Bolivia se encamina a cerrar 2026 con una contracción del 3,2% de su Producto Interno Bruto, según las proyecciones publicadas por el Banco Mundial. Las cifras corresponden a su informe Panorama económico de América Latina y el Caribe, de abril de 2026. Sería el tercer año consecutivo en rojo, tras caídas del 1,1% en 2024 y del 2,1% en 2025, lo que convierte al país en el caso más preocupante de Sudamérica.
El contraste con la región es marcado. Mientras Bolivia se contrae, el informe destaca que «Paraguay sigue superando el promedio regional, respaldado por exportaciones agrícolas fuertes, la expansión de la generación eléctrica y un marco macroeconómico estable». Chile y Perú «muestran un crecimiento moderado, respaldado por inversiones en minería e infraestructura». Argentina «ha emergido como la principal excepción al alza, ya que la estabilización y las reformas han mejorado las expectativas y las condiciones financieras».
Bolivia en el contexto regional
Con todo, el panorama regional tampoco es brillante. El Banco Mundial proyecta un crecimiento de apenas 2,1% para América Latina y el Caribe en 2026, «ligeramente por debajo del 2,4 por ciento de 2025. Esto deja a Latinoamérica nuevamente como una de las regiones del mundo con crecimiento más lento». Pero dentro de ese escenario mediocre, Bolivia se hunde sola.
Los marcos generales que presentan los analistas del Banco Mundial encajan con varios de los problemas que arrastra el país. «Los déficits fiscales siguen siendo persistentes en gran parte de la región, incluso donde los balances primarios han mejorado. Es así porque los elevados pagos de intereses continúan afectando los balances generales y reduciendo el espacio para los gastos prioritarios».
El diagnóstico estructural del informe va más allá de la coyuntura. El Banco Mundial sostiene que el desempeño económico de la región «ha sido decepcionante tanto en los modelos intervencionistas como en los no intervencionistas». Además, comparado con Asia, «el crecimiento ha sido menor y el crecimiento de la productividad a menudo mínimo o negativo».
La proyección para 2027 es de un rebote del 4,0%, aunque se trata de un repunte estadístico tras tres años de caída. Para que esa recuperación se consolide, el informe insiste en una agenda que va mucho más allá de los precios de las materias primas: fortalecer capacidades, desarrollar capital humano, profundizar mercados financieros y, sobre todo, fortalecer al Estado.
Todas estas últimas son áreas en las que Bolivia, según los propios indicadores citados por el Banco Mundial, sigue rezagada.




















































































