Lamentablemente, en las últimas semanas, la práctica de los bajos instintos de la política boliviana se ha fortalecido. ¿A qué me refiero? Para ilustrar mejor. Recuerdo el caso del abogado Leopoldo Chui y su partido político denominado Jallalla. Hace varios años, mediante diferentes medios de comunicación, ofrecía su sigla a quienes querían postularse a cargos públicos, en diferentes elecciones que tuvo el país. Se reveló que brindaban la sigla del partido a cambio de sumas de dinero. Es decir, proveían la sigla del partido como un producto y a cualquier postor. Nunca se investigó estas maniobras reñidas con la moral pública y la política gansteril, ¿a quién correspondía investigar? Al Tribunal Supremo Electoral (TSE), que no hizo alguna declaración al respecto.
Este estilo de hacer política hoy se ha vuelto muy cotidiano. Partidos que no alcanzaron en la votación nacional más del 2% siguen vigentes, amparados en la impunidad de no ser sancionados y, sobre todo, con la idea que cualquier ciudadano tiene el derecho de hacer política.
Incluso los partidos reconocidos por el TSE, hoy, están cogidos en esos vericuetos de la política comercial; es decir, en negociaciones y acuerdos para cargos de Presidente, Vicepresidente, senadores y diputados. Además, muy compenetrados en el marketing, haciendo grandes anuncios, como “será una gran sorpresa…”. Esta forma de “sorpresa” tiene mucho de contubernio y traiciones. La derecha política no se queda atrás y lo hace con más saña, como es su vieja tradición. Su “lista negra” (que tiene toda una carga peyorativa aludiendo a la negritud y sus derivados), cuando deberían llamar “lista blanca” a los nombres de sus secuaces que “no le cayeron bien al jefe capitalista o aliados” y han quedado excluidos de las planchas políticas.
Hay otro gran tema. Las trasformaciones políticas contemporáneas del país, como la Asamblea Constituyente (2006-2008), fueron propugnadas y protagonizados por los movimientos sociales anticoloniales, fundamentalmente por las organizaciones sociales indígenas y campesinas o su aglutinación de diferentes llamado Pacto de Unidad. Pero, los movimientos sociales, gradualmente fueron diluyendo sus acciones políticas de la transformación societal profunda. De a poco, fueron cayendo en la lógica de hacer política bajo el perfil tradicional y conservadora.
La práctica comunal del thakhi en aymara o ñan en quechua, o la otra política como el servicio a la colectividad mediante el ejercicio de la rotación, gran herencia de los ayllus andinos, fue cayendo en la idea de hacer política para el aprovechamiento de unos pocos o mediante actos dolosos. ¿Cuánto daño hizo que los representantes de las organizaciones sociales asuman cargos políticos en los diferentes niveles del Estado? A la par, no se apostó en la formación de nuevos líderes bajo el perfil del thakhi o ñan. Esta gran deficiencia llevó a un vacío de falta de dirigentes jóvenes (hombres y mujeres), acorde para estos tiempos. El gran ejemplo son los actuales diputados y senadores en la Asamblea Legislativa, que toda la gestión pasaron insultándose y en sendas peleas pugilísticas vergonzosas, que en afrontar mediante la aprobación de leyes que ayuden al pueblo boliviano.
Todas estas manifestaciones nos han llevado a la faena de la política en su nivel más cuestionable, que lo llamo de bajos instintos. Lo más preocupante es que la política, tanto en su manifestación como en su representación, es sólo vista desde el partido político.
La Constitución de 2009 reconoce plenamente a los pueblos ancestrales en sus artículos 1, 2, 3, 4 y 5, además, en los artículos 8 y 9, hoy están siendo violados por la Ley Electoral, que solo permite postular a cargos políticos por debajo de la Presidencia, es decir, solo en las elecciones subnacionales. En la demanda de los pueblos ancestrales de participar en las elecciones nacionales de agosto del presente año, está la propuesta de la otra política, no mediante los partidos políticos, sino mediante los movimientos y organizaciones sociales. Qhipa urunakanxa wali ch’axwawiwa utjawayi. Janikiw thakhisirxama sarktanti. Wist’u sarnaqawiru, q’ara sarawinakarukiw sartañ muntanxa ¿janicha?
*Es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.




















































































