Una radiografía del resultado electoral solo muestra porcentajes y titulares de prensa; la forma como se presenta exalta o invisibiliza los votos y la ubicación es la descripción típica para presentar una imagen, pero para la valoración del comportamiento político del electorado, no es aplicable en nuestra sociedad con identidades plurales y territorializados análisis liberales centrados en los comportamientos exacerbando el individualismo. Este último concepto es lo que primó mayoritariamente.
El escenario, el drama y la narrativa les eran favorables a las derechas; las diversas encuestas presentaban una escenografía con dos actores estelares, Tuto y Samuel; los demás eran actores secundarios o de apoyo a la escena.
El drama se construyó a partir de tres ejes: crisis económica, mal gobierno/corrupción y enfrentamiento entre MASistas. En estas tres aristas se exacerbó el factor negativo para mostrar y presentar al votante “un enemigo común”, por ello que las consignas giraban alrededor de “se acabó el ciclo”, “nunca MAS” y otras llenas de adjetivos descalificativos con alto contenido racial. Los emisores del discurso son variados y folklóricos, pero coincidentes; la narrativa discursiva es un libreto, tiene que imponer una verdad como razón temporal: crisis política, moral, económica y social ocasionada por el MASismo. Éste es el drama descrito. La crisis necesita salvadores.
Los salvadores tienen su origen en el viejo y reciente pasado negativo: el neoliberalismo, las recetas que traen vienen del norte y están centradas en las laissez faire (exacerbar el rol del mercado; libertad económica; reducir rol del Estado a la seguridad y a temas sociales), aplauden con mayor o menor intensidad la masacre/genocidio israelí contra el pueblo palestino y al gobierno ucraniano nazista; es decir, hay una matriz política común.
Creyeron que la memoria de los sectores plebeyos urbano-rurales populares era corta y que les darían un cheque en blanco con ribetes democráticos para deshacer lo estatal y plurinacional construido; la respuesta fue diametralmente diferente.
Sectores de clase media y alta urbano, tradicionalmente, son el bolsón de apoyo electoral mayoritario de las diversas derechas, pero no tienen la capacidad de representar un ideal nacional, a pesar de que disponen de los medios e instrumentos privados comunicacionales; son mayoría electoral relativa: sumados los votos de Tuto, Samuel, Manfred y ADN obtuvieron el 36,80%. Éste es el porcentaje sin la resta de los votos nulo y blanco en números: total habilitados, 7.937.138; votos emitidos, 6.900.418; de este total se saca el porcentaje; votos válidos, 5.356.534; lo que obtuvieron las derechas fue 2.923.960; es decir, se muestran como mayorías cuando lo plurinacional popular y la izquierda están ausentes o fragmentados; solo en esta posibilidad pueden ser opción de gobierno, por ello las derechas, para desplazarse en la política y reproducir su influencia, necesitan ser Estado.
El bloque indígena campesino popular arribó fragmentado y sin horizonte; el voto nulo es reafirmación política e identitaria, es militante. El valor ahora está ahora en el porcentaje obtenido y en la influencia directa en la conformación de la nueva “élite política” temporal, pero su fuerza tiene que estar poselecciones nacionales; ése será el tiempo de su evaluación y perspectiva.
El otro voto también militante fue por Andrónico, con más esperanza que horizonte; pero lo que definió y a la vez impidió que la extrema derecha y derecha empresarial se apropien del Estado fue la migración del voto campesino y popular hacia un socialdemócrata y un expolicía. Este binomio es una vertiente más del caudal neoliberal; esta votación que no aparecía en las encuestas de los actores estelares de reparto está hablando: el mensaje inicial es que esta jubilando a las eternas candidaturas de derecha. También no debemos volver al pasado, pero la organización del poder tendrá su melodía, será el reencuentro con las estructuras políticas que dirigieron el Estado hasta 2005.
El valor del soberano no se agota en el momento de votar, nuestra historia democrática contemporánea nos enseñó que el triunfo es una delegación de esperanza, pero no es un cheque en blanco, porque el acto mismo de emitir el voto sintetiza un cúmulo de sentimientos. El resultado es el acontecimiento político que legitima la temporalidad del poder; en el tiempo, esta fuerza que legitimó al liderazgo gubernamental es la variable que valida o invalida al gobierno.
La democracia tiene su validez cuando el dêmos-pueblo no se siente defraudado o utilizado por el krátos-gobierno.
César Navarro Miranda
es exministro, escritor con el corazón y la cabeza en la izquierda.





















































































