Según un informe de BMI (Business Monitor International), empresa perteneciente a la corporación Fitch Solutions, Bolivia enfrentará un escenario económico complejo en 2025, con un crecimiento estimado de apenas 0,9%, una inflación del 15% y una deuda pública que alcanzaría el 84% del Producto Interno Bruto (PIB).
El análisis, realizado por Fernando Romero, presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, destaca que las proyecciones macroeconómicas del Gobierno no reflejan la realidad del país y podrían estar desviando la atención sobre las crisis económicas que se desarrollan.
Romero cita el informe de BMI, «Perspectivas mensuales de América Latina – Un Enfoque en Bolivia», publicado en enero de 2025, donde se señala que existe un alto grado de incertidumbre en la política fiscal, especialmente debido a la falta de transparencia en los datos presupuestarios.
«El gobierno no ha publicado ningún presupuesto mensual o datos oficiales para 2024, y los datos de 2023 solo se hicieron públicos en diciembre de 2024», resalta el análisis.
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BMI
Además, BMI expresa escepticismo sobre las proyecciones de crecimiento del Gobierno, calificándolas de «demasiado optimistas».
Romero destaca que, incluso en condiciones favorables en 2022, la economía boliviana solo creció un 3,6%, lo que hace improbable alcanzar las metas actuales de 3,50%, según el Presupuesto General del Estado (PGE).
«Las discrepancias entre las declaraciones públicas, los estados financieros y los presupuestos son cada vez más evidentes, especialmente en el lado de los ingresos», agrega.
El informe también advierte que el déficit fiscal persistirá al menos hasta 2026, estimándose en un 10,8% del PIB en 2024 y proyectándose en un 9,7% para 2025.
Asimismo, dos tercios del gasto estatal se destinaron a adquisiciones y nóminas en 2023, y se estima que esta cifra pudo ser igual o mayor en 2024.
Proyección
En cuanto a la deuda pública, BMI proyecta que esta llegará al 84% del PIB en 2025, con una deuda interna representando el 62% y la externa el 22%.
Por otro lado, la inflación, que cerró 2024 en un 9,97%, podría llegar a 15% este año, el doble del 7,50% que proyectó el Gobierno en el PGE.
«Los hogares están atrapados con bajos ingresos en moneda local y la falta de liquidez en dólares limita su capacidad para amortiguar el impacto económico», señala Romero.
Según el economista, la escasez de alimentos, combustible y otros productos esenciales agrava la situación, lo que convierte cualquier ajuste fiscal en un «suicidio político a corto plazo».





















































































