El futuro político y económico de Bolivia está en juego. El pasado 17 de agosto, en un proceso electoral transparente con presencia de observadores internacionales, la ciudadanía decidió que los candidatos Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano, y Jorge Quiroga Ramírez, de Alianza Libre, definan en una segunda vuelta quién conducirá los destinos del país en los próximos años. En una coyuntura marcada por la compleja situación económica, más de siete millones de bolivianos acudirán nuevamente a las urnas el domingo 19 de octubre de 2025 para elegir a su nuevo presidente
El próximo mandatario tendrá la responsabilidad de responder a un claro mandato ciudadano: emprender cambios profundos que mejoren la calidad de vida de la población. Entre los principales retos destacan el control de una elevada inflación que golpea a las familias más vulnerables, reducir el déficit fiscal, recuperar reservas de divisas y generar empleo digno, especialmente para los jóvenes que ingresan al mercado laboral. Cumplir estos objetivos exigirá pasar de las promesas de campaña a acciones concretas.
La elección presidencial también abre un capítulo que podría redefinir la proyección exterior del país: el relanzamiento de Boliviamar, un acuerdo bilateral promovido en 1992 por el expresidente Alberto Fujimori y su homólogo boliviano Jaime Paz Zamora. Este pacto otorgó a Bolivia una franja marítima de uso por 99 años renovables, ubicada a 17 kilómetros al sur de Ilo, con el fin de facilitar su acceso al océano Pacífico.
No es un dato menor que Rodrigo Paz Pereira, quien ocupó el primer lugar en la primera vuelta, sea hijo de Paz Zamora, quien gobernó Bolivia entre 1989 y 1993. En su momento, el propio Paz Zamora afirmó que “Alberto Fujimori ha sido el presidente del Perú que más sensibilidad y preocupación tuvo por los intereses de Bolivia, desde el Mariscal Andrés de Santa Cruz en el siglo XIX”.
Bajo ese espíritu integracionista que caracterizó a Fujimori y Paz Zamora, el nuevo presidente de Bolivia tendrá la oportunidad de implementar políticas que fortalezcan la cooperación económica con el Perú, impulsando una relación comercial de beneficio para ambos países.
En ese contexto, la puesta en funcionamiento del megapuerto de Chancay, en la costa central peruana, se presenta como una oportunidad histórica. A 75 kilómetros al norte de Lima y con capacidad para recibir buques de entre 18.000 y 21.000 TEUs, Chancay promete convertirse en un centro logístico de primer nivel que conectará Sudamérica con Asia. Para Bolivia, país mediterráneo, esta infraestructura podría reducir su dependencia de los puertos chilenos, que actualmente concentran alrededor del 75% de su carga hacia mercados internacionales.
El cambio no será automático, pero el potencial es evidente: rutas más cortas hacia Asia, menores costos logísticos y un acceso más diversificado al comercio global. En paralelo, el Perú proyecta que sus exportaciones alcancen este año los US$ 84.495 millones y suban a US$ 89.316 millones en 2026, impulsadas por productos tradicionales y no tradicionales con destino a Estados Unidos, la Unión Europea y, sobre todo, China.
Este crecimiento peruano se traduce en estabilidad macroeconómica: reservas internacionales cercanas a los US$ 87.000 millones y un PBI proyectado al alza en 3,1%. Para Bolivia, asociarse estratégicamente con un vecino en expansión abre posibilidades de cooperación en infraestructura, cadenas de suministro y diversificación de mercados.
Así, la segunda vuelta electoral no solo definirá quién gobernará Bolivia, sino también qué papel jugará el país en un momento clave para la integración regional. El próximo presidente deberá decidir si convierte acuerdos históricos como Boliviamar y oportunidades logísticas como Chancay en verdaderos motores de desarrollo.
La historia ha demostrado que las naciones que miran más allá de sus fronteras y cooperan con visión estratégica logran avances duraderos. Hoy, Bolivia tiene ante sí una oportunidad única para escribir ese capítulo. Lo que ocurra el 19 de octubre será más que una elección: será una decisión sobre el lugar que el país quiere ocupar en el mapa económico de Sudamérica y del mundo.
(*) Miguel Ángel Torres Morales es subsecretario Nacional de Fuerza Popular, de Perú














































































