La Paz vive rodeada de montañas y las montañas donde se origina el agua que consume se encuentran en la Cordillera Oriental del altiplano boliviano. Allí se ubican los glaciares tropicales, los mismos que son masas de hielo que transforman agua sólida, es decir, nieve, granizo o escarcha; en hielo, el que luego es restituido por el ciclo del agua en forma de vapor o en forma líquida que escurre a través de los ríos.
Bolivia alberga aproximadamente el 20% de los glaciares tropicales de la región andina (Francou et al., 2013). Estos glaciares presentan un retroceso acelerado desde mediados de los años 70 y aquellos localizados por debajo de los 5.500 msnm probablemente desaparecerán en 20 o 30 años. En relación con estos datos los glaciares son considerados como un termómetro e indicador de cambio climático. Conocemos que este fenómeno se manifiesta principalmente por el aumento de la temperatura en el planeta tierra, lo cual está acelerando el derretimiento y retroceso de los glaciares en todo el mundo.
Su retroceso no solo es percibido visualmente, sino, y más importante, se manifiesta en los cambios de la cantidad de agua que aporta actualmente y lo hará a futuro a las lagunas, bofedales y ríos que están conectados a los glaciares y que reciben las aguas de deshielo.
En La Paz y El Alto, el agua que se consume en estas ciudades se origina en un 10% y 15% del derretimiento de los glaciares y el resto depende de las lluvias. En época seca el porcentaje de aporte glaciar al sistema de consumo de agua llega al 27%. Así mismo, la totalidad de las cuencas fuente de los sistemas de abastecimiento de agua potable de La Paz y El Alto dependen de los glaciares. En efecto, sin los glaciares, los embalses al pie de las montañas no se recargan periódicamente y los ríos que se originan en las alturas y luego atraviesan las ciudades, reducirían en cantidad de agua.
Esto repercute principalmente en el uso del agua para consumo humano de comunidades altoandinas, pero también perjudicaría a las actividades agropecuarias y energéticas dependientes de este recurso, como es el caso de comunidades productoras de verduras y frutas de la cuenca de Cohoni a las faldas del ícono paceño como es el nevado Illimani y el funcionamiento de la hidroeléctrica de Zongo que depende de las aguas del Huayna Potosí, que provee de energía eléctrica a La Paz.
Como todo el sistema hídrico está conectado a través de las cuencas, la provisión de agua de los glaciares no solo recorre ciudades como La Paz y El Alto, sino que las cabeceras de muchos de los ríos amazónicos se encuentran en la Cordillera de los Andes. Esto reviste una vez más la importancia de los glaciares para la existencia de agua hoy, en el futuro próximo y para el disfrute de las generaciones futuras.
Por todo esto, es importante saber que nuestras fuentes de agua van retrayéndose y la cantidad de agua que fluye de los glaciares disminuirá. Esto obligará a buscar nuevas fuentes de abastecimiento de agua, pero más importante es tomar conciencia de la preservación de este valioso recurso que podemos hacer a través del control y reducción de su contaminación y sobre todo del consumo responsable y racional del agua nuestra de cada día, minimizando el derroche y optimizando su uso y reutilización.
Ana Lía Gonzáles es gerente del Proyecto Vulnerabilidad Hídrica en la Amazonía, Fundación Amigos de la Naturaleza

















































































