Más allá de los temas centrales que están guiando las campañas de cara a las elecciones generales del próximo agosto, —como la economía, la justicia y el cuestionamiento a modelos políticos y económicos— del análisis de los programas de gobiernos publicados oficialmente por el Órgano Electoral Plurinacional es posible analizar los posicionamientos ante otros temas importantes, aunque no mediáticos en esta coyuntura, como es el caso de las propuestas sobre educación.
Una primera aproximación cuantitativa nos lleva a afirmar el papel secundario de la educación en las propuestas electorales: el programa que más veces menciona el término educación en su propuesta lo hace 26 veces, otros entre 15 y 14 menciones; el resto de programas apenas mencionan educación hasta 2 veces. Ciertamente el dato cuantitativo no puede ser relevante por si solo, pero sí un indicador, que se confirmará con el análisis cualitativo, de la disparidad de las propuestas en este tema.
Ya entrando al fondo, se constata una dispersión alta en los aspectos educativos que los programas subrayan. Hay programas que se centran en la tecnología y ciencias, otras en bachilleratos diferenciados o en educación y producción o en ajustes curriculares o digitalización de los procesos educativos.
También hay coincidencias en varios programas, tales como la mejora de la infraestructura y el equipamiento educativo, formación docente, currículo y nuevas tecnologías, fomento de habilidades vinculadas a la investigación y evaluaciones estandarizadas de la calidad educativa.
Los temas ausentes pueden ser vistos como señales para valorar la solvencia y pertinencia de los programas. Están ausentes, por ejemplo, referencias al financiamiento educativo, con lo que las propuestas pueden ser entendidas como simples declaraciones toda vez que no concretan las condiciones para su viabilidad; ausentes también están las visiones pedagógicas, es decir el posicionamiento filosófico e ideológico que permita comprender el para qué y el cómo se pretenden aplicar los planteamientos educativos; el tema docente se reduce a aspectos de su formación, dejando sin mencionar el tema de las condiciones laborales y el de la carrera profesional (aspectos altamente sensibles en el sector del magisterio y , a la vez, uno de los elementos medulares de todo sistema educativo); como en gran parte de la historia de la educación boliviana, el foco está puesto en lo que hoy se denomina la educación regular (inicial, primaria y secundaria), haciéndose evidente la falta de una visión sobre la educación superior universitaria, la reforma pendiente.
Estos ejercicios básicos de sistematización de las ofertas son el punto de partida para posteriores análisis específicos respecto a los enfoques desde los que se hacen los planteamientos o a los diagnósticos —o la ausencia de éstos— desde los que se construyen las propuestas; obviamente ello implicaría un tiempo y una extensión que no es el objetivo ni la característica de este espacio de opinión. Por el momento, es posible indicar que los programas de gobierno carecen de una visión integral de la educación y de la articulación de ésta con el resto de sus propuestas; no hay, en consecuencia, políticas educativas sino un listado de acciones llamativas e ingenuas. Queda claro que la educación no ocupa un lugar central en sus visiones del futuro del país entre los candidatos. Al parecer, la educación no será una prioridad en el futuro gobierno, independientemente de quién gane las elecciones, toda vez que en los programas la educación sólo tiene visiones parciales y cortoplacistas.
(*) Luis Fernando Carrión Justiniano, PH.D. es educador e investigador boliviano















































































