Bolivia está a las puertas de un posible cambio en la orientación política de su destino, con una vuelta a la década neoliberal y privatizadora de los 90, en medio de una pugna en las posiciones de izquierda: dar el voto a quien podría tener alguna posibilidad, Andrónico Rodríguez, o votar nulo como reclamo a que se haya impedido a Evo Morales participar en las inminentes elecciones nacionales ¿Qué implica tomar alguna de las opciones?
En las masculinizadas elecciones de este 17 de agosto de 2025 compiten ocho candidaturas, todas lideradas por varones luego de que la única candidata mujer, Eva Copa, desistiera ante mínimos en las encuestas. Hay, por obligación legal de paridad, una mayoría femenina en las candidaturas parlamentarias.
La propuesta popular de izquierda (sin ahondar en qué tan izquierda es) del Movimiento Al Socialismo (MAS), que logró aplastantes votaciones desde 2005 y dio a Morales tres gobiernos, hoy se encuentra dividida en fracciones irreconciliables y, por ello, se ve en serio riesgo de perder el poder y no llegar siquiera a obtener un segundo puesto para participar en una segunda vuelta electoral.
Sólo Andrónico tendría alguna posibilidad, si es que Morales, su exmentor, le apoyara; pero, no. Evo lo considera traidor y ha llamado al voto nulo. En las urnas se verá su convocatoria a la nulidad; sin embargo, ¿cuál será el efecto de esa acción de protesta? Tendría que ser muy contundente, digamos de un 40%, para lograr preocupar a una derecha que si lograra el gobierno sabría que en la calle hay una gran población en contra. De todas formas, gobernaría. Es una derecha que se siente ganadora y que, seguramente, apartará de su vista al 15% o 10% de voto nulo que quizás Morales podría sacar. A otra cosa, mariposa. Voto nulo, efecto nulo.
Hay una izquierda reducida que siempre ha rechazado la democracia burguesa, ya que dice que el camino hacia un futuro mejor sólo pasa por la revolución. Aunque tienen en común con Evo el reclamo del voto nulo, las motivaciones son distintas. Otra izquierda, bastante amplia en su postura política, llama a tomar en cuenta el peligro de lo que está por venir si gana la derecha ¿Qué cambios habría?
En una diferencia de grado de más o menos liberalismo, las opciones de derecha proponen una vuelta a la reducción del Estado, la privatización o cierre de empresas públicas, el impulso a la iniciativa privada, el posible (no se dice con claridad) corte de bonos sociales, reducciones de impuestos y un retorno a los créditos y condiciones del FMI, el BID y otros similares como medidas para salir de la difícil situación económica actual.
Hay sectores, como comerciantes, a los que todo esto les podría convencer; sin embargo, hay factores añadidos de tipo social-cultural que tienen que ver con la etnia, la clase y el género y que se observa en los mismos candidatos: todos hombres, mayoritariamente blancos y de clase alta. El problema es que, en general, defienden lo que representa su imagen.
En una Bolivia tan diversa y con un racismo que sigue siendo un problema, ya se habla de la eliminación del estatus Plurinacional del Estado y de la wiphala (bandera de los pueblos indígenas) como símbolo patrio, de la vuelta a un sistema educativo anterior “que no adoctrine” (como si todos no lo hicieran) cambiando normativas, entre otros. El centro está en lo económico empresarial y no en lo social.
La población joven indígena de ciudad no ha conocido el no poder entrar a según qué universidades, discotecas, cines, restaurantes, aviones o trabajos. Así fue, hace dos décadas, un impedimento para una población muy grande marginada. Eso ha cambiado en los últimos años y esperemos, pese al deseo de cierta población, sea muy difícil volver a ese pasado, pero nunca se sabe.
En lo que en general todas las candidaturas coinciden y se prevé pocos cambios, entre quien entre, es la situación de las mujeres. Para ellas se promete de manera vaga y general una lucha contra las violencias y se plantea impulsar la emprendeduría empresarial femenina y poco más. En este aspecto, prácticamente da igual por quién se vote. Ninguno tiene una política feminista.
¿Por quién votar? Cada quien, evidentemente, decidirá. En todo caso, se prevé una gestión gubernamental difícil para quien resulte gobierno. Los votos nulos no tendrán mayor incidencia si no logran mayoría y si, luego, no se ven reflejados en las calles como acción ciudadana de protesta. El voto nulo, es así una apuesta arriesgada.
*Es periodista y antropóloga





















































































