Ya dijimos que el principal déficit de la democracia del país es la vigencia orgánica de los partidos políticos y las esporádicas alianzas. Hasta el Movimiento Al Socialismo (MAS), que sufrió una triple escisión en los últimos, sufre el problema, a pesar de ser la principal fuerza política hace más de dos décadas.
Su división es resultado de su deficiente sistema orgánico, que fue desnudado por las disputas políticas entre sus líderes, el presidente Luis Arce y el expresidente Evo Morales. Al dividirse, su base organizacional sufrió el mismo problema y, en muchos casos, fue obligada por las circunstancias a formar organizaciones paralelas. Un solo ejemplo, cada quien tiene su Pacto de Unidad.
Morales, siendo líder del MAS, no fue capaz de sostener el gobierno de Arce ni resolver sus deficiencias. Obligado por sus impulsos de retomar el poder, interpretó a su manera el estatuto para asegurar su trascendencia y obligó al desarrollo del congreso partidario que terminó haciendo aguas, hasta la injerencia de algunos órganos del Estado; además, se constituyó en el opositor más descarnado contra el mandatario de su hechura. En consecuencia, Arce, su ahora “enemigo” político, terminó actuando contra él como si se tratara un opositor recalcitrante.
Al final, esa bifurcación terminó en un desbande interno, con la gravísima afectación al “proceso de cambio” que propugnaron en casi 20 años. Ahora, no solo son dos facciones, sino tres; la última es una escisión del evismo: el leal Andrónico Rodríguez.
Al frente, la situación no es mejor; es peor, como lo sabemos hace años.
Los viejos partidos políticos, que en su momento sobrevivieron a los embates de los cambios sociales en coaliciones, no han logrado sobreponerse a la irrupción del MAS en 2005.
Los partidos de Víctor Paz Estenssoro (MNR), Hugo Banzer (ADN), Óscar ‘Motete’ Zamora (FRI), Max Fernández (UCS) y Benjamín Miguel Harb (PDC) se han convertido en “taxipartidos”, que aprovechan su personería jurídica para “alquilar” su sigla al mejor postor. Si tuvieron en su momento línea ideológica, ahora no se sabe qué línea política persiguen. No se entiende cómo sobreviven al amparo de las normas que gestiona el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Sufren los mismo los partidos de “nueva generación”, de Rubén Costas (Demócratas), Samuel Doria Medina (UN), Félix Patzi (MTS), Ruth Nina (Pan-Bol) y Eliseo Rodríguez (FPV). No son distintos los de Manfred Reyes Villa (APB-Súmate), Édgar Uriona (NGP) y Eva Copa (Morena).
Aparecen cada cuatro años, solo antes del año electoral, como si fueran las grandes representaciones políticas que tienen una oferta de visión de país capaz de ser elegida por los bolivianos o que se constituyen en la alternativa real.
Se entiende esa situación en los cuadros políticos que también aparecen cada cuatro años: improvisados, sin organización política y medrando por una que los cobije circunstancialmente. No importa la línea ideológica o los programas de gobierno; la idea es encontrar una sigla (prestada, alquilada o regalada) que les ofrezca posibilidad de toma del poder para beneficio personal.
Repasemos candidaturas: Jorge Quiroga ni tiene agrupación propia, Chi Hyun Chung nunca la tuvo, Samuel Doria Medina desempolva la suya, Jaime Dunn apareció recién y falló al acogerse en PDC, lo mismo que Rodrigo Paz Pereira, Manfred Reyes Villa estrena una bien local, Ruth Nina cree en la fuerza de la suya, Andrónico Rodríguez aceptó la candidatura sin partido a la vista, Evo Morales (inhabilitado por un auto constitucional) dice tener una sigla y Luis Arce cree tener la musculatura necesaria para la reelección. Así, sin alma.
*Es periodista



















































































