El proceso preelectoral, con la final definición de candidaturas, el lanzamiento de campañas y especialmente la llegada de encuestas de preferencias en la votación llenan los espacios noticiosos y las redes sociales bolivianas, dando ciertos resultados comunes que generan comentarios triunfalistas, así como llamados a la cautela porque en Bolivia siempre las encuestas se han equivocado. Me sumo a esa cautela en un doble sentido y poniendo el foco en la nueva generación de votantes. Me explico:
La mayoría de las encuestas validadas señalan un orden de preferencia electoral que se repite, siendo primeros dos candidatos de derecha, Samuel Doria Medina (20%) más centro que Jorge Quiroga (18%), y el tercero hacia la izquierda, Andrónico Rodríguez (14%) (considerado exdelfín de Evo Morales, quien a su vez aún tendría un 15% de votación fiel que no ha decidido su voto). El resto, las otras siete candidaturas, tiene votación bastante menor. Ya que nadie supera el 40% y además no lleva ventaja de 10% sobre el segundo, habría una segunda vuelta entre los dos primeros.
Hay voces triunfalistas de la derecha y de quienes simplemente odian a Morales, y a todo lo que se le parezca, que ven la posibilidad de que en una segunda vuelta vayan dos de derecha y que en el peor de lo casos sea un duelo entre Samuel y Andrónico, hacen sumas y creen que Doria Medina podría ganar. Aquí surge las primeras voces de cautela que recuerdan la solidez de voto de Evo, que en su momento llegó a ser electo por más del 60%, que podría concentrarse en su exdelfín. Es que las encuestas nunca han podido reflejar el voto del área rural, ya sea porque no llegaban o porque la gente encuestada les engañaba. Desconfíen, advierten.
Ése sería el primer sentido de la cautela. Planteo mayor cautela aún, y en sentido contrario a la anterior, que toma en cuenta la juventud del electorado. En las elecciones nacionales bolivianas del 17 de agosto de 2025, el 31% del padrón electoral son personas comprendidas entre 18 y 30 años, gran parte de ellas votará por primera vez y es además una población que se ha criado durante los 14 años de gobierno de Morales. Se le llama “generación Evo”; evidentemente, eso no implica que le vote a él o a su exdelfín, podría ser una generación muy crítica.
Ojo con esta generación que, al contrario de sus padres campesinos o de escasos recursos, está conectada al internet (es una de las consecuencias del confinamiento del COVID-19) y las redes sociales tienen un discurso mayoritario de tipo conservador, liberal y enfocado al consumo. La socialización de esta generación está fuertemente marcada por el consumo de redes sociales y los mensajes que allí se transmiten de manera explícita y especialmente implícita.
Aquí hay un elemento muy particular. Los estudios que se han hecho en España, y que podrían extrapolarse a Bolivia, señalan que los jóvenes varones son conservadores, más machistas que sus padres y que votan a la derecha, incluso extrema; al contrario, las mujeres son más de izquierda y más feministas o conscientes del machismo en la sociedad.
Al consumir mensajes que hablan del éxito personal en un ambiente vendido como ideal de vida, ¿qué se plantea un joven campesino al compararse? ¿Aspira a ese supuesto logro personal o es crítico con el sistema y sus diferencias sociales? ¿Alguien le habla de situaciones de explotación o discriminación o, en todo caso, lo que escucha es que tiene que montar una empresa?
Además, los jóvenes tienen fácil acceso a la pornografía que cosifica a las mujeres y eso normaliza la cultura de la violencia y la violación. No es extraño que se vea una contienda electoral fuertemente masculina y masculinizada que no hace mención a las violencias machistas, y con sólo una candidata a la presidencia que logra apenas intención de voto.
Doria Medina lleva ya un tiempo muy activo en las redes buscando conectar con la juventud. Su contrincante Andrónico, el más joven de los candidatos, ¿toma en cuenta a esta juventud atravesada por discursos en redes? Este candidato lleva a una joven como vicepresidenta, Mariana Prado, que podría conectar con las mujeres cuyo temor por sufrir violencias siempre está presente en su vida diaria, sería un gran eje discursivo electoral y, además, una necesidad urgente por resolver. Un gran eje discursivo imposible con ella, defensora de un feminicida y, en ese sentido, es un tiro por la culata o, peor aún, un guiño a esa juventud conservadora y machista.
Drina Ergueta es periodista y antropóloga















































































