Las elecciones bolivianas de 2025 se desarrollan en un contexto político inédito. Por primera vez desde la llegada del Movimiento al Socialismo (MAS) al poder, dos factores disruptivos han alterado radicalmente el panorama electoral: una crisis económica severa y la fragmentación del bloque popular. El politólogo Carlos Saavedra ofrece un análisis a profundidad de estos fenómenos y sus implicaciones para el futuro político del país.
Crisis multidimensional y quiebre del bloque popular
Según Saavedra, estos dos elementos «son determinantes en la configuración del escenario electoral y político» actual. Nuestro invitado explica que Bolivia «ha tenido permanentemente periodos de crisis política», pero lo que diferencia el momento actual es la convergencia de múltiples crisis. «Luego del 2019 han terminado generando sinergia la crisis política, que después se junta con la crisis sanitaria del Covid-19 y eso genera la crisis económica», señala.
La particularidad de este proceso radica en que «mientras se tenía episodios de crisis políticas, por otro lado se tenía una estabilidad económica que generaba tranquilidad en la población». Esta vez, sin embargo, «ingresamos en una etapa de crisis de dimensiones múltiples» que se profundiza por un factor clave: «se quiebra el bloque popular».
El politólogo es enfático al señalar que «ese resquebrajamiento del bloque popular hace que la facción que ha estado afuera del bloque institucional de gobierno liderada por Evo Morales decida generar alianzas con el antimasismo para boicotear la gestión especialmente económica del gobierno». Esta estrategia resultó nociva para la administración de Luis Arce, quien «no sabe leer eso, entiende muy tarde que la articulación política en su contra iba a ser letal para la economía del país».
Los hitos de la fragmentación
Para comprender la actual división, Saavedra identifica varios momentos clave en su evolución. El origen se encuentra en la naturaleza misma del MAS. «El fenómeno de que se haya tenido siempre un bloque popular disperso ha sido determinante en la historia. Se ha ido unificando en algunos momentos, con un liderazgo más de élites, como el caso del MNR, y por primera vez en la historia con un liderazgo de rostro indígena y de procedencia sindical como el de Evo».
Esta unificación, sin embargo, vino de la mano con «una hiper personalización del liderazgo» que eventualmente cobraría su precio. El primer momento crítico se sitúa «después del 21 de febrero de 2016, donde sin que públicamente haya muchas voces, muchos ven como un error el haber llevado ese referéndum a cabo». El segundo hito fue «la habilitación forzada de Evo Morales, que eso tiene un desenlace al 2019».
La crisis de 2019 marcó un punto de inflexión donde «hay mucha gente del movimiento socialismo que desciende y reclama el error histórico que tuvo el MAS y especialmente Evo Morales». En este contexto, figuras como Eva Copa adquirieron relevancia política. Ella, «por haber sido la primera que dijo que fue un error y que el hiperpersonalismo de Evo iba a generar y generó un descalabro político».
El pacto roto entre Arce y Morales
La elección de Luis Arce en 2020 introdujo una dinámica política inédita. Saavedra menciona que, según algunas versiones, «Evo puso a Luis Arce en la elección con el cálculo de que el MAS iba a perder». Sin embargo, las condiciones excepcionales, incluyendo la pandemia y los errores del gobierno de Áñez, permitieron la victoria de Arce, «sorprendiendo al mismo Evo Morales, inclusive».
Inicialmente se estableció «un primer momento de pacto en el cual se entendía que Arce iba a ver la gestión administrativa del Estado y que Evo Morales iba a ver la conducción política». Esta fue «la primera vez en la historia de la democracia reciente que tienes un presidente que no es el líder de su partido», una situación que inevitablemente generaría tensiones.
La convivencia duró aproximadamente un año. «Ya en 2022, cuando Arce logra superar la pandemia», el evismo comenzó a percibir «un riesgo de que Arce se posicione como un líder viable». El punto de quiebre definitivo llegó «después de las movilizaciones por el censo». Es entonces cuando «comienza con toda la pelea Evo versus Arce».
Saavedra identifica este momento como nflexivo, diciendo que «después del conflicto de 2022, después de haber superado la pandemia y después de haberlo vencido a Luis Fernando Camacho en términos políticos, después del paro de los treinta y seis días, ven una amenaza en Luis Arce». La respuesta fue iniciar «una guerra sin cuartel» que incluyó «bloqueo de caminos, bloqueo legislativo, y una guerra de desprestigio».
El fraticidio político
El resultado de esta confrontación interna ha sido devastador para ambos líderes. Saavedra lo define como «la perfecta definición de un fraticidio político» donde «han terminado sacrificándose los dos». Mientras «Arce ha terminado también al margen de cualquier posibilidad electoral», «Evo ha quedado inhabilitado sin sigla y aislado políticamente».
Saavedra plantea una metáfora potente para entender la situación: «siempre me imaginaba al MAS como un dragón de muchas cabezas. Todas ellas se terminaban alineando al ver un enemigo fuerte al frente. Cuando lo vieron derrotado a Camacho, esas cabezas que tienen un alma beligerante, como no identifican a nadie al frente empiezan a morderse entre ellas».
Consecuencias electorales
La fragmentación ha tenido efectos concretos en el comportamiento electoral. Saavedra estima que «se ha reducido muchísimo el voto duro de la izquierda. Yo creo que antes tenía la izquierda un voto duro de un 35% y hoy eso se ha reducido por lo menos un 25%». Además, «el centro, que era clave para darte las victorias en las anteriores elecciones, que apoyaba de manera importante, que era otro de los factores decisivos en la elección, está mirando a otras opciones».
El futuro incierto
Mirando hacia adelante, Saavedra identifica las «banderas que he instalado» el bloque popular como su principal patrimonio: «La instauración de un Estado plurinacional, la transformación, al menos simbólica y en muchos elementos material, de un orden de inclusión social y político, la defensa de los recursos naturales». La pregunta central será «quién se adueña de esas banderas».
El desafío inmediato será determinar si «ante un hipotético momento electoral negativo, donde el bloque de oposición al MAS toma el poder, ellos se vuelven a reunificar o no». Saavedra advierte que «la fragmentación puede ser el mejor aliado de gobernabilidad para un gobierno de oposición al MAS».
La crisis del MAS trasciende lo electoral y plantea interrogantes profundos sobre el futuro de la izquierda boliviana. Como concluye Saavedra, esta fragmentación «es una situación que no tiene vuelta atrás», configurando un nuevo escenario político donde las certezas del pasado han dado paso a la incertidumbre de un ciclo que parece llegar a su fin.






















































































