Bolivia lleva décadas atrapada en un ciclo que se repite con precisión fatal: estatiza, fracasa, privatiza, fracasa, y vuelve a estatizar. Para Raúl Velásquez, analista de la Fundación Jubileo, romper ese péndulo es uno de los grandes desafíos del país. El origen de este fenómeno no es solo político sino cultural, señala.
«Vivimos en una sociedad que es rentista y estatista», advierte Velásquez. La última nacionalización fue impulsada por el MAS, pero la demanda venía de antes. Fue la propia ciudadanía la que en la Guerra del Gas y en el referéndum de 2004 exigió más renta y más presencia del Estado. «Olvidando las desastrosas experiencias con la COMIBOL en los 80 o con la propia YPFB en los 70», anota el especialista.
El resultado más reciente de esa lógica es elocuente en Bolivia: YPFB «produce más empleos que gas», según Velásquez. Sin capital privado dispuesto a asumir riesgos en exploración —una actividad cara e incierta donde nadie garantiza resultados— el Estado termina financiando con dinero público pozos que pueden resultar secos, Lo hace a costa de recursos que podrían ir a salud o educación.
Velásquez no descarta que YPFB pueda explorar, pero insiste en que debe asociarse y diversificar riesgos. El problema de fondo, sin embargo, es anterior a cualquier modelo. «La memoria en nuestro país es frágil, y volvemos a apostarle a lo mismo». Mientras esa memoria no se fortalezca con institucionalidad real, advierte, ni el Estado ni el privado podrán funcionar bien en el sector.




















































































