Este 9 de mayo de 2025 cumple 80 años la histórica victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria. Así, en Rusia y las exrepúblicas soviéticas denominamos la Segunda Guerra Mundial. Ocho décadas después, el Día de la Victoria sigue siendo una de las fechas más importantes y significativas en la memoria colectiva de todos los pueblos que integraron la URSS.
La Gran Guerra Patria, que duró desde el 22 de junio de 1941 hasta el 9 de mayo de 1945, fue una lucha brutal y decisiva para el joven Estado soviético. Conquistando prácticamente toda la Europa en menos de un medio año, Hitler, obsesionado por el afán de sembrar el nazismo y odio por todo el planeta, se enfrentó con una resistencia furiosa de millones de soldados del Ejército Rojo en los campos de batalla, así como los civiles rusos que trabajaron incesantemente en la retaguardia para abastecer las necesidades del frente. Antes de la invasión, Hitler llamó la guerra contra la URSS “una guerra de aniquilación”. Sin embargo, la resistencia sin precedentes de nuestros ancestros cambió el curso de la historia mundial.
Son innumerables las hazañas logradas por el gran pueblo soviético en el transcurso de la guerra más siniestra de la historia de la humanidad. Las famosas batallas de Stalingrado, Kursk, Rzhev, por el levantamiento del bloqueo de Leningrado, asedio final de Berlín, son algunos de los hitos del coraje y determinación de nuestros abuelos y bisabuelos, quienes se negaron a rendirse a los fascistas y se vieron dispuestos a pagar un precio inmenso a fin de conseguir la victoria. Para ser más preciso, aquel cambio del viraje de la historia mundial nos costó más de 27 millones de vidas perdidas, economía absolutamente devastada y ciudades demolidas. ¡Pero jamás se dieron por vencidos el Ejército Rojo ni el pueblo soviético!
Lo arriba mencionado deja más que evidente y confirmado el hecho de que el aporte de la URSS a la derrota del régimen nazi fuera totalmente crucial y determinante, sentando las bases para un nuevo orden mundial establecido en la posguerra y vigente hasta el día de hoy. Sin embargo, actualmente, los países occidentales, inclusive aquellos estados “heroicos” que se rindieron a las tropas alemanas en cuestión de días y semanas, pretenden reescribir la historia. Ante todo, lo hacen justamente con finalidad de revisar los resultados de la Segunda Guerra Mundial, socavar los baluartes del orden mundial de posguerra, establecido en la Carta de la ONU, y, en general, en el derecho internacional. Dicha campaña antirrusa de difamación no solo constituye un intento cínico de tergiversar los hechos, sino también representa, en palabras del presidente de Rusia, Vladímir Putin, una “agresión histórica” contra nuestro país.
Dicho comportamiento del “Occidente colectivo” no nos sorprende ni asusta. Por mucho que pretendan distorsionar la conciencia de la mayoría de los Estados del planeta sobre el transcurso y resultados de la Segunda Guerra Mundial, no podrán sino quedar retratados. No se puede quitar hechos de la historia. Pase lo que pase, preservaremos la verdad. Lo haremos colectivamente, a nivel del Estado, a nivel de la comunidad ciudadana; con la fuerza de todas las ramas del poder, lo hará cada uno desde su lugar. No hay otro remedio, puesto que, como quien dice, “los pueblos que ignoran las páginas siniestras de su historia están condenados a repetirla”.
Hoy, el valeroso pueblo ruso ha vuelto a encabezar, esta vez en Ucrania, la lucha contra las viejas hegemonías y colonialistas, quienes, en su ímpetu frenético de mantener el orden unipolar del mundo y socavar el desarrollo independiente y soberano de nuestro país, convirtieron el régimen de Kiev en un instrumento bélico contra Rusia. El nazismo de nuevo levanta cada vez más la cabeza. ¿Se habría podido evitar el conflicto militar en Ucrania? Definitivamente, sí. Habría que cumplir con los acuerdos y responsabilidades asumidos, ante todo los Acuerdos de Minsk, aprobados por el Consejo de Seguridad de la ONU. No obstante, todos nuestros intentos de arreglar aquella situación de manera pacífica fueron pasados por alto por los países occidentales.
No nos dejaron otra salida que empezar la operación militar especial con la finalidad de garantizar la seguridad de nuestro país y defender a la población rusoparlante de Ucrania. No cabe duda de que los objetivos de la misma mencionados por Moscú se cumplirán. Los ejemplos de Zhúkov, Rokossovski, Kónev y otros grandes comandantes de la Gran Guerra Patria nos aseguran: ¡así ganaremos!
¡Nadie ni nada está olvidado!
Dmitry Verchenko, embajador de Rusia en Bolivia





















































































