La democracia boliviana atraviesa una transformación sin precedentes en tiempos de redes sociales e inteligencia artificial. Las campañas electorales han migrado definitivamente al espacio digital, abandonando las tradicionales caravanas y mítines para librar sus batallas en el mundo virtual. Este cambio no es meramente tecnológico: representa una mutación profunda en las formas de hacer política, comunicar propuestas y construir consensos. Viene aparejado con consecuencias que apenas comenzamos a comprender.
Patricia Cusicanqui, periodista y editora en jefe de Verifica Bolivia, es una voz conocedora del fenómeno comunicacional actual. Desde su organización, dedicada a la comprobación de la información que circula, ha documentado sistemáticamente las nuevas estrategias de desinformación electoral, las operaciones coordinadas en redes sociales y los vacíos regulatorios que permiten la manipulación masiva de la opinión pública.
Sus hallazgos revelan un ecosistema político donde la polarización ha sustituido al debate programático, donde sofisticadas estrategias viralizan contenido manipulado antes de desaparecer sin rastro, y donde el poder de las plataformas digitales supera cualquier capacidad de control estatal. Cusicanqui advierte sobre una ciudadanía que, aunque más consciente de la existencia de la desinformación, carece aún de las herramientas críticas necesarias para navegar este nuevo panorama informativo.
Fin de la campaña tradicional
Cusicanqui es categórica al describir el cambio estructural que ha experimentado la comunicación política en Bolivia. «Esto ha cambiado para siempre. Probablemente nunca más veamos el recorrido de una caravana en las calles, en las plazas; eso ha desaparecido. Hasta 2020 todavía había; este año ya no hubo, y creo que no vaya a volver a haber una cosa así”.
Esta transformación no es meramente técnica, sino antropológica. Las plataformas digitales han modificado los patrones de consumo informativo y participación política. «Las redes sociales son el espacio ideal, el caldo de cultivo, en realidad, para la propagación de estas malas prácticas proselitistas, porque la gente que se convierte en parte de esta cadena, no solo de desinformación, sino de polarización. Se convierte en ello compartiendo la información que le conviene, la información que confirma sus creencias políticas, ideológicas», explica.
Vacío programático
Uno de los aspectos más preocupantes identificados por Cusicanqui es la ausencia total de debate sustantivo sobre propuestas gubernamentales. «Hay un vacío absoluto de propuestas programáticas en el debate entre las fuerzas políticas que van a disputar la segunda vuelta», señala. Esta carencia no se limita a los candidatos presidenciales: «Ya hay caras visibles, por ejemplo, de los asambleístas electos que están teniendo ya presencia mediática a través de los medios tradicionales o a través de las redes sociales, y no se escuchan propuestas, sino que más bien o salen a la defensiva, o hacen eco de las voces que denuncian que hay una guerra sucia”.
Cusicanqui ve una estrategia deliberada. «Focalizan sus narrativas y sus declaraciones con la idea de mantener la polarización, porque piensan que al final va a resultar beneficiosa a la hora del voto”. Esta dinámica ha tomado incluso los espacios antes dedicados a la reflexión. «Incluso viendo los programas de análisis informativos, por ejemplo, de nocturnos televisivos, todo está centrado en lo que dijo uno y qué responde el otro. Incluso si se invita a los analistas, no es para analizar las probables vías de salida a la crisis multidimensional que está atravesando el país”.
Límites del control
La impotencia del aparato estatal frente a las plataformas digitales constituye uno de los puntos críticos que revela Cusicanqui. «Lo que ha sucedido después del silencio electoral en esta primera vuelta es una demostración de que el poder que tienen las plataformas, el poder que tienen las redes sociales, supera cualquier buena intención que pudiera tener, por ejemplo, la autoridad electoral», observa.
Esta limitación se agrava cuando los actores operan desde el exterior: «Países más grandes y con un enorme poder político y económico no han conseguido que plataformas como Meta (a la que pertenecen Facebook, Instagram y WhatsApp), TikTok, YouTube, lleguen a algún tipo de acuerdo o compromiso, a que tome una acción para regular las redes. Porque ciertamente es muy complicado hacerlo”.
El problema regulatorio se complejiza por la naturaleza misma de los mensajes. «La desinformación opera desde el anonimato. Entonces no va a ser ni Edman Lara, ni Jorge Tuto Quiroga, ni Rodrigo Paz, ni Juan Pablo Velasco, ni ningún parlamentario electo quien lance alguna desinformación de manera abierta», explica Cusicanqui, quien identifica un patrón sistemático. «Hay cuentas, no sé si paralelas es el nombre correcto, pero sí afines, que son las que se encargan de diseminar y de difundir la desinformación y estos contenidos polarizantes, pero además pagando a Meta para difundir estos videos”.
Cuentas carnada
Una observación reveladora del trabajo de Verifica Bolivia ha sido la identificación de las denominadas «cuentas carnada», una estrategia sofisticada que revela la profesionalización de la desinformación electoral. Cusicanqui explica el modus operandi. «Abren y lanzan una cuenta que dispara un contenido, lo viraliza y luego desaparece porque ya ha cumplido su misión”.
Esta táctica tiene una doble función: maximizar el impacto y evitar la trazabilidad. «Es una forma de evitar el rastreo de este tipo de operaciones coordinadas de desinformación, una tarea que hacemos mucho las verificadoras. Es decir, vamos uniendo cabos y decimos: ‘bueno, esta cuenta tiene relación con esta otra porque se publica el mismo video, casi lo han sacado en el mismo día’, etcétera», detalla. Las cuentas carnada buscan dificultar esta tarea.
TikTok emerge como particularmente vulnerable a estas manipulaciones. «El video tiene un poder enorme de generar impresión y emoción en la ciudadanía. Por eso es tan poderosa la plataforma de TikTok. Apela a todos tus sentidos, a tus ojos, a tus oídos y, por supuesto, a tus emociones”.
Paradoja del aprendizaje
Cusicanqui identifica una paradoja fundamental en la respuesta ciudadana ante la desinformación. Por un lado, nuestra invitada reconoce avances. «El tema de la desinformación, de las falsedades, de las mentiras, que se conoce muy comúnmente como fake news, aunque no es muy correcto, ciertamente ya está en la conversación de la ciudadanía. Hay que reconocerlo, es un tema del que se habla. En el pasado era algo que sonaba raro; en cambio, creo que ahora ya hay una cierta familiaridad con el tema”.
Sin embargo, la conciencia no ha derivado en competencia. «No sé si la gente ha aprendido, realmente no lo sé”, medita. Añade que “alguna vez escuché a alguien que decía ‘ahora dudo de todo’, y me pareció fabuloso, porque creo que la clave es dudar de todo”.
El aislamiento por el Covid-19 funcionó como un laboratorio social involuntario. «Sí creo que la pandemia y lo que esto ha representado ha generado un cambio en las formas de consumo de la ciudadanía de contenidos, pero no sé si realmente hemos aprendido mucho, creo que todavía nos falta”, asevera.
Una urgencia educativa
Para Cusicanqui, el desafío fundamental trasciende lo tecnológico y se enraíza en lo educativo. «Tenemos que volver a aprender a leer y escribir en este famoso método que se llama la alfabetización mediática informacional. Para mí es como aprender a leer y a escribir otra vez”.
Esta «nueva alfabetización» tiene dos dimensiones críticas: «Aprender a leer otra vez, porque tengo que recibir la información con cierto escepticismo, con duda, para ver si realmente será verdad o no. Y a escribir —me refiero con escribir, no literal ni necesariamente a textear—, a ver si comparto o no comparto este dato, que es una forma también de escribir. Porque esto lleva a tomar una acción respecto de algo que estoy consumiendo y que quiero compartir”.
El problema estructural es profundo. «Somos una sociedad, una ciudadanía que lamentablemente ha sido educada en un sistema en el que todo se repetía. Seguimos así. Por muchos años ha habido un montón de ajustes a las políticas educativas en Bolivia, y sin embargo permanecemos con un sistema educativo en el que mayoritariamente los jóvenes, los niños, aprenden todo de memoria y lo repiten. No se practica la lectura reflexiva, no se generan debates, discusiones dentro del aula”.
Financiamiento y opacidad
El análisis de Cusicanqui sobre el financiamiento de las campañas digitales revela importantes asimetrías y estrategias de ocultamiento. Su investigación muestra diferencias sustanciales en las estrategias de inversión. «Jorge Quiroga sí invirtió cerca de un millón de dólares en campaña desde Meta y los invirtió desde su cuenta. O sea, esto se puedes verificar desde su cuenta oficial en Facebook. No había publicidad a favor de Jorge Quiroga desde otras cuentas paralelas”.
En contraste, «los otros candidatos invertían menos dinero desde cuentas oficiales o casi nada de dinero, pero cuentas paralelas sí invertían dinero para promocionarlos más”. Esta estrategia, según la experta, busca crear una imagen engañosa. «Presumo que para dar también una sensación de que, bueno, soy una candidatura con menos recursos, invierto menos, pero igual estoy peleando por lograr un espacio”.
Para Cusicanqui, esta práctica constituye una forma de engaño. «Para mí es hacer trampa, porque tú no pones dinero, pero otras cuentas pagan por ti”. El problema radica en la dificultad probatoria. «Como autoridad electoral, por ejemplo, no podrías acusar a un candidato de estar incurriendo en guerra sucia porque no se tiene la forma de probar que él ha estado por detrás de esto, financiando”.
Desafíos impostergables
El diagnóstico de Cusicanqui apunta hacia la necesidad de reformas estructurales que trasciendan lo meramente regulatorio. «Yo creo que las futuras autoridades legislativas y los nuevos vocales del órgano electoral que pronto van a ser elegidos tienen que analizar muy bien este fenómeno, comprenderlo de una mejor manera y debatir, reflexionar para tomar decisiones, quizás en conjunto, consensuadas con otros poderes, para ver qué se hace al respecto”.
Sin embargo, su mirada le devuelve protagonismo a la gente. “Hay que apelar también al sentido común, a la lectura crítica que pueda hacer la ciudadanía de los contenidos que recibe y comparte”.
La propuesta de Cusicanqui trasciende lo coyuntural y llama a la acción apuntando hacia una transformación educativa de largo plazo. «Es importante, por ejemplo, trabajar desde las universidades. Obviamente lo ideal serían colegios, pero en este momento universidades, espacios sociales, desde las organizaciones de la sociedad civil, desarrollar el pensamiento crítico”.
Democracia digital competente
El análisis de nuestra invitada evidencia que Bolivia, como muchas democracias contemporáneas, enfrenta una crisis de adaptación institucional ante las nuevas realidades comunicacionales. La transformación digital ha creado espacios de poder paralelos que escapan a los mecanismos tradicionales de control democrático, mientras que la ciudadanía navega entre una creciente conciencia sobre la desinformación y una persistente vulnerabilidad ante ella.
La democracia boliviana se encuentra así en una encrucijada donde la tecnología no solo ha cambiado las reglas del juego político, sino que está cuestionando los fundamentos mismos de la participación informada. La respuesta, según Cusicanqui, no puede ser únicamente técnica o regulatoria, debe ser cultural y ética.






















































































