Los futuros del Brent cotizaron esta semana alrededor de los $us 120 por barril y el WTI en torno a los $us 110. Estos son los niveles más altos desde junio de 2022. Estas cifras son ya de por sí casi un 65% superior al inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero pasado. Sin embargo, esconde una situación mucho más crítica: en los puertos asiáticos se están pagando primas que llevan el precio físico del crudo cerca de $us 150 por barril. Los analistas de JPMorgan calculan que para la segunda semana de mayo los inventarios mundiales —reservas estratégicas y existencias privadas— estarán completamente agotados. Lo que comenzó como un shock geopolítico contenido por la liberación récord de reservas se está transformando en un déficit físico que ningún alto el fuego podrá revertir en el corto plazo.
Precios del petróleo en montaña rusa
La trayectoria del Brent desde el 28 de febrero ha sido la más violenta desde la pandemia. Tras el ataque iraní contra las instalaciones de Ras Laffan en Qatar, el barril saltó de $us 72 a casi $us 120 en apenas diez días. La liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas coordinada por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) el 11 de marzo logró devolverlo a $us 90. Pero el alivio fue efímero: el alto el fuego del 8 de abril se desinfló y Trump instaló un bloqueo naval contra Irán.
Según la Administración de Información Energética estadounidense, el precio al contado del Brent llegó a cotizar con una prima de más de $us 25 por barril sobre los futuros. Es el mayor diferencial en su serie histórica. La AIE lo describe sin rodeos en su informe mensual de abril. «La desconexión entre barriles en físico y futuros está volviéndose cada vez más aguda», señala el reporte.
El colchón se agota
La liberación de marzo consumió un tercio de las reservas estratégicas de petróleo de los 32 países miembros de la AIE. Su director ejecutivo, Fatih Birol, fue claro desde el principio: «esto solo ayuda a reducir el dolor, no será una cura. La cura es reabrir el Estrecho de Ormuz. Estamos ganando tiempo, pero no pretendo que esta liberación de reservas sea una solución».
El tiempo casi se acaba. Goldman Sachs estimó esta semana que los inventarios mundiales se están retirando a un ritmo récord de 11 a 12 millones de barriles diarios. La Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense, la mayor del mundo, ha caído a 409 millones de barriles, el nivel más bajo desde 1984. Alemania, Francia, Italia y Reino Unido ya están por debajo del umbral de 90 días de cobertura que la propia AIE exige a sus miembros. Una segunda liberación coordinada de la magnitud de marzo resulta inviable.
El daño duradero
Los daños físicos son históricos: más de 80 instalaciones energéticas afectadas, según la AIE. La recuperación podría tardar hasta dos años incluso si el Estrecho se reabriera hoy mismo. La planta de Ras Laffan, responsable del 20% del GNL mundial, lleva fuera de servicio desde el 2 de marzo, y los daños del ataque del 18 de marzo requerirán entre 3 y 5 años para repararse por completo. Casi 3 millones de barriles diarios de capacidad de refino del Golfo están parados, lo que ha disparado el precio de los destilados medios —diésel y combustible de aviación— a máximos históricos en Asia. Birol fue contundente: «el jarrón está roto, el daño está hecho. Será muy difícil volver a juntar las piezas. Esto tendrá consecuencias duraderas para los mercados mundiales de la energía durante años».
Lo que viene
El Banco Mundial, en su Commodity Markets Outlook del 28 de abril, advirtió que los precios de la energía subirán un 24% en 2026 y que la inflación en las economías en desarrollo alcanzará el 5,1%. Su economista jefe, Indermit Gill, sintetizó la situación diciendo que «la guerra es desarrollo en sentido inverso». JPMorgan habla ya de un rango de $us 150 a $us 200 por barril de petróleo cuando los inventarios toquen fondo.




















































































