Bolivia atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia política reciente. Tras más de dos décadas de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP), el país se encuentra inmerso en un laberinto político donde convergen la crisis económica, la fragmentación partidaria y la incertidumbre electoral. La exclusión de Evo Morales del proceso comicial ha desatado dinámicas impredecibles que amenazan con trasladar el conflicto político desde las urnas hacia las calles, poniendo en riesgo la estabilidad democrática y configurando un escenario inédito de transición hacia un nuevo modelo de gobernanza.
Carlos Saavedra, politólogo e investigador boliviano con una trayectoria consolidada en el análisis de procesos políticos, se ha distinguido por sus lecturas agudas sobre las transformaciones del sistema político boliviano. Sus perspectivas sobre movimientos sociales, estructuras de poder y dinámicas electorales lo han posicionado como una voz autorizada para interpretar los cambios que experimenta el país. Saavedra ha sido observador acucioso del ascenso, consolidación y actual crisis del proyecto político masista, lo que le permite una mirada detallada de las complejidades del momento presente.
En esta entrevista exclusiva con Animal Político, de La Razón, Saavedra desentraña las claves de lo que denomina un «momento de fin de ciclo» caracterizado por el «claro quiebre de la hegemonía» del oficialismo. Su análisis revela cómo la candidatura de Andrónico Rodríguez funciona como «válvula de escape» para prevenir un posible derrocamiento presidencial, mientras identifica en Evo Morales un factor de poder que, aunque progresivamente aislado, mantiene capacidad de desestabilización. El politólogo anticipa además un escenario electoral inédito con la primera segunda vuelta de la historia boliviana, advirtiendo sobre los riesgos de ingobernabilidad si sectores significativos quedan excluidos de la representación política institucional.
Quiebre de la hegemonía
Para Saavedra, la configuración actual del panorama político boliviano responde a dinámicas estructurales profundas. «Mi sensación es que estamos en un momento muy fragmentado de la política, en un momento de fin de ciclo, de un claro quiebre de la hegemonía y de periodo de transición», señala el analista al evaluar los recientes ajustes en las candidaturas presidenciales.
Esta fragmentación se manifiesta en una polarización que divide al país en dos grandes grupos antagónicos. «Bolivia está separada en dos bloques. El bloque de lo que fue el MAS, el bloque popular y el bloque de la oposición al MAS, más conservador», explica Saavedra, anticipando que esta división se traducirá en «candidaturas que en ningún caso creo que alcancen ganar en primera vuelta y que muestren luego una marcada fragmentación parlamentaria».
Andrónico, candidato
Uno de los elementos más significativos del análisis de Saavedra es su interpretación sobre la habilitación de Andrónico Rodríguez como candidato presidencial. Según el politólogo, esta decisión cumple una función medular en la coyuntura. «Creo que la habilitación de Andrónico Rodríguez como candidato ha sido una válvula de escape a una presión muy fuerte que podía consolidarse en una renuncia del presidente o en un derrocamiento del presidente (Luis Arce)».
El investigador enfatiza que, sin la candidatura de Andrónico, «estaba muy complicado” encauzar el proceso electoral. Considera que el joven dirigente cocalero y senador «es parte de la representación del bloque popular, de la identidad política popular y que eso de alguna manera termina aislando a Evo».
El factor Evo
El análisis de Saavedra sobre Evo Morales revela una paradoja política significativa. Por un lado, reconoce el progresivo aislamiento del expresidente de Bolivia, quien «cada vez está más solo», particularmente tras la fractura con Andrónico Rodríguez, que «no es menor, porque estás hablando de la fractura de alguien de su seno político, de su núcleo, en términos de identidad de alguien tan cercano a él».
Sin embargo, advierte que no se debe subestimar la influencia y capacidades del exmandatario. “No tiene la capacidad de movilización de antes, de acuerdo, pero negar que tenga una capacidad de movilización es taparse los ojos con una venda». Este potencial residual de movilización representa un factor de inestabilidad latente que podría manifestarse en las calles si Morales decide no reconocer la legitimidad del proceso electoral, observa nuestro analista invitado.
El dilema del evismo
Una de las preocupaciones expresadas por Saavedra se relaciona con las consecuencias de dejar fuera del sistema político a un grupo significativo y políticamente potente de la población en Bolivia. «Es bien complicado tener un sector que no tenga representación en el sistema político», advierte, explicando que «al no estar en la papeleta, van a estar en las calles, van a estar en las carreteras, y obviamente eso te va a generar un factor de ingobernabilidad bastante complejo».
El politólogo identifica una única vía para que el evismo mantenga algún tipo de representación, “Todavía tienen opciones, aunque limitadas, de tener representación parlamentaria, yo diría una sola. Esa opción es negociar con Johnny Fernández, que le dé espacios en su sigla, la UCS, y que a partir de ahí puedan tener algo de participación».
Fragmentación opositora
En el análisis de las candidaturas opositoras, Saavedra identifica tres figuras principales: Samuel Doria Medina, Jorge Tuto Quiroga y Manfred Reyes Villa. Según su evaluación, “ninguno de los tres se va a bajar (de su candidatura)» y que la competencia podría volverse aún más compleja.
Sobre Samuel Doria Medina, el analista reconoce una estrategia electoral sólida, dado que «ha llevado adelante una campaña consistente, creo que su estrategia ha entendido claramente que el problema es la crisis y en un primer momento ha logrado consolidar la idea de que él liderizaba un bloque de unidad». Sin embargo, señala que «todos los problemas que ha habido en las listas y todas las denuncias que han aparecido lo han golpeado».
Respecto a Quiroga, Saavedra observa limitaciones estratégicas significativas. «Para Tuto es un problema que no esté Evo en la papeleta, no puede polarizar tanto». Esta limitación, según el analista, encasilla al candidato de la alianza Libre «en Santa Cruz, en los votantes férreamente antimasistas» y esto “lo acerca mucho más a su techo».
En cuanto a Manfred Reyes Villa, el diagnóstico es particularmente crítico. «Esta dicotomía de que sigue siendo alcalde y sigue siendo candidato yo creo que lo está perjudicando mucho», sostiene. Advierte que «si Manfred no entra en cancha, y además con el tiempo como su peor enemigo, esta campaña se lo puede comer».
La paradoja opositora
A pesar de la fragmentación actual, Saavedra anticipa un escenario paradójico. «La unidad que no han conseguido los opositores en la etapa electoral yo creo que la van a conseguir a la fuerza en la etapa gubernamental. Porque van a tener que aliarse todos, va a haber un gobierno de coalición porque las condiciones de gobernabilidad así se los va a exigir».
Entre lo estatal y lo social
En el análisis del bloque popular, Saavedra identifica tres candidaturas principales: Andrónico Rodríguez, Eva Copa y Eduardo del Castillo. Su evaluación de cada una revela las complejidades internas de este sector político en Bolivia.
Sobre Eva Copa, reconoce su «valía política muy importante» y destaca que «ha sido la primera que, desde el masismo le plantó cara a Evo Morales», lo que «le da un capital político fuerte». Sin embargo, considera que «posiblemente pueda considerar declinar su candidatura» al no haber logrado «cerrar un bloque de unidad con Andrónico y con otros actores».
Respecto a Eduardo del Castillo, Saavedra señala el dilema de su proximidad al gobierno. «Tiene un contexto bien complicado que es la crisis económica. La gente responsabiliza en gran medida al gobierno de la crisis y Eduardo es una candidatura que yo no sé cuán fácilmente pueda desapegarse del gobierno».
Una de las observaciones más incisivas de Saavedra se refiere al desafío que enfrentará Andrónico Rodríguez durante la campaña tras la presidencia de Bolivia. «La gran virtud política de Andrónico ha sido administrar sus silencios durante mucho tiempo», explica, señalando que durante cuatro años y medio «ha entendido que estar con el pecho en la tierra mientras había una balacera era lo más inteligente».
Sin embargo, advierte que esta estrategia ya no le rendirá frutos. «El silencio como arma política ya no es viable. Ahora vamos a tener un Andrónico en cancha, que tiene que hablar, que tiene el desafío de generar certezas». El contexto de crisis multidimensional «te exige líderes, te exige gente que dé certeza, te exige gente que hable con claridad».
Asoma la segunda vuelta
El análisis de Saavedra apunta hacia un escenario electoral inédito en Bolivia: «Hay todas las condiciones de posibilidad para que haya por primera vez en la historia una segunda vuelta». Esta proyección se basa en la fragmentación política observada y en la ausencia de candidaturas con capacidad de obtener mayoría absoluta en primera vuelta.
El politólogo anticipa que en esta hipotética segunda vuelta «hay una pulsión fuerte de cambios, de cambio de modelo económico, político, porque obviamente está vinculada con el estrés y con la conflictividad económica que tiene el país».
Un elemento transversal en el análisis de Saavedra es cómo la crisis económica y política ha impactado al bloque popular en Bolivia que fue hegemónico en las últimas décadas. «La situación de crisis de carburantes, de crisis por falta de dólares, de elevación de precios. Le ha pasado una factura muy elevada MAS y la unidad de sus bases», señala.
Esta crisis ha generado una «fractura entre lo estatal y el liderazgo social», manifestándose en la división entre las candidaturas de Eduardo del Castillo (representando lo estatal) y Andrónico Rodríguez (representando el liderazgo social), con Evo Morales como factor externo pero influyente.
Incertidumbre y transformación
El análisis de Carlos Saavedra revela un momento de profunda transformación en la política boliviana, caracterizado por la fragmentación, la incertidumbre y el potencial conflicto. Su evaluación sugiere que Bolivia se encuentra en un punto de inflexión histórico, donde las tradicionales estructuras de poder están siendo cuestionadas y reconfiguradas.
La ausencia de Evo Morales en las papeletas, lejos de simplificar el panorama político, introduce elementos de inestabilidad que podrían manifestarse durante todo el proceso electoral y más allá. La capacidad del sistema político para canalizar institucionalmente esta crisis será determinante para la estabilidad democrática del país.
Como señala Saavedra, «los conflictos que no se resuelven por la vía política, que no se resuelven por la vía jurídica, se resuelven en la calle», advirtiendo sobre los riesgos de una polarización que escape a los marcos institucionales. En este contexto, la elección de agosto no solo definirá el próximo gobierno, sino también el futuro del modelo político boliviano construido en las últimas dos décadas.






















































































