En el corazón de la Amazonía, la cumbre climática de la ONU, COP30, se inauguró con un marcado contraste entre un impulso sin precedentes por la acción y un consenso global cada vez más fragmentado. Mientras el planeta experimenta un calor récord y tormentas devastadoras, los delegados en Belém enfrentan una pregunta fundamental: ¿podrán finalmente las palabras traducirse en resultados tangibles?
Celebrada en la ciudad brasileña de Belém, puerta de entrada a la selva amazónica, la COP30 es presentada por sus anfitriones como la «COP de la Implementación». Esto ocurre una década después del histórico Acuerdo de París, un período durante el cual las promesas climáticas han superado con creces las acciones concretas.
Urgencias y fisuras
La conferencia comienza en un momento de profunda urgencia. La Organización Meteorológica Mundial informó que 2025 probablemente se encuentre entre los años más cálidos jamás registrados, con temperaturas globales que ya superan en 1,42 °C los niveles preindustriales. Los científicos advierten que limitar el calentamiento al objetivo ideal de 1,5 °C del Acuerdo de París es ahora «prácticamente imposible» sin un sobrecalentamiento temporal y peligroso.
Esta realidad física se ve acompañada por un panorama político fragmentado. Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, no participa en la COP30. Además, los líderes de los otros países más contaminantes del mundo —China e India— también están ausentes.
«De hecho, creo que es positivo que Estados Unidos no haya enviado una delegación”, afirmó Christiana Figueres, una de las principales artífices del Acuerdo de París. «Si Estados Unidos estuviera presente, solo intentaría obstaculizar el progreso».
Principales resultados
A pesar de los desafíos geopolíticos, la primera semana de la COP30 ha sido testigo de importantes lanzamientos y compromisos financieros.
El resultado más destacado es el lanzamiento del Mecanismo para los Bosques Tropicales para Siempre (TFFF). Impulsada por Brasil, esta iniciativa aspira a ser el mayor mecanismo de financiación jamás creado para los bosques, con el objetivo de movilizar 125 mil millones de dólares. El fondo proporcionará pagos basados en el desempeño a los países tropicales por la conservación de sus bosques. Los compromisos iniciales han alcanzado los 5500 millones de dólares, con Noruega comprometiéndose a aportar hasta 3000 millones y Brasil e Indonesia a 1000 millones cada uno.
El Fondo para la Respuesta a las Pérdidas y los Daños ha pasado rápidamente de la fase de diseño a la de operación. Ha lanzado su primera convocatoria de propuestas por valor de 250 millones de dólares, creando un canal de apoyo crucial para los países en desarrollo que se encuentran en la primera línea de los impactos climáticos.
Un eje central de las negociaciones es la «Hoja de Ruta Bakú-Belém», que esboza una estrategia para movilizar los $us 1,3 billones anuales necesarios para 2035 en financiación climática para los países en desarrollo.
Voces
La narrativa de la justicia climática ha sido fundamental en las conversaciones de Belém. «Será imposible contener el cambio climático sin superar las desigualdades dentro de las naciones y entre ellas», afirmó el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. «La justicia climática es una aliada en la lucha contra el hambre y la pobreza, la lucha contra el racismo, la igualdad de género y la promoción de una gobernanza global más representativa e inclusiva».
El jefe de la ONU para el clima, Simon Stiell, adoptó un tono serio. «En este foro de la COP30, su labor no es enfrentarse entre sí, sino luchar juntos contra esta crisis climática», aseveró.
Ambigüedades
La presidencia brasileña, si bien se le reconoce un liderazgo ambicioso, también enfrenta críticas. Apenas semanas antes de la COP30, la agencia ambiental de Brasil aprobó la primera licencia del país para la exploración petrolera cerca de la costa amazónica.
«Mi mayor temor es que los países no aumenten su ambición. Esta podría ser una COP que les dé permiso para hacer menos», dijo la académica del LSE, Kathryn Hochstetler.



















































































