El sector bancario de Sudamérica vive un momento transformacional, con la digitalización y la inteligencia artificial (IA) pasando al centro de las decisiones. En Colombia, el gobierno acaba de hacer obligatorio el Open Finance para todas las entidades del sistema financiero. Es parte de una tendencia que refleja también un reciente informa de Boston Consulting Group. Según señala, la adopción de IA agéntica podría incrementar la rentabilidad de los bancos hasta un 30% y reducir sus costos operativos hasta un 40% hacia 2030. No son hechos aislados: son síntomas de una transformación que ya no admite ser postergada.
La pregunta que recorre los pasillos de las casas financieras de la región ya no es si adoptar la IA, sino a qué velocidad y con qué profundidad. La respuesta que está emergiendo, con claridad creciente, es que quienes sigan ignorando las señales están perdiendo terreno.
Colombia
La anterior semana, el presidente Gustavo Petro firmó el Decreto 0368, que convierte el sistema de finanzas abiertas en obligatorio para todas las entidades vigiladas por la Superintendencia Financiera. El principio que organiza el nuevo esquema es uno solo: los datos financieros pertenecen al usuario, no a la institución que los custodia.
El decreto llega en un momento de desconfianza estructural. Según datos de Certena, empresa especializada en gestión del consentimiento de datos, el 62% de los usuarios teme que su información sea utilizada para fines distintos a los autorizados. Solo el 31% conoce hoy el concepto de Open Finance. Nathalia Landeta, CEO y cofundadora de Certena, señaló que el desafío central no es técnico. «Durante años, el consentimiento se redujo a aceptar términos y condiciones extensos y difíciles de comprender. Ahí es donde se amplifican muchos de los riesgos, como el fraude o la ingeniería social», afirmó.
Chile
Nicolás Deino, director ejecutivo de Accenture Chile, describió hacia dónde apunta la próxima frontera de la IA en las finanzas personales en una entrevista con TXS+. «La expectativa es que yo pueda delegar una tarea y decir: este es mi dinero y estas son mis cuentas. Entonces, optimícelo e inviértalo». Es lo que la industria llama «dinero agéntico». Sistemas capaces de mover, invertir y optimizar el patrimonio de un usuario de forma autónoma, bajo sus instrucciones.
Pero Deino también advirtió sobre el riesgo de ese mismo proceso. «Las monedas digitales podrían desplazar pagos e ingresos fuera del sistema bancario tradicional, mientras que las transacciones más inteligentes podrían situar a los bancos en el centro de una nueva revolución financiera». La disrupción, en otras palabras, puede ir en cualquier dirección.
Brasil
Brasil sigue siendo la economía donde la implementación de IA bancaria va más adelantada. Bradesco opera con su plataforma BIA —Bradesco Inteligência Artificial— disponible para 24 millones de cuentahabientes, con una tasa de resolución de consultas del 82% sin intervención humana en el primer nivel de atención. Itaú Unibanco ha priorizado para este año la expansión de agentes autónomos de IA. Banco do Brasil, por su parte, reporta que sus programas internos de capacitación en IA —AcademIA y CuradorIA— elevaron su índice de madurez analítica en más de 16% en seis meses.
El freno que nadie quiere nombrar
Debajo del optimismo hay una tensión que tarde o temprana tendrá que ser abordada. Ray Ruga, CEO de Fintech Americas, dijo lo siguiente en un análisis ampliamente citado en la región. «Una fintech que opera en México, Colombia, Brasil y Argentina enfrenta cuatro marcos regulatorios diferentes. Eso no es sostenible».
Añadió una advertencia que define el momento. «La deuda técnica de muchas instituciones latinoamericanas ya no es un problema del área de tecnología. Es una limitación estratégica. No se puede hacer IA a escala sobre sistemas del pasado».




















































































