Ulises, el héroe griego de la Ilíada y la Odisea, en su viaje de vuelta a casa debía pasar por una isla donde se escuchaba el dulce canto de las sirenas, quienes engañaban a los marineros y los atraían a la muerte. Ulises alertado de este peligro mandó poner cera en los oídos de todos los tripulantes, él se hizo atar al mástil y ordenó que nadie lo desatara pasara lo que pasara, vieran lo que vieran, escuchó el canto pero no pudo acudir al lugar de donde provenían tan bellas voces, de ese modo rompió el encantamiento de las sirenas quienes al no conseguir atraer a ningún hombre debían morir. Vencer el encantamiento de las sirenas era vencer a la muerte.
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Las insistentes encuestas sobre posibles candidatos políticos, arrojando resultados tan poco fiables, carentes de sustento, son cantos de sirena. Deberíamos emular a Ulises y atarnos al mástil de la realidad para no dejarnos engañar por dudosas promesas electorales que nos conducirán al desastre nacional por el que peligrosamente probamos con la punta del pie. El canto de sirena político en nuestro país nos envuelve, nos susurra al oído, nos miente, nos engaña. Hasta ahora no hay programas de gobierno serios, que indiquen su propuesta sobre la educación, la salud, la economía, es decir que demuestren que no están buscando borregos que voten por ellos, sino ciudadanos conscientes. Claro que para eso se necesita más inteligencia y menos farándula.
Los ciudadanos ingenuamente votan en sus celulares, se pasan la voz. Están seguros que su voto es decisivo para elegir un candidato de consenso para dar una vuelta de timón a la vida política del país. ¿Habrá tanta grandeza en los políticos para apoyar a uno sólo de ellos y bajarse de su propia candidatura? Por lo menos hasta ahora no ha sido posible semejante acto de generosidad en bien de la patria a la que todos dicen amar y servir en extremo, pero cuyo trasfondo no pasa del discurso meramente electoralista. Los resultados de las encuestas parecen un juego colectivo de “suerte sin blanca” con premio de “Alasita”. ¿Cuánto cuesta el juego de los posibles candidatos? ¿Quién lo paga? Hay demasiadas preguntas, mucha cháchara sobre política. Todos hablan sobre el tema, pero sobre todo hay mucha distracción.
En este momento de grave crisis en el país necesitamos mayor seriedad en el tratamiento de la política, no se necesitan agoreros, ni promesas electorales momentáneas, menos que tomen a los ciudadanos como simples espectadores de circo. No necesitamos cantos de sirena, aunque el marketing político, generalmente falaz, diga lo contrario.
(*) Lucía Sauma es periodista















































































