En medio de una crisis económica prolongada y crecientes obstáculos para acceder a divisas, Patra, la emblemática marca boliviana de ropa deportiva femenina, es un ejemplo de resiliencia. Su fundadora y CEO, Amelia Solórzano, relata cómo la empresa, que llegó a producir 50.000 prendas al mes, hoy alcanza las 7.000, pero se mantiene en pie “por amor a la gente” y en defensa de los empleos que genera.
Solórzano lleva más de tres décadas al frente de esta reconocida marca boliviana que nació “prácticamente desde cero en el Plan 3000” y creció hasta consolidarse en todo el país. En sus mejores años, Patra empleaba a medio centenar de trabajadores. Hoy, en medio de una crisis prolongada, la producción ha caído y el equipo se ha reducido a unas 15 personas.
Las razones son múltiples: desde el cierre de mercados fronterizos hasta el impacto de la pandemia, pasando por la proliferación de imitaciones y productos de menor calidad. “Decidimos competir con la calidad, con los diseños, diversificar nuestros productos”, afirma Solórzano, aunque reconoce que “los productos sustitutos y la competencia desleal nos han afectado mucho”.
El golpe más reciente proviene de la escasez de dólares. Aunque Patra cuenta con divisas en sus cuentas bancarias, no ha podido usarlas para pagar a sus proveedores de insumos, especialmente de telas brasileñas. “No me permitieron pagar mi tela, ni tampoco me dieron opciones”, lamenta la empresaria. “Lo único que quería era pagar mi tela”.
La situación ha llevado a Patra a trabajar sin utilidad, e incluso “a pérdida”, como admite Solórzano. “Seguimos trabajando solo por amor a la bandera, por amor a la gente”, dice con convicción. “Si nosotros cerramos la empresa, los más perjudicados van a ser las personas que trabajan con nosotros”.
Actualmente, Patra mantiene dos líneas de productos: Patra Clásico, elaborado con algodón de primera calidad, y Patra Privé, con tela inteligente que ayuda a reducir la celulitis y evitar dolores musculares. Ambas se venden a nivel nacional, y aunque la exportación formal sigue siendo un sueño, los productos de Patra ya circulan en países como Estados Unidos, Alemania, Japón y España, llevados por bolivianos y admiradores de la marca.
A pesar del contexto adverso, Solórzano no renuncia a sus planes. “Tenemos un galpón destinado para montar una tejeduría y tintorería”, asevera. Y lanza un mensaje claro a las autoridades: “ayúdennos, dennos las herramientas. Nosotros somos como soldados dispuestos a entrar a la batalla y ganarle a la crisis”.
“Yo no lo temo al trabajo, ya sobreviví a dos crisis que ha vivido Bolivia”, concluye.



















































































