El oro sigue en una fase alcista de fondo, pero con correcciones de corto plazo. En el último mes cayó alrededor de 3.8% y aun así permanece más de 34% arriba frente al año anterior, mientras cotiza cerca de $us 4.520 por onza troy. Ese patrón sugiere un mercado que ya descontó gran parte del shock de 2025-2026 y ahora opera con elevada sensibilidad a tasas, dólar y geopolítica.
En los últimos dos meses, la trayectoria ha sido de consolidación tras máximos históricos de enero. El metal registró episodios de retroceso y rebotes asociados a noticias sobre Oriente Medio, inflación y expectativas de tasas de la Reserva Federal. El oro tocó un máximo histórico de $us 5.608,35 en enero pasado y el precio actual sigue muy por encima de sus medias históricas. La lectura más importante de los analistas es que el oro no está en una corrección estructural. Diagnostican que está en una pausa dentro de una tendencia todavía fuerte.
El principal soporte sigue siendo la demanda de refugio frente a incertidumbre geopolítica y riesgos inflacionarios, especialmente cuando sube el petróleo o empeoran las tensiones en Medio Oriente. También pesan las compras de bancos centrales y la diversificación fuera del dólar.
Sin embargo, en las últimas semanas, este panorama alcista se ha topado con un obstáculo formidable: un cambio radical en las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal. El detonante principal ha sido el shock energético derivado del conflicto en Oriente Medio. Esto ha disparado el precio del petróleo y reavivado temores de una segunda ola inflacionaria.




















































































