El accidente aéreo del 27 de febrero de 2026 desató en Bolivia una inusitada crisis de varias dimensiones. Mostró la falta de un protocolo de emergencia aeroportuaria eficiente, las falencias en los organismos de defensa civil, y la falta de previsión en el traslado de un bien tan delicado como los billetes aún no puestos en circulación. Pero el principal trance que desnudó en el gobierno fue el de comunicación.
Varios voceros comenzaron, desde ese viernes en la noche, a tratar de explicar qué había ocurrido, en qué circunstancias, y qué medidas se estaba tomando. La noticia del accidente derivó de inmediato en la crisis generada por los billetes que el avión transportaba, los cuales no se había registrado para su circulación y que estaban siendo levantados por personas en el lugar del siniestro, aprovechando el caos. A partir de ese momento, hasta 5 versiones “oficiales” circularon: que los billetes no valían. Que sí valían.
Que no valían otra vez. Que había que descargar una app para escanear cada billete que llegue a tus manos (?). Mientras tanto, los cajeros automáticos seguían dispensando billetes de la serie B y los comercios los comenzaron a rechazar. Al final, por toda respuesta, la población comenzó a hacer uso intensivo del pago por QR, para evitar a los billetes de la serie cuestionada, un problema que al sistema bancario aún le toca solucionar.
Luego, casi en paralelo, el escándalo de la gasolina sucia. El nuevo “soundtrack” de las ciudades son los autos ahogados, tratando de arrancar, víctimas de la carbonilla. Desde hace un par de semanas, se ha incrementado el número de accidentes viales, y al parecer no de manera gratuita, sino ligada a las fallas que este combustible está causando en nuestros vehículos.
¿La gasolina de mala calidad se acumuló desde la crisis vivida en el anterior gobierno? ¿Hay alguna forma en la que el ciudadano pueda evitar que su vehículo se dañe? ¿Es posible que estemos pagando casi el doble por una gasolina de tan baja calidad? Nadie nos ha respondido de manera puntual a estas dudas a través de canales oficiales. Nobleza obliga, un funcionario salió a pedir disculpas, pero no se inició una campaña informativa que provea certezas sobre lo que pasa. La respuesta fue nuevamente paliativa y funcional: se habilitó un canal de WhatsApp, el Sistema de Registro y Evaluación de Contingencias (SREC) para que la población ingrese sus datos y se le pueda reconocer lo gastado en la reparación.
El establecer una narrativa como política de comunicación es vital para la gestión gubernamental. No se trata de dar noticias y publicar comunicados, sino de construir un marco de interpretación para la realidad, tomando insumos de esta. La función principal es darle sentido a las acciones del Estado para que la ciudadanía no solo reciba datos, sino que comprenda cuál es la visión de país que propone el gobernante.
Hay gestiones muy técnicas, que se enfocan en los resultados (indicadores, obras, leyes) esperando que estos «hablen por sí solos». El problema es que lo que no se comunica, no existe en la mente del público, no pasa a formar parte de la agenda. Se puede tener una gestión excelente en los papeles, pero percibida como mediocre o inexistente para la población. Como dice el filósofo español Daniel Innerarity, la política es una gestión de la atención; si no captas la atención sobre tus logros, estos quedan fuera del sistema democrático de valoración.
El gobierno de Rodrigo Paz lleva solo 174 días y tiene la misión de limpiar el chiquero de 20 años que dejó el MAS en todos los ámbitos. No es tarea fácil y se está viendo en estos días en YPFB. Pero se comete un error garrafal al tener una lógica de comunicación solamente reactiva, que solo “informe” y no escuche, gestione, proponga y establezca canales estratégicos con públicos ídem, para de esa manera no solamente “informar”, sino gestionar activamente las distintas comunidades que conformamos el país.
En un entorno signado por la desinformación, las fake news, los intentos de desestabilización por parte de sectores intransigentes, es urgente que el ya no tan nuevo gobierno haga un trabajo sesudo de comunicación estratégica y no deposite esa responsabilidad en la plétora de medios existentes. Hay que recordarle a Rodrigo que gestión que no comunica no hizo gestión.
















































































