El dólar sigue siendo noticia. En cuestión de semanas pasó de Bs 15 a menos de Bs 10 para luego rebotar a Bs 13. Una ruleta que dejó desconcertada a la población, incluyendo a los propios economistas de los colegios afiliados, la academia, opinadores ocasionales y autoridades de turno. Muchos se aventuraron en ofrecer todo tipo de explicaciones teóricas que, lejos de esforzarse en entender el fenómeno, buscaron justificar la caída.
Hubo desde las típicas miradas tradicionales que asociaron a la vieja ley de la oferta y la demanda. En el mercado habría más divisas gracias a mayores exportaciones y menores importaciones, este último por el encarecimiento del dólar. Esta hipótesis resulta aritméticamente poco plausible porque, en lo que va del año, las exportaciones cayeron (7%) más que las importaciones (4%). El Gobierno lo atribuyó al superávit comercial de corto plazo omitiendo que —en el acumulado— persisten números rojos con más de $us 500 millones de diferencia. Para otros analistas, su baja obedeció al turismo. Según ellos, los visitantes extranjeros llegan al país cargados de dólares. En realidad, en su mayoría se trata de compradores fronterizos que promueven el contrabando de electrodomésticos y mercancías aprovechando el diferencial cambiario.
Tampoco faltaron los convencidos de que la menor demanda especulativa se debe a la mayor certidumbre política que provocaron los resultados electorales y su reciente viraje hacia candidaturas “pro mercado”. Toda una joya de ciencia ficción. ¡Lo normal es lo contrario! Los comicios prolongan la incertidumbre política y económica de los ajustes y debiera amplificar la volatilidad cambiaria en lugar de reducirla. Asumir que los inversionistas, de la noche a la mañana, dejarán de refugiarse en los dólares porque ven un futuro color de rosa es simplemente ingenuo.
Pero en el mundo de lo inexplicable hay todavía ideas más insólitas. Para algunos analistas, las familias están dejando de comprar dólares o los están “desahorrando” porque ahora ¡los utilizan para comprar comida! Esto es no comprender la estructura de ingresos y gastos de la población boliviana. Los pocos incautos que cambiaron dólares ante la disminución de su precio corrieron a comprar celulares. Hay quienes además suponen que la menor tendencia de dólares es porque la población optó por comprar bonos del Gobierno siendo que meses atrás lo daban cómo improbable. Otros prefieren atribuir la baja del dólar al auge de las plataformas digitales. La ironía es que, por cada dólar transado en esos espacios, el sistema financiero mueve 60 veces más.
La realidad cambiaria es mucho menos creativa y más incómoda. La volatilidad de la divisa responde al fenómeno de sobrerreacción del tipo de cambio (overshooting) que lo advertí hace más de un año (Ejtv, 09/08/2024). Esta sobrerreacción en el contexto reciente está asociada a las elecciones. Es producto de la especulación financiera que generó un exceso de pesimismo traducido en un pánico desenfrenado que ocasionó una sobredemanda de dólares. Ahora, el comportamiento es inverso. Hay un exceso de optimismo exagerado que empujó el precio a la baja, como si un cambio de gobierno bastara para resolver la crisis económica que cada vez se vuelve más estructural con restricciones financieras y sociales muy altas. Este péndulo de expectativas es —en lo inmediato— más psicológico que económico.
Los especuladores se alimentan de la desinformación financiera en mercados volátiles como el de la divisa. Con la liberalización de las plataformas digitales, los especuladores han ganado mucha influencia en la determinación del precio del dólar paralelo desde donde se lanzan falsas señales al mercado con el objeto de moldear las expectativas del público. Hoy vivimos bajo un régimen de tipo de cambio flexible “de facto” gobernado por estas oscilaciones erráticas que no tienen fundamentos puramente económicos, sino es producto de la histeria colectiva aliñada con oportunismo financiero. Aquí algunas interrogantes: ¿será este el costo de nuestra inexperiencia colectiva de ver fluctuar nuestra moneda frente al dólar? o ¿del aprendizaje hacia un régimen flexible predeterminado? En este escenario de incertidumbre ¿cómo distinguir entre una bajada coyuntural, de una sostenida?
Solo habrá una caída real del dólar si se revierte de manera estructural el déficit comercial privado, el sistema financiero recupera acceso normal a divisas, las RIN vuelven a niveles adecuados y termina la carestía de combustibles. Nada de eso ha ocurrido. El actual respiro es apenas un retroceso en la escalera devaluatoria, un paso atrás antes de seguir subiendo. En el actual contexto, lo peor que se puede hacer es caer en la tentación de “predecir” el valor del dólar. No se trata de adivinar el precio de mañana, sino de entender que, mientras persistan los desequilibrios externos y la escasez de divisas, la tendencia seguirá siendo alcista con pausas engañosas.
Omar Rilver Velasco
es habitante del Kollasuyo, Yatiri económico y promotor del Vivir Bien.

















































































