En el México de los años 80 había un partido hegemónico llamado Partido Revolucionario Institucional (PRI) y un presidente de la república llamado José López Portillo que decidía todo, absolutamente todo, en la vida política de este país. Él escogía a gobernadores, senadores, diputados, y, con un tronar de dedos, definía el destino de cualquier político ya sea hacia el éxito o al fracaso. Pero había un expresidente, Luis Echeverría, a quien muchos consideraban aún con el poder suficiente como para influir en las decisiones de su partido y, por eso, varios aspirantes a algún cargo lo visitaban para recibir su apoyo.
A la hora de las definiciones, resultó que los que habían ido con Echeverría no solo habían perdido la candidatura al cargo, sino también su afiliación al partido, pues fueron expulsados de forma fulminante. Ya en la calle, preguntaron casi a coro qué había pasado y uno de los dirigentes del partido les dijo que… habían sido besados por el diablo. Desde ese tiempo, se sabe que hay personajes con quienes es mejor mantener distancias, a quienes no se les debe pedir apoyo, pues, por más que quieran ayudar, solo perjudicarán.
Hace unas semanas, el empresario Marcelo Claure, considerado el boliviano-estadounidense más rico en el exterior, hizo público su apoyo al candidato Samuel Doria Medina, a quien describió como “el líder que Bolivia necesita hoy… estoy seguro que Samuel es el mejor preparado, porque como yo es un empresario que sabe lo que es luchar, sabe lo importante que es crear empleo y sabe lo importante que es manejar una economía”, le dijo, y Samuel le contestó que se sentía honrado por el apoyo “pues sé cuánto amas a Bolivia y sé que compartimos una misma visión de tener una Bolivia libre y justa…”.
Como se sabe, uno de los negocios de Claure tiene que ver con celulares y baterías de litio y que desde el año pasado había anunciado su participación en una empresa extractora de este metal ligero en Argentina, Chile y Bolivia (Infobae, 3 de marzo 2024) y, por supuesto, esto hizo malpensar a sus malquerientes. La cosa se agravó cuando, días después; otro candidato, Manfred Reyes Villa, dijo que Claure le había llamado por teléfono para pedirle que decline en favor de Samuel, a cambio de la embajada de Bolivia en la unión americana. Para colmo, se conoció luego a través de una denuncia, que todo se acordó en una reunión secreta el 9 de julio, en Santa Cruz, entre Claure, su socio en la empresa extractora Pan American Energy, Marcos Bulgheroni, Samuel y sus asesores, quienes habrían ofrecido a Claure no solo el litio, sino también gas y participación en la agroindustria.
Y se armó el escándalo. El analista político Marcelo Arequipa considera que Claure, lejos de ayudar a Samuel, lo está perjudicando: “Esto está en realidad más que capturando un segmento electoral, creo que está terminando por perjudicar a Samuel. Está generando mucho ruido con relación a esa candidatura, y están ahora mismo invirtiendo tiempo valioso en campaña en explicar el tema de Marcelo Claure y Samuel, y eso creo que no le está beneficiando en nada” (Urgente.bo. 23 de julio).
Pero esos besos infernales también podrían darse en la acera del frente, en el llamado bloque popular. ¿Qué pasaría si en una de esas Evo Morales decide apoyar a uno de los candidatos de la izquierda, ya sea Andrónico Rodríguez o Eduardo del Castillo? ¿Los beneficiaría? Creo que no, al contrario, como a Samuel, ese beso los perjudicaría: Evo se ha ganado a pulso el rechazo hasta de los que un día lo quisieron y, por eso, su influencia y sus votos nulos con los que nos amenazó no rebasarán el espacio geográfico en el que se refugió. Es mejor que Andrónico y Eduardo se rasquen con sus propias uñas, que luchen, solos o juntos, para recuperar la confianza de esos millones de bolivianos que, no hace mucho, disfrutamos los cambios. Tenemos memoria y la confianza es una emoción que también nace del recuerdo. Que rompan, por fin, ese cordón umbilical que, si antes proporcionaba vida, ahora envenena. Que Evo Morales permanezca en el Chapare, como ese dios romano llamado Saturno, que se comía a sus hijos, no por hambre, sino para que no le disputen el poder.
P.d: ¿Les cuento un chiste? Según sus alegres encuestas, la segunda vuelta la disputarán Tuto y Samuel…
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista














































































