Introducción: el martes trece fue un día horrible para el club Bolívar. La victoria de Cerro Porteño y el anuncio de dopaje de Ramiro Vaca, el hombre diferente de la “Academia”, fueron dos baldes de agua fría. Con el ánimo por los suelos, los celestes visitan la casa del mejor equipo de la Libertadores, un Palmeiras que sueña con hacer un gran Mundial de clubes. Su técnico, el portugués Abel Ferreira, da descanso a algunas de sus piezas clave: piensa también en un exigente “Brasileirão”.
Robatto salta al Allianz Parque con la mirada perdida: sabe que son sus últimas horas/días al frente de Bolívar. En el lugar de Ramiro, pone a Robson. La zaga central es para dos “refuerzos”: Torrén y Ramírez. ¿Cuántas veces han jugado juntos el argentino y el venezolano? En el medio, Justiniano no tendrá ayuda para defender: Melgar y Robson no marcan ni retroceden (y su técnico se lo permite). La cancha artificial de Palmeiras no se ve bien. El aforo está a la mitad, apenas 20.000 hinchas. Bolívar necesita empatar o ganar para no quedar fuera de la Libertadores.
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Nudo: a los diez minutos, el “Verdão” ya gana por dos goles a cero. Bolívar no tiene arquero ni defensa. Y luce partido al medio. ¿Es toda la culpa de Robatto? No. Es una mala planificación (como fue mal pensada la gira inglesa). Y eso es responsabilidad del presidente ausente, Marcelo Claure Bedoya, más preocupado en el año del Centenario en la política partidaria del país (en montar encuestas y preparar una corte electoral paralela) que en su propio club.
La ausencia de Ramiro golpea al equipo en lo psicológico y en el terreno de juego. Nadie agarra la manija. Lo del cruceño Robson Matheus es digno de análisis. Sobrevalorado y vendido como si fuera “crack”, Robson se borra en los partidos importantes. Y lo mismo se puede decir de jugadores que “brillan” en Bolivia y desaparecen como estrellas fugaces en los torneos internacionales (véase “Papu” y “Pato”).
Desenlace: los jugadores vuelven como entró Robatto al inicio. Miradas perdidas al piso. El partido adquiere color/calor de entrenamiento. Bolívar es un equipo derrotado anímicamente; abandonados por sirios y troyanos. El “score” final dice que esto termina dos a cero. Han sobrado 80 minutos.
Post-scriptum: un huérfano es un niño cuyos padres están ausentes/fallecidos; o lo dejaron a su suerte. Así está Bolívar. Sus arqueros y zagueros están ausentes; su entrenador es un “muerto”; y el presidente desertó de sus obligaciones (el día antes del partido Claure estaba reunido con Trump en Arabia Saudita). En el último partido de la Copa, se jugará su clasificación/consuelo a la Sudamericana. Triste Centenario.
(15/05/2025)















































































