El modelo (de gobierno) que describo con brevedad inimaginable nació en la consultoría y docencia, en entidades del sector agua y la maestría en gerencia pública de la UMSA. Viene afinándose en forma de libro pero deseo compartir algunas ideas que ojalá contribuyan al proceso electoral.
Comienzo con el dicho popular “quién se queja, no cambia nada” que grafica el ciclo de negatividad recurrente que se da en todos los niveles de gobierno. ¿Les suenan familiares estas expresiones? “Somos víctimas de sabotaje parlamentario”, “se activó un golpe de estado desde el Concejo Municipal. “las organizaciones sociales y cívicas piden lo imposible”, “nuestros propios militantes votaron en nuestra contra”, “el proyecto fracasó porque los beneficiarios pidieron cambios inatendibles”, “los delitos son intuito personae, no pueden culpar al gobierno”, o finalmente, “nuestro plan de gobierno había estado fuera de la comprensión del pueblo”.
Una gestión gubernamental integral e integrada desafía a planificar de modo completo, exhaustivo y abarcando todos los actores y factores del contexto. En este sentido, «integral» implica una visión holística de la realidad. Pero además debe integrar o combinar los elementos relevantes de esa totalidad para formar un subconjunto coherente y funcional. En este sentido, «integrada» implica la idea de unir y armonizar diferentes componentes para lograr un objetivo común. Veamos algunos contra ejemplos.
Un candidato propuso que, al día siguiente de las elecciones, los flamantes parlamentarios deberían formular el plan y ley agropecuaria nacional. ¿Acaso no se debería analizar la realidad intersectorial e interregional y la incidencia internacional para concertar una visión de país a largo plazo antes de priorizar un interés en particular? Si se cumpliera tal promesa las posibilidades de armonización social y política necesarias para abordar la crisis multidimensional que vivimos serían imposibles. Otra, el año 2003, un proyecto de cambio del impuesto a la renta de personas, después de varios muertos y quema de ministerios tuvo que ser abortado dejando cicatrices imborrables en nuestra historia. Se dice que se contó con un asesoramiento de altísima calidad técnica que aseguraba la consistencia del proyecto, que se contaba con una sólida capacidad institucional en Impuestos Nacionales, entidad bajo fortalecimiento del Servicio Civil, pero una vez promulgado el decreto, estalló una bomba social. El gasolinazo de enero de 2010 a pesar del supuesto apoyo social al gobierno y las necesidades fiscales, corrió la misma suerte. En ambos casos el proyecto y la capacidad de implementación sucumbieron por la inviabilidad política y social.
Entonces, un buen proyecto y una sólida capacidad para implementarlo son condiciones necesarias pero no suficientes. La sostenibilidad gubernamental se completa con el aseguramiento de la influencia necesaria en el entorno para contarse con el apoyo al proyecto en todos los niveles, social, político, técnico, financiero e institucional. Sólo si gestionamos adecuadamente la integración, cooperación y adhesión de actores clave al proyecto lograremos legitimidad y estabilidad del mandato.
Pero además, se puede contar con los tres factores; buen proyecto institucional, sólida capacidad institucional y amplia influencia institucional, pero puede emerger nuevamente la vulnerabilidad de la gestión gubernamental debido a que la esfera del compromiso institucional, la responsabilidad y transparencia pueden estar débiles. La conocida frase “roba pero hace” ha dejado de ser válida porque resultó ser la antesala del nepotismo y el familismo amoral que puede corromper absolutamente todo. Por tanto, esta dimensión que completa el modelo de gestión gubernamental integral e integrada es hoy en día de importancia suprema. Algunos proyectos políticos conservadores, inteligentemente han recogido el hartazgo ciudadano del abuso de poder, la ambición desmedida y comportamiento inmoral de los políticos para proponer dinamitar el Estado. En todo caso, si la gestión gubernamental hace la vista gorda a la dimensión del compromiso ético, anuncia inexorablemente que el fin está cerca. Permítanme un punteo de estas cuatro dimensiones de gestión para verlas en conjunto, coordinadas siendo las cuatro igualmente importantes.

El proyecto institucional tiene relación con la gestión programática y la innovación, es clave para impulsar el desarrollo sostenible y responder a las necesidades futuras de la población y las demandas ambientales. Se enfoca en diseñar, implementar y evaluar programas y proyectos; en innovar y dar respuesta a las necesidades futuras. La planificación identifica los problemas raíz que impactan en todo el sistema. Requiere solidas competencias de pensamiento sistémico, diseño e implementación de programas, innovación y adaptación, monitoreo, evaluación y aprendizaje. El rol del líder es el de innovador – emprendedor.
La capacidad institucional permite la realización del proyecto y atiende las necesidades actuales de la población mediante el uso efectivo de los recursos disponibles para entregar servicios de calidad. Requiere sólidas competencias en gestión de procesos, optimización de recursos y maximización de impactos, gestión del talento humano, infraestructura y tecnología. El rol del líder es el de gerente – administrador.
La imagen institucional es la dimensión donde se despliega la capacidad para interactuar efectivamente con el entorno, identificar potenciales y riesgos y establecer alianzas y colaboraciones estratégicas con otros actores para coproducir resultados. Requiere sólidas competencias para el monitoreo del entorno, gestión de relaciones, colaboración y alianzas, e influencia y negociación. El rol del líder es el de político – armonizador.
El compromiso institucional garantiza la confianza de los socios del gobierno y la ciudadanía a través del cumplimiento de acuerdos y el propio plan de gobierno. Previene la corrupción asegurando que las acciones de los y las servidoras públicas sean claras, accesibles, éticas y responsables. Se requieren sólidas competencias en comunicación efectiva, acceso a información, rendición de cuentas, gestión de riesgos, cultura organizacional y tecnologías de información y comunicación. El rol del líder es el de estadista.
Las dos primeras dimensiones contribuyen a la gobernabilidad y a la consistencia interna; la tercera y cuarta a la gobernanza y la consistencia con el entorno. En conjunto aseguran la viabilidad inmediata de medio y largo plazo.
El super factor de éxito es que no requiere que el gobernante encarne los cuatro papeles y sus múltiples competencias, es condición, más bien, que el liderazgo sea compartido y se cuente con expertos y expertas que manejen en conjunto y de modo armónico las cuatro dimensiones de gestión formando un poderoso equipo de alto rendimiento.
En síntesis, el nuevo gobierno debe apostar al diálogo y deliberación, consenso y acuerdos, y responsabilidad política compartida, y no es algo imposible, Mandela nos dio el ejemplo, cuando perdonó a sus carceleros que durante 27 años orinaban su comida. La reconciliación fue condición sine qua non para reconstruir Sudáfrica destruida por el apartheid. Bolivia en su bicentenario requiere igual esfuerzo, de modo que antes de ajustar la economía, los cinturones y hacer planes sectoriales, se debe generar un gran encuentro nacional, superando los difíciles disensos sociales, étnicos y regionales que hoy parecen insalvables.
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