Me pidieron que escriba seis mil caracteres sobre mi trabajo como humorista gráfico. ¿Por dónde empezar? Dentro de los libros que consulté para realizar este artículo en más de uno se analiza sobre el humor y los distintos conceptos que se fueron tejiendo a su alrededor a partir de los distintos periodos históricos y cómo se fue manifestando, me pregunté entonces ¿Cómo podría haberse generado la primera carcajada?
Imaginé, a un grupo de primerizos homo sapiens o mejor aún a unos neardentales, homo erectus, hombres de las flores, pero no… seguí retrocediendo y me visualicé entonces a un grupo de primates caminando por la sabana africana, hasta que uno súbitamente resbala estrepitosamente y provoca la risa de los demás, podría concluirse entonces que el primer chiste, la primera carcajada nació en ese momento, en un “blooper” y también la capacidad de reírnos de nosotros mismos y ese es el punto en cuestión ¿Somos los bolivianos capaces de reírnos de nosotros mismos?
A lo largo de los años que me dedico al humor gráfico me he topado con un sin número de reacciones sobre las viñetas que publico cada día. Puedo llegar a calificar y tipificar cada una de ellas, se pueden resumir en dos, las personas que se toman el humor demasiado personal, al extremo que se indignan y las que simplemente se divierten, siendo éstas las menos y las otras la gran mayoría, el dato no es sorprendente, si asumimos que como sociedad somos altamente emocionales y mucho más en el contexto actual, en el que vivimos polarizados “in extremis”, por ello cada vez que un amigo o amiga me pide que le envíe mi viñeta diaria, le advierto que al apreciarla podría divertirse o indignarse.
Creo que como país nos cuesta reírnos de nosotros mismos, somos poco autocríticos y tampoco solemos aceptar con facilidad la crítica ajena, esta característica de nuestra bolivianidad nos convierte en altamente intolerantes, el panorama se complica si le añadimos que tenemos serios problemas en comunicarnos, debido a que no solemos utilizar las palabras correctas a la hora de emitir un mensaje, generándose entonces un alto nivel de confusión que deriva en conflicto, desde el intercambio de adjetivos hasta el de varios puñetes y por si esto fuera poco, también tenemos que sumar el hecho que en grandes sectores de nuestra sociedad predomina el racismo y la discriminación.
Ante este panorama, podremos deducir que hacer humor en Bolivia es complicado, pese a ello se lo ha practicado en nuestro país, el mismo que ha ido evolucionando, acompañado también de los cambios históricos y sociales por los que hemos atravesado, por tanto se ha ido dejando atrás el humor discriminatorio que solíamos practicar, en especial aquel que se “reía del cojo porque cojeaba” o el que se concentraba en las características de las personas según su región o su gusto sexual que además naturalizaba un tipo de violencia verbal duro y extremo. Si bien esta práctica sigue vigente en algunos círculos cuando se lo practica públicamente es censurado, pero como solemos irnos a los extremos, es la censura en el marco de lo políticamente correcto lo que ahora nos domina, el “hate”, ese odio irracional y emocional que se esconde en el anonimato –especialmente de las redes-, el que domina la opinión en la esfera pública.
Ahora, con la ayuda de las redes sociales, vivimos un “empoderamiento” del humor, al dotarnos de una plataforma virtual a los humoristas gráficos, porque hemos dejado de depender de la publicación/impresión directa en los medios escritos, hoy en su mayoría digitalizados, también ha permitido que nuestros trabajos se difundan con mayor libertad que antes. Si bien, desde la lectura del periodismo contemporáneo, se considera al humorista gráfico como otro periodista más, se entiende que practica el “periodismo iconográfico”, que le brinda todo el respaldo y protección que el oficio periodístico dá. Hecho que no quiere decir que puede gozar de cierta impunidad a la hora de dibujar, por ende se tiene que practicar y asimilar también los mecanismos de lucha contra el racismo y la discriminación en la imagen.
Debo confesar que cuando he tocado este tema con algunos colegas la reacción que he obtenido no ha sido la deseada, muchos no solo entraron en negación, se molestaron, en algunos casos ni siquiera pude explicarles que estos “males” se manifiestan por ejemplo cuando se animaliza, demoniza o se convierte en monstruos a las personas/personajes que van a protagonizar la viñeta si nuestra línea es el humor político, por ejemplo. De hecho es una delgada línea la que separa esta frontera, de ahí que el talento del humorista gráfico tiene que ser el que logre sortear todos los obstáculos y plantear una composición creativa y crítica para la sociedad.
En mi caso, el proceso creativo va surgiendo a partir del consumo de noticias políticas, estas suelen ser una fuente de mucho humor, que permite parodiar la realidad nacional, decir lo que el periodismo coloquial no suele afirmar, contar lo que está entrelíneas, intentar reflejar el criterio de la audiencia o finalmente retratar lo absurdo que resulta la cotidianeidad no solo nacional también internacional.
En mis viñetas, suelo usar muchos códigos y juego con lo semántico de representación, mi composición se desenvuelve entre los significados y significantes, hago que participe el lector, cuando permito que sea él quien decodifique las pistas que le dejo para que sea parte de proceso creativo y descubra el sentido del humor que trato de reflejar. Otro amigo, al que suelo apodar como “marco teórico” me dijo que mi sentido del humor no solo es “negro”, también hermético, que debía plantearlo más abierto, más decodificable en su concepto humorístico, observación con la que no estoy de acuerdo, porque creo que sin esfuerzo no hay chiste y que al hacerlo más sencillo, perdería su encanto.
Ya voy llegando a los seis mil caracteres, es hora de despedirse, pedirles que sigan mis páginas en Facebook o Instagram, como “El centro, para reírse de todos los lados”. Aprovecho también para rescatar un muy interesante concepto que formuló la antropóloga británica Mary Douglas sobre el humor y con eso cierro este artículo: “El humor es subversivo, expone la arbitrariedad esencial de los significados sociales”.




















































































