¡Qué maña tiene el boliviano que de entrada quiere que le vaya mal a quien inicia un proyecto! Así lo vienen reflejando ciertos analistas, escribidores y políticos radicales que le han puesto plazo fatal a los nuevos gobernantes: no durarán ni cien días que se destrozarán o serán tumbados. Sucedió con Evo Morales cuando asumió el poder el 2006: tuvo que afrontar un paro y huelga en varios departamentos, cuya dirigencia cívica maquilló sus demandas.
Es como que algo nos carcome por dentro y somos felices si le va mal al otro. Ojo que si quieren asfixiar al gobierno de Rodrigo Paz, nos ahogarán a miles de bolivianos, de modo que intentaremos reflexionar sobre este proceso de transición que desde ya es traumático, delicado, complejo y de alta sensibilidad. Homero Carvalho, escritor y abogado, desde la óptica de la literatura, nos alerta que: «La transición arrastra la carga del pasado: economía maltrecha, corrupción, autoritarismo. Cambiar nombres no resuelve la podredumbre estructural… Coser la Patria, no rasgarla. Bolivia está atrapada en el péndulo del odio».
De entrada se quiso dar una señal: en la institución fundamental, como son las Fuerzas Armadas, que tenía por muchos años el «Patria o Muerte», fue sustituido por el grito «Dios, Patria y Hogar».
Se trata de marcar diferencias, aunque sea en lo simbólico, pero se avecina un proceso de transición que será un parto difícil, que incluso algunos sectores o políticos quieren que sea un aborto, para luego erguirse como los que advirtieron y que si ellos no están en Palacio de Gobierno, la cosa no funcionaría.
«La estrategia masista siempre está a un paso adelante de los grupos políticos de centroderecha y derecha que se sumergen en las conveniencias de los intereses económicos, sin lograr ver todo el horizonte, mientras el MAS prepara su regreso el 2030, ellos idearán cómo lograr la erosión del gobierno actual y su política de gestión económica», precisa el docente universitario Enrique Alfonso Susano.
¿Será este proceso de transición traumático, violento o tendremos el sentido común de encaminarnos hacia la gobernabilidad?
Jorge Lazarte, politólogo, da una alerta que los partidos políticos tienen «una visión patrimonialista de la política y del poder». Es decir, que es suyo y de nadie más, y después de ellos no hay otros que puedan seguir los pasos. Eso le pasó al MAS, que agotó a sus dirigencias y se debilitó a sí mismo. Después de Evo Morales, líder indiscutible para sus seguidores y Luis Arce, el heredero para seguir con el proceso de cambio, la cantera de líderes se acabó en este partido, que, sin duda, los historiadores tendrán mucha tarea para contar, quizás haciendo paralelismos: una Bolivia antes del MAS y la otra Bolivia después del MAS.
¿Llegó a su fin el ciclo del MAS? Es la pregunta que dejamos suelta, porque en política nadie está muerto, aunque sí un poco noqueado, desorientado y golpeado. La duda surge para pensar cómo se desenvolverá el proceso de transición de este nuevo gobierno, que tendrá enormes, complejos, delicados desafíos y decisiones que deberá asumir. Y de muchas otras que no se animará.
Pero también algo importante nos advierte Lazarte: «El nuevo sistema político les planteó a los partidos dos desafíos para los cuales no estaban preparados: por un lado, debían funcionar en democracia y, por otro, debían hacer de mecanismos de mediación y representación. El peso del pasado los inhabilitaba para lo uno y lo otro». (Jorge Lazarte: Entre los espectros del pasado y las incertidumbres del futuro).
A muchos no les gustará ciertas medidas fuertes, ante lo cual ya se escucharon los tambores de guerra, como lo es la posesión de nuevas autoridades, que está generando descontento al interior del mismo gobierno y de otros actores.
¿Será un proceso traumático, violento o habrá condiciones para lo que tanto han reclamado las instituciones internacionales: la gobernabilidad en el ejercicio del poder? ¿Gobernabilidad que pasa por ceder espacios de poder o ministerios a sectores empoderados, como el ultimátum de 48 horas que dieron los mineros para que el Ministerio de Minería y Metalurgia no desaparezca y sea ocupado por un compañero minero, ante lo cual el gobierno de Paz tuvo que ceder mucho antes que se cumpliera el plazo fatal? ¿Gobernabilidad que pasa porque se instale una nueva forma de discriminación, como vienen planteando los sectores que convivieron con el MAS en la gestión gubernamental: no queremos corbatudos o blanquitos de ministros o viceministros, queremos alguien del pueblo? ¿Una nueva forma de discriminación desde el otro bando? ¿Acaso el pueblo solo son ellos y no el resto de los bolivianos? ¿Gobernabilidad pasa por no cumplir las órdenes de aprehensión contra Evo Morales? ¿Por dónde debe transitar la tan ansiada gobernabilidad en el Estado Plurinacional?
Este proceso político ha generado esperanzas, miedos y voluntades, no solo por el 54 % de los votantes que recibieron Paz-Lara, sino que es absolutamente necesario y urgente que desde el pueblo y sus diferentes actores sociales, políticos, sindicales, empresariales, cívicos hagamos una apuesta a lo grande: hacer gobernable a nuestra democracia y con ello, a los nuevos gobernantes, que tienen un escenario muy complicado en ciernes.
Este proyecto de poder que lidera el Partido Demócrata Cristiano con Rodrigo Paz, presidente, y Edmand Lara, vicepresidente, es obvio que pasa y así se va perfilando por la ocupación inevitable de los aparatos del Estado, que durante muchos años no se basó en la meritocracia o en el sistema de los méritos profesionales, personales, sino en la decisión que tuvieron los anteriores gobernantes de elegir a dirigentes en espacios importantes de la administración del Estado. Claro esto no gustó a las clases medias ni a los partidos de la derecha.
Esta decisión de Paz está generando descontentos, reclamos por el derecho que los sectores sociales han gozado durante muchos años de la hegemonía masista y que no quieren que se les arrebate. Carvalho pone el dedo en la llaga: «Gente capaz, no militantes ciegos. Necesitamos administradores profesionales y éticos, no camarillas. La capacidad debe primar sobre el carnet».
Es obvio que Bolivia ya no está para experimentos ni para ser laboratorio de cambios de gobierno cada vez que a alguien se le ocurre y movilice a sus bases. Precisamente, la gobernabilidad ya no pasa por grandes discursos ni promesas, pasa por acuerdos políticos, pero sin repartija de pegas, pasa por garantizarle a la gente el pan de cada día y que ese pan no siga ascendiendo con precios cada vez más elevados, pasa porque Paz-Lara y todo su ejército de autoridades gobiernen con decencia y respeto a las reglas y las leyes de la democracia.
«La democracia, como forma de organización del poder y de la sociedad, se expresa en instituciones. No hay democracia sin instituciones, aunque la democracia ciertamente es más que las instituciones. En democracia, lo que se pretende es que las instituciones se constituyan y funcionen democráticamente», plantea Lazarte.
La transición que desde el minuto cero tiene que marcar pautas diferenciales claras con el pasado político inmediato, que tiene un nombre para erguirse como fortaleza y esperanza: Restaurar el Estado de Derecho en todas las dimensiones de la institucionalidad; gobernar para el conjunto de los bolivianos, sin privilegios, ni exclusiones ni favoritismos y demostrar el claro y contundente respeto a la Constitución Política, tantas veces violada.
«De lo contrario, serán mala copia del mismo cuento», parafrasea el escritor beniano. También hay que atribuirnos a todos algunos grados de responsabilidad para que la democracia no sufra golpes o mayores traumas. No solo el gobierno, aunque gran parte del peso caiga sobre ellos, sino en el conjunto de los bolivianos para salir de esta crisis.
Stefan Zweig, escritor y activista social austríaco, en sus Diarios nos lanza este reto: «¡Esta vez es cuestión de vida o muerte, hay que dejarse la piel!».




















































































