El manejo del arancel por parte del Presidente Trump 1.0 y en Trump 2.0 me recuerda a la administración de la política arancelaria de los países «tercermundistas» de los años setenta y ochenta, caracterizada por una gestión discrecional en función de determinados sectores y grupos, con un arancel nominal tipo sastre o a la medida del cliente, sin tomar en cuenta los efectos en los insumos, en la competencia y en la propia cadena productiva nacional, bajo el título de proteger la industria y el empleo y superar la dependencia externa. El arancel fue utilizado para aumentar los recursos fiscales y no como mecanismo de asignación de recursos. La llamada «política proteccionista» quedó como mala palabra, condenada en los textos post Consenso de Washington en los ochenta, por sus efectos adversos en el consumo y en los precios, por el fracaso de la industrialización con base en la sustitución de importaciones y el aumento de la dependencia externa.
En los tiempos actuales, después de casi medio siglo, el «proteccionismo» se marcha hacia el norte, a EEUU, asociado a la defensa de la producción nacional industrial y al logro de la independencia económica nacional, bandera del MNR en la Revolución de 1952. Así señala la Orden Ejecutiva de Trump: «Tanto mi primera Administración en 2017 como la Administración Biden en 2022 reconocieron que el aumento de la fabricación nacional es fundamental para la seguridad nacional de Estados Unidos». Señala que según datos de las Naciones Unidas de 2023, «la producción manufacturera de Estados Unidos como proporción de la producción manufacturera mundial fue del 17,4 por ciento, por debajo del máximo alcanzado en 2001 del 28,4 por ciento». El PIB manufacturero representa en 2024 solo el 11% del PIB total y que el declive de la capacidad manufacturera de EE.UU. amenaza a la economía, puesto que de 1997 a 2024 perdió alrededor de 5 millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero y experimentó una de las mayores caídas en el empleo manufacturero de la historia.
Así, un artículo de la Casa Blanca del 2 de abril concluye que: «Los aranceles funcionan —y el primer mandato del presidente Trump lo demuestra» y que «los aranceles son una herramienta eficaz para lograr objetivos económicos y estratégicos —tal como lo hicieron en el primer mandato del presidente Trump».
Empobrecimiento del vecino
Al proteccionismo, Keynes denominó «políticas para empobrecer al vecino», como en el caso de las políticas arancelarias que aplicó Herbert Hoover como presidente de Estados Unidos en el periodo 1929-1933, que precipitó y acentuó la Gran Depresión, arruinó a todo el mundo. Después del desastre, en 1934, EEUU reaccionó ante el colapso del comercio mundial con la Ley de Acuerdos Comerciales Recíprocos de 1934, buscando la liberalización comercial mediante reducciones arancelarias bilaterales. Entre 1934 y 1945, el Poder Ejecutivo negoció y firmó 32 acuerdos comerciales bilaterales recíprocos destinados a reducir las tasas arancelarias sobre una base recíproca, según reconoce la Orden Ejecutiva del 2 de abril.
Ahora, 90 años después, la historia, mejor es decir, los errores se repiten aunque, a diferencia del pasado, Trump 2.0 maneja el arancel de la primera potencia mundial, está haciendo lo sucedido en los años 30 pero en un mismo y casi simultáneo proceso. Es decir, eleva o amenaza subir el arancel e inmediatamente suspende su aplicación para negociar y establecer excepciones, todo ello bajo la idea final de llegar a reducirlos o suspenderlos mediante acuerdos bilaterales para así lograr un comercio recíproco y justo. No obstante, su estrategia tiene otro objetivo, declarado más recientemente: generar ingresos para ayudar a financiar las reducciones de impuestos. Se estima que los aranceles de Trump generarían una suma de 2.8 billones de dólares en 10 años, de acuerdo con el Tax Policy Center y que el objetivo es que lo recaudado cubra una tercera parte de la deuda total que tiene actualmente.
El tema de fondo es que Trump cree que todos los países están en su contra, ya sea enemigos o aliados, porque tienen su política comercial diseñada para «aprovecharse» y «estafar» a los EEUU, es decir, para empobrecerlo, por lo que quiere hacer de nuevo grande «Make America Great Again» (MAGA) y que para ello ha llegado el 2 de abril, el día de la liberación, el Independence Day 2.0, donde defenderá con el arancel recíproco, ya no de los alienígenas, sino del resto del mundo que ataca el mercado estadounidense.
El arancel recíproco y los anexos
Lo que me preocupa como economista es que Trump, el Jefe de Aduanas del país más grande del mundo desde el punto de vista del PIB a precios de mercado, maneje su política arancelaria, con efectos en la economía mundial, con tanto descuido, falta de prolijidad, con suspensiones, amenazas y cambios de medidas. Cabe recordar que inicialmente en su Política Comercial «America First» se planteó un arancel global e inmediatamente después propuso un arancel recíproco en función del arancel y barreras que aplica cada país y, posteriormente, se mencionó un arancel solo para los 15 países «sucios». El frenético proceso interno y los apuros de última hora no son extraños para Trump; sin embargo, espero que no maneje así una situación de guerra nuclear.
La Orden Ejecutiva establece: «El derecho ad valorem adicional sobre todas las importaciones procedentes de todos los socios comerciales comenzará en el 10 por ciento y, poco después, el derecho ad valorem adicional aumentará para los socios comerciales enumerados en el Anexo I». Se aplicará a partir del 5 de abril el arancel mínimo y el 9 de abril el arancel del anexo I.
Al final del día, Donald Trump se decidió por los aranceles recíprocos sobre la base de un 10% mínimo a todos los bienes que entran a Estados Unidos y tasas variables según los aranceles y barreras no arancelarias que aplican los países a las exportaciones estadounidenses, que van desde un 10% aplicado a Chile y Reino Unido, por ejemplo, pasando por un 20% de la Unión Europea (con déficit comercial) y Bolivia (sin déficit comercial) y 34% China, hasta llegar a un 46% Viet Nam y Camboya un 49%. Llama la atención la exclusión de Rusia del Anexo 1.
Establece en el Anexo II los productos que no estarán sujetos a los tipos arancelarios ad valorem previstos en la presente Orden, sino a un tratamiento específico para los productos del acero y el aluminio, las importaciones originarias de Canadá y México, el sector automotor y sus partes, así como otros productos como el cobre, los productos farmacéuticos, los semiconductores, los artículos de madera, determinados minerales críticos y la energía y los productos energéticos. El criterio es que no exista superposición o sobrelapamiento con el arancel del 10% ni del arancel por país.
En síntesis
En resumen, el shock arancelario de Trump consiste en varios niveles (Esquema 1):
i) En el primer nivel está el arancel del 10% uniforme a todos los países.
ii) En el segundo nivel, Anexo I, estarían los aranceles específicos aplicados a cada socio comercial en un rango entre 10% y el 49%.
iii) En el tercer nivel estarían los productos y países (Anexo II) con aranceles especiales. No estarán sujetos a los tipos arancelarios ad valorem previstos en la presente Orden:
a. El arancel del 25% aplicado a las importaciones de acero y aluminio y derivados.
b. El arancel del 25% aplicado a las importaciones de México y Canadá con excepciones a los productos originarios y con contenido incorporado estadounidense bajo el T-MEC, siempre que al menos el 20% del valor del artículo en cuestión sea originario de los EE. UU.
c. El arancel del 25% que se gravará a las importaciones de productos del sector automotor y sus partes.
d. El arancel que se aplicará a otros productos como el cobre, los productos farmacéuticos, los semiconductores, los artículos de madera, determinados minerales críticos y la energía y los productos energéticos.
Las repercusiones del shock arancelario de Trump, el Aduanero del Mundo, son tremendas, no solo en la economía, al provocar un shock inicialmente de oferta y luego de demanda, sino en la geopolítica mundial, y requiere de un análisis más profundo, pero una primera impresión es que provoca una ruptura del Orden Multilateral, de la Organización Mundial del Comercio, vigente desde la postguerra, centrado en el principio de no discriminación, también denominado principio de Nación Más Favorecida (igual trato para todos los demás) que dispone: «Los países no pueden establecer discriminaciones que afecten las relaciones comerciales, de manera que las ventajas o eliminación de barreras que se apliquen a un país deben hacerse extensivas a los demás miembros de la OMC sin importar que sean ricos o pobres, débiles o fuertes». Principios de la Organización Mundial de Comercio, OMC.
Significa, por tanto, la imposición de la política unilateral, de las reglas del más fuerte, del retorno a la política del garrote y el inicio de una fase de transición repleta de negociaciones, amenazas, represalias y acuerdos bilaterales que aumentarán la incertidumbre y volatilidad en los mercados financieros y en la economía mundial, incrementando las probabilidades de recesión y el retorno de la inflación no solo en los EEUU sino en el resto de países. Y la Guerra Comercial apenas ha empezado.
Los mercados bursátiles en EEUU, según Reuters, registraron sus mayores caídas en dos días desde que el coronavirus emergente causó pánico global durante el primer mandato de Trump. Asi, entre el jueves y viernes, el Dow Jones bajó un 9,3%, el S&P 500 un 10,5% y el Nasdaq un 11,4%. El índice de volatilidad o índice del miedo terminó en el nivel de cierre más alto desde abril de 2020. Una buena señal. Y la Guerra Comercial apenas ha empezado, puesto que China empezó el contraataque con una represalia equivalente al 34% del arancel adicional para todas las importaciones procedentes de EEUU.




















































































