El pasado 9 de abril de abril, se recordó 74 años de la revolución nacional de 1952. Es la segunda en América Latina, después de la revolución mexicana de 1910. Si comparamos los actos de recordación de la revolución mexicana e incluso de Cuba de 1959, obviamente la boliviana está casi en el olvido. México, ha publicado muchas investigaciones sobre su revolución y continúan indagando, además produjo muchas películas y también cada año realiza una especie de teatralización de los hechos más importantes en varias ciudades.
En cambio, la revolución boliviana se ha quedado en algunas publicaciones oficiales del MNR o vinculadas a esta tienda política, uno que otro investigador divulgó sobre algunas acciones. Otros como René Zavaleta, han intentado teorizar, en fin, es lo poco que se ha hecho. En términos físicos, no existe el Monumento a la Revolución, como en la ciudad de México, dedicado a conmemorar la Revolución Mexicana de 1910.
Pero ¿por qué investigar la revolución boliviana? ¿por qué quedó devaluada históricamente? El Movimiento Nacionalista Revolucionario-MNR, ha generado una versión del acontecimiento; pero la argumentación oficial siempre es parcial del suceso. Se han construido muchos mitos o idealizaciones. Por ejemplo, una revolución sólo con protagonistas obreros y de la clase media. En un país de indios campesinos, mucho más en la década de los años cincuenta del siglo XX.
Una de las preguntas cruciales es ¿cuál fue rol de los indios campesinos en la revolución? Además, hay otros temas muy poco investigados, como la presencia de extranjeros después de la insurrección. Sabemos, que hubo un conglomerado de argentinos, venezolanos, uruguayos, peruanos, entre otros, que creían en la revolución acaecida y llegaron para aportar en la transformación sociopolítico del país. Aquí pondero el interés de algunas investigadoras argentinas, como Ximena Espeche, que publicó varias investigaciones sobre cómo algunos intelectuales políticos uruguayos y argentinos, coadyuvaron con la información, de lo que sucedía con la revolución, que fue de gran aporte en la legitimación de la política exterior del país.
En esta oportunidad me ocuparé de mencionar, la presencia de una pareja de argentinos, Carlos Dujovne y Alicia Ortiz. El primero, considerado como un político profesional, formado en Rusia y con muchas relaciones con el movimiento político de izquierda en países como Chile, Perú, Uruguay y Argentina. Dujovne, llegó al país después de 1952, fue asesor del Presidente Hernán Siles Zuazo (1956-1960) y por consiguiente desempeñó actividad oficial desde algún ministerio. En el año 1955 fue partícipe en varias conferencias sobre el carácter de la revolución boliviana y “a dónde debe ir”. Para saber sobre sus acciones específicas, toca realizar nuevas investigaciones, ¿será posible? Pues en varios documentos y publicaciones del MNR, incluida la biografía de Hernán Siles, elaborada por Isabel Siles y Rafael Archondo, no aparece ningún dato referido a Carlos Dujovne y otros.
Alicia Ortiz, fue compañera de Carlos, una periodista y feminista que visitó Bolivia en 1953. Esta permanencia está relatada como crónica-diario de campo, con el título de Amanecer en Bolivia y publicada en Buenos Aires en 1953. Ortiz, acompañada de su hija Alicia, va relatando varios temas del impacto del primer año de la revolución de 1952. Es una obra testimonial, de los pocos que se han escrito, que no sólo describe de lo que pensaba el pueblo (hombres y mujeres de algunas ciudades, comunarios rurales y trabajadores mineros) y las entrevistas a los altos dirigentes del MNR, como Juan Lechín, Germán Butrón, Ñuflo Chávez, Alfredo Franco, entre otros. Relata el rechazo de la ciudadanía del intento golpista de la derecha a la revolución. Le toca presenciar una de las Convenciones del MNR y oír el discurso central de Víctor Paz Estenssoro, en fin. Finalmente, Alicia Ortiz, debela la amistad con el intelectual quechuaymara Fausto Reinaga. Cita alguna de sus misivas detalladas de Reinaga, en la que le cuenta sobre el primer aniversario de la revolución de 1952, con la “masiva movilización de masas indias armadas”.
Alicia Dujovne Ortiz, hija de la pareja citada, ha reconstruido la vida de Carlos y Alicia, en varias de sus publicaciones. La revolución de 1952, desde los protagonistas indios, campesinos y sectores sociales de abajo, aún está en la memoria oculta y no narrada, que fueron excluidos, apartados de la narrativa oficial de la revolución. El casi “no importismo” de hoy, va carcomiendo para que quede en el total olvido. Wali ch’axwawiwa utjawayatayna 1952 uka marana. Achachilanakasa, awichanakasaxa unjxtasiwayapxataynawa. Uka sartawinakaxa jan yaqatakiwa jichhurunakanxa. Wakisiwa yatxataña, qhanstayaña, wayna wiri yatipxañapataki ¿janicha?















































































