conversación fueron recurrentes en este conflicto. Los estudiantes movilizados y el Centro Interno de Estudiantes, apoyados por la FUL e instancias anexas, presionaron con la renuncia de Bazán, pero parece que lo crucial era simplemente moverlo de oficina. Todo se fue acallando.
¿Qué autoridad estará velando ahora por el orden, la limpieza, la distribución de espacios y organización de actividades dentro de la central de la Carrera de Arte? ¿Y qué tanto ganarán los estudiantes con este traslado forzado que ha habido? ¿Se resolverán los problemas estructurales de mayor dotación de carga horaria, modificación de la malla curricular, inversión en el mantenimiento de la infraestructura? Bazán afirma que varias de las respuestas a esas urgencias estuvieron durmiendo durante años en instancias del Consejo Facultativo, y el actual decano tendrá directa responsabilidad en que se resuelva.
En todo caso, cabe señalar que incluso dentro de una de las carreras universitarias menos favorecidas, ha podido producirse este conflicto con un componente político dominante, entre un hombre que es más académico y menos político, como el arquitecto Bazán, y otro frente más experimentado en la campaña política, que ha puesto de su lado a los estudiantes que quieren cambios, muchos de ellos legítimos. Las cartas fueron puestas en la mesa y solo se espera resoluciones.




















































































